El Banco de España avisa sobre la subida del SMI: en 2019 redujo el empleo

El organismo supervisor estima que la subida del SMI de 2019 redujo entre 6 y 11 puntos porcentuales el empleo entre los beneficiarios del SMI

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. BdE

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos. BdE

La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, anunció la semana pasada que una vez que el comité de expertos designado para elaborar la estructura salarial hasta 2023 concluya su dictamen se dará a conocer en estos días si el Gobierno decide acometer este año o no la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), que permanece congelado desde el pasado 1 de enero ante la falta de consenso entre los agentes sociales y en el seno del propio Gobierno.

El anuncio volvió a reabrir el debate sobre la conveniencia o no de elevar el SMI, después de las polémicas abiertas en el año 2019, cuando el Gobierno aprobó un alza del 22,3%, hasta los 900 euros, el repunte del 5,5% en 2020, hasta los 950 euros, y el intento de elevar alrededor de un 4% este año, un alza aparcado ante el rechazo frontal de la CEOE y la postura favorable a su postergación de buena parte del Gobierno, principalmente la vicepresidenta segunda, Nadia Calviño.

El objetivo del Gobierno de Pedro Sánchez es acometer un aumento progresivo del SMI hasta alcanzar el 60% del salario medio español al final de la legislatura, como establece la Carta Social Europea.  Esto podría suponer alrededor de 1.200 euros para el año 2023.

En un informe publicado en febrero de 2019 el Banco de España alertó entonces de que el alza del SMI aprobado ese año podría llegar a destruir 125.000 empleos, si bien posteriormente desde el Gobierno de Pedro Sánchez pidieron a la institución que rectificase por su “error” ante la mejora de los datos de afiliación. El organismo entonces encargó un informe a elaborar una vez se tuviesen en disposición todos los datos de la muestra continua de vidas laborales del año 2019.

El Banco de España no fue el único organismo que realizó pronósticos, tal y como recuerda en su artículo analítico, ya que la AIReF utilizó datos de la muestra continua de vias laborales de 2017 para estimar un impacto esperado para 2019 de unos 24.000 puestos de trabajo afectados o un 0,15% del empleo a tiempo completo total. BBVA Research estimó, con datos anteriores a la subida, que en el bienio 2019-2020 se podrían crear entre 75.000 y 195.000 empleos menos que en ausencia del alza del SMI que tuvo lugar en 2019.

Ahora, coincidiendo con la reanudación del debate y el intento de Díaz de elevar el SMI en 2021, el Banco de España ha publicado un informe sobre ‘Los efectos del SMI en el empleo: nueva evidencia para España’, cuya conclusión no parece contribuir a los argumentos favorables a un nuevo incremento del Salario Mínimo este año al estimar que el alza de 2019 impactó en el empleo, sobre todo en el colectivo de beneficiarios del SMI.

A su juicio, para decidir si se sube o no el SMI se precisa de un estudio “mucho más detallado” que tenga en cuenta otros indicadores, como el impacto en precios y márgenes empresariales, pagos extra-salariales u otros atributos del puesto de trabajo como la formación o la flexibilidad horaria.

El alza de 2019 provocó un menor aumento del empleo

El organismo supervisor sostiene que debido a la subida del SMI en 2019 hubo un menor crecimiento del empleo del colectivo de trabajadores con menores salarios y desarrolla varios ejercicios alternativos centrados en el impacto sobre los grupos de trabajadores a los que va dirigida la reforma del SMI, que sugieren un mayor impacto adverso sobre el empleo de los colectivos de mayor edad y una reducción más acusada de las horas trabajadas y del flujo de creación de empleo para los jóvenes.

De hecho, subraya que la subida del SMI realizada en 2019 destacó por su cuantía (22%, hasta 900 euros con 14 pagas al año, o 1.050 con 12 pagas), la mayor en términos porcentuales llevada a cabo en España desde 1978.

Hay que tener en cuenta que, en diciembre de 2018, un 10% de las relaciones laborales presentaban bases de cotización igual o por debajo de la referencia del SMI-1917. Nótese que este porcentaje supone un notable aumento respecto al 4% de relaciones laborales que estaban afectadas por el SMI del año anterior (en 2018, el SMI era de 735,90 euros al mes con 14 pagas lo que equivale a 858,55 euros al mes con 12 pagas). En todo caso, en diciembre de 2018, el 90% de los trabajadores tenían ingresos laborales superiores al SMI, por lo que no estaban afectados directamente por la subida del mismo.

En general, el Banco de España apunta que la evidencia muestra de forma robusta que un incremento del SMI supone un aumento del coste laboral para los empleadores, si bien la evidencia acerca del efecto sobre el empleo tiende a ser mixta y diferentes estudios que recopilan el resultado de numerosos trabajos muestran una dispersión grande en el impacto de la
subida del SMI, con elasticidades del empleo estimadas positivas, nulas y negativas.

Las mayores incidencias, entendidas como negativas o positivas, del incremento del SMI aprobado para 2019 se encuentran entre los jóvenes, temporales, de estudios bajos, en establecimientos pequeños, aunque a a modo general se puede observar que la incidencia del SMI de 2019 fue heterogéneo por colectivos.

Las diferencias no son grandes entre hombres y mujeres, pero sí por edades. Concretamente, la incidencia se eleva al 22,9% en el caso de los trabajadores más jóvenes, disminuyendo a medida que aumenta la edad, hasta ser más reducida en el caso de los registros laborales de personas mayores de 45 años, entre los cuales, un 7,4% estaban directamente afectados por la subida.

También fue mayor en los trabajadores con contrato temporal (17%) que indefinido (5,3%) y, por tamaño de establecimiento, la incidencia fue mayor en aquellos de hasta 5 trabajadores (33,8%) o de 6 a 10 trabajadores (10,9%, frente a los de más de 100 trabajadores (4,5%). La incidencia de la subida se notó especialmente en el sector de la agricultura (59,2%) y a gran distancia en el servicios de mercados (9,3%) y los servicios de no mercado (6%).

Pérdida de empleo de hasta 180.000 puestos

La estimación del impacto del incremento del SMI en el empleo para el episodio analizado en España sería consistente con una pérdida de empleo neta de los trabajadores directamente afectados de entre 6 y 11 puntos porcentuales, lo que equivaldría en este caso a un impacto en el empleo asalariado total de entre 0,6 y 1,1 puntos porcentuales. Esto supone que el alza del SMI podría haber lastrado la creación de entre 80.000 y 180.000 puestos de trabajo.

Esto supone una elasticidad del empleo de los afectados al incremento del SMI de entre –0,3 y –0,5, lo que implica que, por cada punto porcentual de subida del SMI, se produciría un menor crecimiento del empleo de los trabajadores directamente afectados entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales.

Por otro lado, el análisis individual centrado únicamente en la pérdida de empleo de los trabajadores a tiempo completo durante 30 días al mes estimaría un impacto de la subida del SMI en la pérdida de empleo de entre 2 y 3 puntos porcentualmente. Finalmente, el análisis individual de pérdida de empleo en términos de jornada equivalente (por tanto, incluyendo la reducción de días y horas trabajadas) de los trabajadores de la hostelería que se presenta en ofrece un impacto de 4 puntos porcentuales.

Impacto en los contratos con salarios más bajos

A juicio del Banco de España, la cifra de estimación en el empleo podría estar reflejado en dos canales diferentes. En primer lugar, podría ser que los trabajadores con menor salario perdieran el trabajo con mayor probabilidad a lo habitual tras la subida del SMI. Por otro lado, y aunque no haya cambios en los despidos, la creación de empleo a esos niveles salariales se podría haber visto reducida sin haber sido compensada con nuevos puestos de trabajo a salarios algo superiores.

“La estimación de estos efectos para colectivos particulares a partir de datos individuales indicaría que ambos márgenes habrían podido contribuir a la destrucción neta de contratos observada”, precisó.

Del análisis realizado se desprende que la cifra de las relaciones laborales retribuidas por debajo de los 1.250 euros mensuales experimentó, tras la subida del SMI, una moderación inmediata en el diferencial entre su tasa de crecimiento y la de un colectivo que percibía una remuneración algo mayor con anterioridad a esa fecha. Además, esa caída del diferencial se fue agravando a lo largo de 2019.

El número de contratos con ingresos como máximo de 1.250 euros presentaron un menor crecimiento que los que cobraban salarios entre 1.251 euros y 1.350 euros. Dicho diferencial negativo era relativamente estable, y se situaba en torno a los 5 puntos porcentuales, hasta que en enero de 2019 se fue haciendo más negativo de forma continua a lo largo del año, hasta alcanzar el 15,7 puntos porcentuales a finales del ejercicio.

Este peor comportamiento se ha concentrado en los que se situaban por debajo o cerca del SMI de 2019 (1.050), ya que los contratos entre 1.056 y 1.250 han evolucionado mejor que la banda superior (1.251-1.350). En concreto, tras la subida del SMI en 2019 se observa una caída brusca de los contratos con bases menores o iguales a 1.050 euros hasta situarse alrededor de los 800.000. De forma inversa, los contratos entre 1.051 y 1.250, que permanecían constantes alrededor de 1,6 millones, experimentaron un repunte a partir de enero de 2019 hasta 1,8 millones. Esto puede suponer un cierto trasvase de contratos de nivel salarial inferior hasta esta referencia

Desaceleró empleo temporal, el de mayores y redujo horas trabajadas de jóvenes

Por colectivos de trabajadores, se mostró una desaceleración del empleo en 2019 concentrada en los trabajadores temporales, que disminuyeron un 0,5% a finales de año. En esta línea, apunta que la pérdida de empuje del empleo temporal fue generalizada, pero se produjo con mayor intensidad entre aquellos trabajadores temporales con menor antigüedad en el empleo, con un descenso interanual del 2,2% de aquellos con menos de 6 meses de antigüedad.

Mientras, la evolución positiva de los trabajadores indefinidos escondió comportamientos muy dispares, con crecimientos a finales de 2019 superiores a los de un año antes para aquellos con más antigüedad, pero caídas acusadas entre los recién entrantes.

Por grupos de edad, es decir, analizando la diferente evolución provincial de la afiliación dentro de cada grupo de edad, hay una correlación negativa significativa entre afiliación e incidencia del SMI para los trabajadores más jóvenes y también para aquellos entre 45 y 60 años.

Igualmente, la probabilidad de mantenerse trabajando por cuenta ajena a tiempo completo disminuye entre los afectados por la subida de SMI del 2019 entre 0,96 y 6,01 puntos porcentuales., dependiendo del modelo y grupo de edad considerado. Este efecto es máximo para los trabajadores mayores de 45 años. 

El organismo estima también que los jóvenes que trabajaban a tiempo completo durante 30 días podrían haber sufrido una caída de sus horas trabajadas tras la subida del SMI. En el caso de la EPA, las horas totales pasaron de crecer un 4,1% a finales de 2018 a mostrar un avance del 1,8% en el cuarto trimestre de 2019, mientras que, en el caso de la CNTR, esta desaceleración fue de 1 puntos porcentuales a lo largo del 2019 hasta un crecimiento del 1,4% a finales de año, mostrando en ambos casos desaceleraciones superiores a las observadas en la actividad económica.

Mayor impacto en agricultura y construcción

La institución ha explicado que la información desagregada proporcionada por la Encuesta de Población Activa (EPA) coincide en mostrar una pauta de desaceleración similar por ramas productivas al de afiliaciones a la Seguridad Social, con mayor ajuste del empleo en 2019 en los sectores de la agricultura y la construcción.

En concreto, en la agricultura, la afiliación disminuyó un 4% interanual en enero de 2020 (frente a un crecimiento del 1,3% en diciembre de 2018); en la industria, el empleo se desaceleró del 2% al 0,9% entre los meses de diciembre de 2018 y 2019; en la construcción, del 6,5% al 2,3%; y, en los servicios de mercado, del 2,8% al 1,8%. 

Ganancia de poder adquisitivo del 38% desde 1983

De igual forma, el artículo muestra que entre 2017 y 2020, el crecimiento medio anual del SMI fue del 10% en términos nominales, lo que ha supuesto una ganancia de poder adquisitivo acumulada con respecto a 1983 del 38%, similar a la de otra variable nominal aprobada por el Gobierno como son las pensiones mínimas (40%) y claramente superior a la de los salarios pactados en convenio colectivos (4%).

En España, se estima que el SMI de 2021 se situaría en el 66% de la mediana de los ingresos anuales de 2018. Sin embargo, si se utilizaran otros valores como medida de ingreso (denominador de esta ratio), como el ingreso mediano de los trabajadores con
contrato a tiempo completo, el ingreso medio de todos los trabajadores o el ingreso medio de los trabajadores con contrato a tiempo completo, la ratio sería menor, del 57%, 55% y 47%, respectivamente, lo que se explica por la elevada incidencia de los contratos a tiempo parcial y por la asimetría de la distribución salarial.

Además, el organismo supervisor afirma que diferentes medidas homogéneas sugieren que el ratio entre SMI y salario medio en España se sitúa en el rango intermedio de los diferentes países de la UE.

Ponderar “todos los resultados” y un “estudio detallado”

De cualquier forma, el organismo señala que es “evidente” que las decisiones de subida del SMI deben reposar en un estudio detallado de muchas otras consideraciones“, y “dada la compleja naturaleza poliédrica”, la decisión de subir, o no, el SMI no puede circunscribirse al impacto de este instrumento en un solo factor

Para el Banco de España, a la hora de tomar una decisión de subida del SMI, se debería ponderar adecuadamente los resultados potencialmente positivos y negativos en las diferentes dimensiones y las consecuencias favorables y desfavorables para los diferentes colectivos. Debería analizarse factores como el impacto en precios y márgenes empresariales, pagos extra-salariales u otros atributos del puesto de trabajo como la formación o la flexibilidad horaria.

Por ejemplo, añade que en el caso de haber agentes beneficios y perjudicados por una medida de este tipo (la subida, o no, del SMI), “sería conveniente analizar la importancia de los cambios en la renta de los diferentes colectivos, así como el impacto de estos cambios en variables agregadas relevantes, como el consumo, la inversión y el ahorro“. Asimismo, apunta que podrían existir argumentos de mejora en la equidad que podrían compensar el incremento de desempleo involuntario que podría derivarse del aumento del SMI.