Más paro y más impuestos

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Aunque agarrados con fuerza a las débiles señales de optimismo que se emiten desde algunas economías y centros de poder, la idea que se extiende mayoritariamente es que la rentrée será dura, muy dura. Y puestos a señalar las palabras clave de esa situación, no hay que darle muchas vueltas: hemos de prepararnos para un fuerte aumento del paro y una subida de impuestos que rompa la tendencia iniciada a mediados de los 90.

El propio Celestino Corbacho, ministro de Trabajo e inmigración, lo ha admitido este jueves al reconocer que el cuadro macroeconómico que maneja el gobierno contempla un aumento del paro y que en los próximos meses la tendencia a la baja que se había visto últimamente “se verá amortiguada”. El INE ha anunciado que el empleo en España se redujo en tasa interanual el 7,1% en el segundo trimestre y que se perdieron 1.369.000 puestos de trabajo en un año.

Los sindicatos se sitúan también en la banda pesimista, convencidos de que octubre arrojará una cifra muy negativa sobre el empleo, cuando muchos EREs temporales pasen a definitivos, a expedientes de extinción. El 20% de paro es una cifra nada exagerada para Camil Ros, secretario de Política Sindical de UGT en Catalunya, mientras que Simón Rosado, secretario de Acción Sindical y Política Sectorial de CCOO, augura que el final de los planes de apoyo al empleo y a la compra de coches más el final de la temporada turística aumentarán inevitablemente las cifras de desempleo.

En cuanto a la subida de impuestos, hay ya algo más que declaraciones aisladas de algún dirigente socialista. El presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), el alcalde socialista de Getafe, Pedro Castro, ha pedido al Ejecutivo y a las comunidades autónomas que lleven a cabo una reforma impositiva para igualar la presión fiscal española, con una media del 31%, con la de la Unión Europea, en torno al 50%.

En paralelo se ha manifestado Ramón Jáuregui, eurodiputado socialista, que se ha mostrado partidario de “una revisión de la política fiscal”, aumentando el IVA de los artículos de lujo, el tabaco y el alcohol, así como que se creen figuras impositivas nuevas, como un impuesto sobre las emisiones de CO2.

En esta línea parece moverse la ministra responsable de Economía, Elena Salgado, que aunque ha evitado reconocer que el gobierno piense en subir impuestos sí ha aceptado implícitamente que los presupuestos del 2010 y la nueva ley de Economía Sostenible podrían contener medidas de una nueva fiscalidad.

Y una nueva fiscalidad, con cálculos que apuntan a un déficit público que podría rondar el 10% del PIB – a finales del 2008 estaba en el 3,8%-, sólo puede significar una fiscalidad más alta. El gobierno necesita recaudar más porque el margen de gasto está casi a cero y la salida a la crisis económica no está a la vista, por más que se quiera insinuar.

La subida de impuestos no será, en cualquier caso, una excepción española: Estados Unidos, el Reino Unido o Irlanda, países asimismo con un grave problema de déficit público, ya lo han hecho.

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