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De ruta por los pueblos más bonitos de los Pirineos
De Ujué, en Navarra, a Beget, en Girona, pasando por Sos del Rey Católico, Alquézar o Arties, visitamos los pueblos más hermosos de los Pirineos
De Navarra a Girona por los pueblos más bonitos del Pirineo. Foto: Los Pueblos Más Bonitos de España.
Cuando la nieve se marcha y la montaña da la bienvenida a la primavera, los Pirineos experimentan toda una explosión de vida y color. Prados que declinan el verde hasta el infinito, narcisos, lirios y rododendros, arroyos y cascadas cobran vida para dibujar increíbles paisajes.
Este despertar de la naturaleza se combina con la siempre agradable calma, la buena gastronomía y la tradición de los pueblos de montaña, que ofrecen maravillosos refugios para la desconexión.
Siguiendo la cadena montañosa de los Pirineos desde Navarra hasta Girona trazamos una ruta de paradas en un total de 12 municipios con un común denominador: todos pertenecen a la red de Pueblos Más Bonitos de España.
Villas medievales, fortalezas, iglesias románicas se suceden en esta ruta entre Ujué-Uxue y Beget con la que cruzamos los Pirineos a lo largo de 800 km.

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Ujué-Uxue
Ubicado en la Zona Media de Navarra, una tierra de reyes, guerreros y abades, de fortalezas, castillos y palacios, pero también viñedos y vino, encontramos la primera parada en la villa medieval de Ujué-Uxue.
Incluida en el catálogo de los Pueblos más Bonitos de España, la localidad fue el primer bastión defensivo del Reino de Pamplona y aún conserva el porte de atalaya, representado especialmente en la iglesia-fortaleza de Santa María de Ujué.

En lo alto del pueblo, vigilando sus estrechas y laberínticas calles, el templo es una mezcla de estilos románico y gótico donde admirar capiteles, sillerías de nogal y frescos, como el de la imagen de la Virgen de Ujue y el corazón de un rey, Carlos II de Evreaux.
Para reponer fuerzas, nada como las típicas migas de pastor, hechas en horno de leña, las almendras garrapiñadas, el pan artesano, las tortas de chistorra, las pastas y rosquillas, siempre con un buen vino de la zona.
Sos del Rey Católico
A menos de 50 km, aunque ya en la comunidad autónoma de Aragón, en la comarca de las Cinco Villas (Zaragoza) paramos ahora en Sos del Rey Católico, otra hermosa villa medieval en este caso unida a la figura del rey Fernando el Católico, que nació aquí el 10 de marzo de 1452, concretamente en el Palacio de Sada. En su honor se siguen celebrando cada año las Jornadas Fernandianas con todo tipo de recreaciones históricas, animación callejera, conciertos y conferencias, así como un mercado medieval y tapas de inspiración también medieval en sus bares.

Todo el pueblo, de hecho, mantiene intacto un ambiente del Medievo, con calles empedradas y un trazado urbano que parece haberse congelado en el tiempo.
Entre sus atractivos, los 7 portales de la muralla que han sobrevivido al paso del tiempo, el Palacio de los ‘Español del Niño’, el Soportal del Mercado, la Casa de la Villa, un majestuoso palacio renacentista de finales del siglo XVI y hoy sede del ayuntamiento, la iglesia de San Esteban, con su espectacular cripta y frescos románicos, la lonja medieval y el barrio judío.
Los más cinéfilos disfrutarán recreando las escenas que se rodaron en Sos del Rey Católico de la película La Vaquilla, de Luis García Berlanga, y que dan pie a toda una ruta turística.

A la mesa, son imprescindibles platos como el ternasco de Aragón, las carnes de caza, las morcillas, las longanizas y los perniles y platos tan suculentos como las migas al pastor, el conejo y el pollo escabechado, y los jarretes de cerdo guisados.
Roncal-Erronkari
Un trayecto de 72,4 km nos lleva al siguiente pueblo de la ruta, de nuevo en Navarra. Hablamos de Roncal-Erronkari, en el Valle de Roncal, un pueblo que también puede presumir de un vecino ilustre, en este caso el tenor Julián Gayarre, una referencia en la ópera no solo en España sino a nivel internacional. Sus huellas se pueden rastrear en su casa-museo así como en el impresionante mausoleo de bronce y mármol de Carrara, obra del escultor Mariano Benlliure, que fue premiado con la Medalla de Honor de Escultura en la Exposición Universal de París de 1900.

De casas de piedra con tejados de pizarra que parecen haberse confabulado contra el paso del tiempo, Roncal es además una parada obligatoria para cheeselovers gracias a su famoso queso. Elaborado con leche de oveja siguiendo el método tradicional, el Roncal es tan bueno que tiene su propia fiesta en junio: el Día del Queso.
Senderismo por los innumerables caminos de montaña (recomendamos la ruta del Camino Real GR 321 que une las localidades del valle) y vistas de increíbles cielos estrellados (todo el valle es destino con certificación Starlight) redondean la visita a este hermoso pueblo.
Ansó
Avanzamos hacia el este por los Pirineos hasta llegar a Ansó, una joyita entre montañas que conserva con orgullo su patrimonio y sus raíces.

En la comarca de la Jacetania, destaca la conservación de su casco urbano, considerado Conjunto Histórico-Artístico, en el que piedra, madera, forja y teja dan forma a la arquitectura tradicional, ajena al correr de los siglos, como muestran las ‘arteas’ (pasadizos entre las casas) o los ‘espantabrujas’ (las formas que rematan las chimeneas).
Entre sus mayores orgullos está la conservación de uno de los trajes tradicionales más ricos de España, con prendas que se remontan a la Edad Media y al Renacimiento: el traje ansotano, al que se dedica, incluso, una festividad que se celebra el último domingo de agosto. Si no coincide con tu visita, siempre puedes acercarte al Museo del Traje Típico Ansotano donde conocer todos los detalles.

A la mesa esperan platos como las migas de pastor, los guisos de cordero, la caza y las setas, cualquiera de ellos una buena razón para parar en esta hermosa localidad.
Aínsa
Ya en la comarca del Sobrarbe (Huesca), estratégicamente situada en la confluencia de los ríos Cinca y Ara, la bellísima Aínsa domina el entorno desde una atalaya a 589 metros de altura. Una posición desde la que vigila una de las encrucijadas más importantes de esta zona pirenaica, entre el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, el Parque Natural de los Cañones y la Sierra de Guara y el Parque Natural Posets-Maladeta.

Más de un milenio de historia reposa en sus calles empedradas, en sus antiguas casonas y en los lienzos de sus murallas, pero también en leyendas y tradiciones, como la de la Cruz de Sobrarbe, que habría guiado a los cristianos en el año 724 en una batalla frente a las tropas musulmanas.
Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1965, el casco histórico de Aínsa es uno de los que mejor conserva su esencia medieval de toda Aragón, como en la Plaza Mayor con porches laterales, donde se celebraban las ferias (y cada mes de febrero se instala la Ferieta de Aínsa).
Su castillo es otra de las paradas imprescindibles, una fortaleza construida sobre restos árabes -si bien su aspecto actual es posterior a la Edad Media-, así como la iglesia de Santa María, de finales del siglo XI y mitad del XII, un claro ejemplo de la sobriedad románica del Alto Aragón.

Alquézar
En la Sierra de Guara, asentado sobre una colina a 660 metros que le permite dominar un impactante cañón modelado por el río Vero, Alquézar es, por derecho propio, otro de los Pueblos Más Bonitos de España.

En la comarca del Somontano, a 48 km de Huesca, un casco histórico perfectamente restaurado hace delicioso cualquier paseo por sus callecitas que conducen al castillo y la majestuosa Colegiata de Santa María construida sobre la antigua fortaleza árabe del siglo IX y que está en el origen del nombre del pueblo (al-qasr).
También la parroquia de San Miguel y la Plaza Vieja porticada, a la que hay que acceder por el portalón gótico, puerta de entrada a la antigua villa.
Dos miradores, el de la Sonrisa del Viento y el ubicado cerca de la plaza de Rafael Ayerbe muestran los paisajes más impresionantes del valle y el cañón del río Vero, incluida la espectacular ruta de pasarelas que permite recorrerlo.

Roda de Isábena
En el valle de Isábena, en la comarca oscense de la Ribagorza, elevado sobre un promontorio encontramos un pequeño enclave que guarda más de una sorpresa. Por ejemplo, que a pesar de tener una población que apenas llega hoy al medio centenar de vecinos, cuenta con una catedral, la románica San Vicente, que presume de ser la más antigua de Aragón y la más pequeña de España, pues fue sede episcopal durante casi 200 años.


Roda de Isábena es uno de los núcleos originarios en la formación del Reino de Aragón donde, en el siglo X, se levantaba una atalaya de vigilancia que creció en importancia al instalarse la sede del obispo de Roda, lo que la convirtió en capital política del condado de Ribagorza.
Más allá de la catedral, un paseo por las portadas, pasadizos y murallas de la localidad son suficientes para hacer volar la imaginación a su época de mayor esplendor.
Durro
Pasamos a la provincia de Lleida, ya en Cataluña, para descubrir uno de los tesoros arquitectónicos y culturales más impresionantes de España: la Vall de Boí que alberga, entre impresionantes picos nevados, un conjunto de nueve iglesias románicas declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Aquí encontramos Durro, que cuenta con el título de pueblo con mayor número de monumentos Patrimonio de la Humanidad por habitante en toda España, con dos referencias en un municipio de apenas 80 habitantes: la iglesia de la Nativitat, con su icónica torre y su tejado de pizarra, y la ermita de Sant Quirc, a unos 1.500 m de altitud y desde donde se obtienen maravillosas panorámicas del valle.
Muy cerca se pueden visitar, además, otras iglesias románicas como San Clemente de Taüll o San Juan de Boí. Además, a mediados de julio se celebran las fiestas del solsticio de verano conocidas como las Fallas de los Pirineos y declaradas también Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
Arties
Cambiamos de valle para conocer Arties, otro de los pueblos más bonitos de los Pirineos, en este caso en la Vall d’Aran, un destinazo invernal gracias con la estación de esquí de Baqueira-Beret como referencia, pero con belleza y encanto de sobra durante todo el año.

Arties es un pueblo de postal en el que sobresalen sus cuidadísimas casas renacentistas como la de Ço de Paulet y la iglesia parroquial de Santa María de Arties, una construcción románica levantada entre los siglos XI y XII con dos campanarios. No dejes de entrar para admirar las pinturas al fresco en su interior.
La iglesia de Sant Joan, de estilo gótico y actualmente empleada como sede de exposiciones temporales, los restos del castillo de Arties o Entrasaigües son otras de las visitas recomendadas. Si se camina unos 10 minutos del pueblo se llega a unas piscinas termales ubicadas junto a unos baños de aguas sulfurosas creado en 1817.
La localidad cuenta además con una buena oferta de restaurantes, así como un alojamiento singular, el Parador de Arties, una joya de la arquitectura aranesa de los siglos XIV y XV, conocido como Casa de Don Gaspar de Portolá, descubridor de California. Sus techos abuhardillados, sus estancias cálidas y sus vigas de madera, junto a las panorámicas sobre el pueblo y las cumbres de las montañas, completan una estancia de diez.

Garós
A solo 3 km de Arties tenemos la siguiente parada de la ruta: Garós, que encontramos en la zona del Alto Arán, en la vertiente derecha del río Garona. Ni siquiera las nuevas construcciones, realizadas recreando la arquitectura popular aranesa, desentonan en este pueblecito que respira tranquilidad.
Lo mejor es pasear sin prisas por la Plaza Mayor, uno de sus rincones con más encanto, y visitar la iglesia gótica de San Julián, que destaca por su robusta torre.

A la mesa esperan platos sabrosos como el civet de jabalí o la trucha a la aranesa y, para bajar la comida, un paseo por el Camin Reiau, una ruta circular que comunica los 33 pueblos de la Vall d’Aran, a través de la recuperación de los caminos tradicionales, cuyo origen se remonta a la calzada romana que cruzaba el valle.
Bagergue
También en el Naut (Alto) Aran, a 1.490 metros sobre el nivel del mar, Bagergue es el pueblo habitado más alto de toda la Vall d’Aran. Su interesante centro histórico, con sus casitas de piedra con tejados de pizarra y balcones de madera, está catalogado en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña, donde sobresale el museo Eth Corrau, con más de 2.500 piezas que recorren la vida rústica aranesa, que se desarrolló en semiaislamiento durante siglos.

Incluido en el club de los Pueblos más bonitos de España, también hay que ver puntos como Casa Menginat, Casa es de Pansart, la iglesia de Sant Fèlix del siglo XII, la Quesería más alta del Pirineo y la ermita Santa Margarida de Bagergue, a un kilómetro de distancia al norte de Bagergue.
A 1490 metros de altitud, Bagergue es el pueblo habitado más alto de la Vall d’Aran
También aquí se puede disfrutar de una contundente cocina pirenaica, con quesos artesanos, sopas, carnes a la brasa y postres caseros preparados con los productos locales.
Beget
Terminamos la ruta en Beget, en la comarca del Ripollés, en Girona, un pueblo que cuenta con apenas 20 habitantes, lo que no resta un ápice de su encanto.

Dos puentes medievales cruzan el río Llierca a la altura de esta pequeña villa de calles empedradas que ascienden por la ladera de la sierra. Nos saludan casas de piedra con balcones de madera y tejados a dos aguas así como la iglesia de San Cristòfol, el ejemplo de arquitectura románica más importante de la zona, con la característica torre campanario y su famosa talla de Cristo en Majestad, de dos metros de altura.
A las afueras de la localidad se puede visitar también la ermita de los Remedios y, en verano, las pozas del arroyo de Salarsa, ideales para un baño refrescante.
En el apartado gastro, hay que probar la butifarra (en cualquier receta y presentación), el típico pan payés con tomate o queso de oveja, y la cocina tradicional de montaña preparada con las hortalizas y productos autóctonos, como la patata, la carne de ternera y el cordero.