Muy a su pesar, el diario Ara se convirtió en noticia hace unos días. Autocares en Barcelona con motivo de la Diada de este año. EFE/Susanna Sáez

El diario Ara como síntoma de una clase media exhausta

Economía Digital

Muy a su pesar, el diario Ara se convirtió en noticia hace unos días. Autocares en Barcelona con motivo de la Diada de este año. EFE/Susanna Sáez

Barcelona, 13 de septiembre de 2017 (09:00 CET)

El diario Ara nació de la unión de apellidos ilustres del empresariado más nacionalista –los Carulla, de Agrolimen; Ferran Rodés, de Havas, hijo del prohombre Leopoldo Rodés; Oriol Soler, de Cultura 03; Victor Font, de la consultora Delta Partners…- y un grupo de jóvenes cachorros nacidos al calor de los medios públicos, o casi, como Antoni Bassas, Toni Soler, Albert Om, Xavier Bosch o el tristemente fallecido Carles Capdevila.

Subvencionado hasta las cejas desde su nacimiento, el diario pretendía rejuvenecer la oferta periodística nacionalista, luego ya soberanista sin complejos, y tomar el relevo de La Vanguardia ante unas clases medias que, así se pensaba, estaban abrazando sin más recelos el ideario rupturista.  

Lejos de sus objetivos iniciales de difusión en kioskos y estabilizados en su audiencia en Internet, el Ara se ha visto amenazado en los últimos tiempos por unos productos más radicalizados, igualmente subvencionados, pero más firmes si cabe en la defensa de los postulados independentistas, como El Nacional o Nació Digital. Todo siempre muy “nacional”.

Muy a su pesar, el diario Ara se convirtió en noticia a finales de la semana pasada. A raíz de la taxativa orden de la fiscalía de no emitir aquellos anuncios que promocionaran el referéndum ilegal del 1-O, la dirección del medio emitió un comunicado en que venía a decir que, ante el peligro que entrañaba desobedecer, habían optado por no publicar dichos anuncios y salvaguardar así la continuidad del proyecto editorial.

Muy a su pesar, el diario Ara se convirtió en noticia a finales de la semana pasada

Para tener toda la información habría que añadir que Ferran Rodés es vicepresidente de Havas Mediaplanning, la multinacional que distribuye publicidad en los medios; consejero de Acciona y, claro, presidente del Consejo Editorial del propio Ara. Havas, como el resto de grandes agencias se han negado a participar en la difusión de esa publicidad.

La actitud del diario provocó un incendio en las redes sociales y los propios trabajadores se reunieron en asamblea para exigir a la propiedad que se comprometiera con el referéndum aunque finalmente aceptaron los planteamientos empresariales. Pero probablemente el Ara ha quedado ya señalado. Su accionariado está profundamente dividido.

Más allá de la sensatez que encierra la postura de Rodés y su equipo, la decisión debe verse como una retirada in extremis de un procés que camina desbocado hacia un enfrentamiento directo con el Estado. Rodés, como una buena parte de las clases medias que abrazaron los postulados nacionalistas en los últimos años, estaban convencidos que en el fondo el desafío al gobierno español no era más que una nueva estrategia, más radical que el pujolismo, pero apenas una manera de conseguir unos objetivos, más a la mano en un momento de debilidad económica y política de la administración española.

La decisión del Ara debe verse como una retirada in extremis del procés

Esos grupos sociales han empezado a tener miedo, están comprendiendo que el publicitado proceso no tiene un plan B y camina ya bajo una dirección confusa hacia un conflicto de incalculables consecuencias por ahora. Ese no es el escenario que ellos habían imaginado. NO con la escenografía que ellos habían imaginado y deseado.

Esas clases medias se han quedado además sin claro representante político: desaparecida Unió, en peligro de extinción la ex Convergència, marginal el PP y limitados los socialistas catalanes… ¿quién va a interpretar y encarnar sus intereses? ¿lo va a hacer la insondable y voluble ERC y, en ese caso, lo harían sólos o seguirían atados a los anticapitalistas de la CUP o a la incógnita de Ada Colau?

Rodés no está solo en sus miedos. El empresario es un ejemplo de otros muchos. El problema es saber cuándo saltas del coche, porque seguramente ya no hay marcha atrás. Pero de su actitud depende en buena medida la aparición de nuevos actores sociales que más allá de sus postulados sentimentales o políticos entiendan que el único marco posible para lograrlos está en las instituciones que en cada momento nos rijan. 

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