Amazon, Google y Meta: Arcano estima un boom de 800.000 millones en centros de datos para 2027
La gestora española de activos alternativos advierte de que la inteligencia artificial está disparando la demanda de infraestructura digital hasta niveles sin precedentes
Montaje realizado por Economía Digital.
La revolución de la inteligencia artificial no se libra en laboratorios ni en despachos de Silicon Valley. Se libra en el subsuelo, en los cables de fibra óptica, en los generadores eléctricos y en los centros de datos que albergan los servidores de Amazon, Google y Meta. Y esa batalla tiene un precio: Arcano Partners estima que se movilizarán cerca de 800.000 millones de euros hasta el año 2027, según su Investment Outlook: Infraestructuras Privadas en 2026.
«Las infraestructuras digitales se han convertido en uno de los principales pilares de la economía moderna», afirma Pierre Sáenz Lafourcade, socio y responsable del área de Infraestructuras de Arcano Partners, la gestora española de activos alternativos.
«Los centros de datos, las redes de fibra óptica y las torres de telecomunicaciones constituyen la base física de la IA, la computación en la nube y la digitalización empresarial. Sin esa base, nada funciona.»
El diagnóstico de Arcano resulta llamativo: el problema ya no es que falte demanda ni que falte capital. El dinero está. Lo que escasea es la capacidad de ejecutar.

Sáenz Lafourcade lo explica con claridad: «El principal cuello de botella ya no es la demanda, sino la capacidad de desplegar infraestructura a tiempo. Hablamos de acceso a energía, suelo, permisos, equipos y conectividad.» Dicho de otro modo, las grandes tecnológicas están dispuestas a gastar, pero los sistemas eléctricos, los plazos administrativos y la disponibilidad de terrenos frenan el ritmo de construcción.
Las cifras que maneja la gestora son reveladoras. El tráfico anual de datos global pasará de 181 zettabytes en 2025 a entre 1.000 y 2.000 zettabytes en 2035, un incremento de más del 450%.
La capacidad global contratada de procesamiento se multiplicará por cuatro en el mismo periodo, impulsada por el entrenamiento de modelos de IA, la inferencia en tiempo real, los servicios en la nube y las necesidades empresariales. Y la demanda de electricidad de los centros de datos solo en Estados Unidos pasará de 25 gigavatios en 2025 a 115 gigavatios en 2035, un aumento del 358%.
Esa sed eléctrica es, para Sáenz Lafourcade, una de las grandes oportunidades de inversión de la década. «La revolución digital es intensiva en infraestructuras y en consumo energético», señala. «El crecimiento exponencial del consumo de datos está impulsando una demanda transversal a lo largo de toda la cadena de valor: desde redes de fibra y telecomunicaciones hasta centros de datos, redes eléctricas y generación renovable.»
No es un fenómeno aislado. El informe de Arcano conecta esta explosión digital con el nuevo mapa geopolítico mundial. La inseguridad energética derivada del conflicto en Oriente Medio, la interrupción del estrecho de Ormuz y los daños en instalaciones de licuefacción de gas en Qatar han acelerado la búsqueda de autonomía energética en Europa y Norteamérica.
Los gobiernos ya no invierten en renovables solo por razones climáticas: lo hacen porque depender del gas importado se ha convertido en un riesgo estratégico. Y los centros de datos, que necesitan suministro eléctrico garantizado las 24 horas, están acelerando esa transición.
Uno de los argumentos centrales del informe de Arcano es que los gobiernos, sencillamente, no tienen capacidad para financiar solos este ciclo inversor.
El aumento del gasto en defensa —que en Europa se ha disparado como consecuencia de la guerra en Ucrania y la inestabilidad en Oriente Medio— está comprimiendo los márgenes fiscales disponibles para otras partidas.
«El incremento del gasto de defensa provoca que haya menos dinero para otros sectores. Lo vemos clarísimamente con la infraestructura: hay menos dinero público destinado a ella porque se lo lleva la defensa», explica Sáenz Lafourcade.
Ese vacío lo está llenando el capital privado. Según datos de McKinsey y Preqin recogidos en el informe, la captación de fondos de infraestructuras alcanzó un nuevo máximo histórico en 2025, rozando los 200.000 millones de dólares, por encima del récord anterior de 180.000 millones registrado en 2022.
Y los activos bajo gestión en este segmento podrían duplicarse desde los 1,5 billones de dólares actuales hasta los 3 billones en 2030, con Europa como uno de los principales motores de ese crecimiento.

Arcano no lanza, sin embargo, un mensaje de euforia indiscriminada. Sáenz Lafourcade insiste en que no cualquier exposición a la tendencia garantiza buenos retornos. «La disponibilidad de energía, la capacidad de desarrollo de proyectos, la concentración de clientes o la racionalidad en las valoraciones se han convertido en elementos clave para capturar valor«, advierte.
«La exposición a grandes tendencias no es suficiente; la calidad del contrato, la fortaleza de la contraparte, la exposición regulatoria y la capacidad de ejecución marcarán la diferencia en los retornos.»
En ese sentido, la gestora ve especialmente atractivos los activos que combinan contratos de compraventa de energía a largo plazo —los conocidos como PPAs—, flujos de caja predecibles y acceso asegurado a la red.
Los activos de generación existentes también pueden revalorizarse en este entorno, dado que los crecientes costes de construcción y las restricciones regulatorias limitan la nueva oferta y hacen más escasos y valiosos los activos ya operativos.
Amazon, Google y Meta redibujan el mapa
La conclusión del informe de Arcano es que las infraestructuras privadas han dejado de ser una inversión alternativa de nicho para convertirse en un componente estratégico de cualquier cartera institucional seria.
En los últimos diez años, los activos bajo gestión en este segmento se han triplicado. En los próximos cinco, según las proyecciones de la gestora, seguirán creciendo a un ritmo del 13% anual compuesto.
«Las infraestructuras privadas en 2026 no deben entenderse como una simple exposición pasiva a tendencias de largo plazo», concluye Sáenz Lafourcade, «sino como una inversión directa en los sistemas que las economías necesitan construir, adaptar y reforzar.» Amazon, Google y Meta están dibujando el mapa. El capital privado pone los ladrillos.
