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Los nuevos caseros son las pequeñas y medianas inmobiliarias, así como las family office, que se han hecho un hueco entre las grandes del sector

Josep Maria Casas

Economía Digital

Los nuevos caseros de Barcelona son las pequeñas y medianas inmobiliarias, así como las family office. En la imagen, la torre Agbar. EFE/Alberto Estévez

Barcelona, 12 de abril de 2017 (05:00 CET)

Todos los que pueden comprar ladrillo han venido a Barcelona. Así lo constata José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, al recordar que la ciudad atrae a todo tipo de inversores: grandes fondos de capital riesgo, servicers –las inmobiliarias vinculadas a bancos-, socimis y, últimamente, también a las family office.

Con la crisis del ladrillo, llegaron fondos de capital riesgo como Oaktree, Lone Star, Apollo o Cerberus. Ya se están deshaciendo de sus activos una vez que han conseguido la rentabilidad esperada. En el sector se apunta que los grandes animadores del mercado barcelonés en estos momentos son los grupos inmobiliarios como Merlín, Anticipa, Servihabitat, Solvia o la histórica Colonial.

Merlín, liderada por Ismael Clemente, cerró en octubre pasado la compra de Metrovacesa y este enero dio la campanada al comprar la Torre Agbar por 142 millones de euros. Anticipa Real Estate, dirigida por Eduard Mendiluce, se ha convertido en el agente más dinámico en el mercado del alquiler. Servihabitat, creada a partir de la cartera inmobiliaria de Caixabank –el mayor casero catalán, con más de 30.000 viviendas-, también está apostando por el alquiler. Solvia, controlada por Banc Salbadell, ha conseguido colocar sus excedentes y Colonial, que preside Juan José Brugera, ha saneado sus cuentas.

Incluso los jubilados vuelven a confiar en el ladrillo

El catedrático García Montalvo señala que no sólo invierten los grandes grupos, sino también las family office y los pequeños inversores. Subraya que incluso hay jubilados que han vuelto a confiar sus ahorros en el ladrillo, concretamente en la compra de vivienda para alquiler, por la poca rentabilidad de los depósitos bancarios.

Alberto Sarrias, directivo de Engel & Völkers, confirma que después de los fondos de capital riego y las grandes socimis, han llegado las pequeñas y también las family office. El negocio está en el alquiler. Sarrias apunta que el mercado del alquiler se ha reactivado más en Barcelona que en Madrid precisamente porque han captado más inversores extranjeros gracias al turismo.

Isak Andic y Amancio Ortega les abrieron los ojos

Los últimos que se han apuntado a la compra de edificios han sido las empresas familiares. Los analistas apuntan que Amancio Ortega e Isak Andic, protagonistas de las principales compras de locales comerciales, les abrieron los ojos, aunque han tardado mucho en reaccionar. En los últimos meses, el family office Caboel, controlado por las familias Carbó, Botet y Elías, antiguos propietarios de Caprabo, han comprado edificios de oficinas entre los que destaca un bloque en Gran vía y otro en el paseo de Gracia. Fuentes próximas a la firma indican que tienen más operaciones en cartera en el centro de Barcelona.

Inmobiliario: Isak Andic y Amancio Ortega animan a los grupos familiares catalanes a ir de compras

La familia valenciana De Andrés Puyol ha entrado de lleno en la compra de edificios y  locales comerciales en las principales arterias de Madrid y Barcelona. En esta última, son los caseros de Louis Vuitton, Desigual y también lo fueron de la tienda insignia de Apple, antes de que la vendieran a Pontegadea, propiedad de Amancio Ortega. A finales del año pasado compraron la mitad del edificio de la familia Cottet en Portal de l’Àngel. Su intención es seguir con las compras de superficies comerciales para destinarlas a alquiler.

Los Suqué y los Grífols se apuntan al negocio

La familia Suqué, a través del grupo Perelada, también compró a finales de año un edificio en el Paseo de Gracia –en los bajos se encuentra la tienda de Versace- por 50 millones de euros. La familia Grífols, junto a otros inversores, han adquirido la planta baja del edificio Wintertur de la plaza Francesc Macià por unos 40 millones.

Gonzalo Bernardos, especialista del sector inmobiliario, aporta la visión crítica. En su opinión, Barcelona está “perdiendo interés” por parte de los inversores internacionales porqué “los precios ya no son lo que eran”. Se han disparado. Constata que inversores españoles, entre los que están las family office locales, están supliendo ahora a los extranjeros.

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