Las patronales de Alcoa, Ence, Megasa, Celsa, Finsa, Xeal o Resonac auguran parones en fábricas por el coste energético

La industria electrointensiva pide elevar las compensaciones y rebajar el impacto de los servicios de ajuste ante la perspectiva de que los precios se dupliquen hasta final de año; las papeleras temen deslocalizaciones y las siderúrgicas calculan un sobrecoste de 658 millones frente a 2025

Fábrica de Megasa en Narón

Fábrica de Megasa en Narón

Un grupo de patronales que representan a la mayor parte de la gran industria asentada en España han encendido las alarmas por los costes energéticos, pues advierten que el encarecimiento previsto hasta final de año provocará una pérdida de competitividad que traerá de la mano caídas de producción y parones en las fábricas. Estas organizaciones empresariales hicieron partícipes de sus preocupaciones a los ministros de Economía e Industria, Carlos Crespo y Jordi Hereu, en un encuentro mantenido el lunes. Este martes han ido detallando los motivos de su desvelo. Por ejemplo, la industria siderúrgica calcula un coste de 658 millones más que el año pasado en la factura de la luz, de los que 452 millones corresponderán al periodo comprendido entre septiembre y diciembre; las papeleras advierten que el precio del gas se ha duplicado en comparación con los últimos ejercicios, azuzado por la guerra de Estados Unidos e Israel en Irán; y las electrointensivas alertan de que la expectativa para los costes eléctricos es un incremento del 100% hasta final de 2026.

Quienes esgrimen estas cifras son la Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid), la Asociación con Empresas de Gran Consumo de Energía (Aege) y la organización de la pasta, el papel y el cartón Aspapel; pero en la reunión estuvieron otras patronales, como la de las cementeras, Oficemen; dos del sector de la automoción, Anfac y Sernauto; o la de los consumidores de gas e hidrógeno, Gas Industrial, entre otras. Las tres primeras tienen como asociados a los grupos que conforman el grueso de la industria gallega. En Unesid están Megasa, con planta en Narón, y Celsa, con instalaciones en A Laracha; forman parte de Aege las dos anteriores y también Ferroglobe, Resonac, Alcoa, Xeal y Finsa; y en Aspapel está Ence.

La pertenencia a las organizaciones empresariales no supone que sus fábricas en Galicia vayan a parar o recortar producción, pues cada una atraviesa sus particulares circunstancias. La planta de Pontevedra de Ence, por ejemplo, está en parada técnica hasta el 25 de septiembre, mientras que Alcoa incrementará su producción este año en San Cibrao por la reactivación de la electrolisis. Sí que implica que desarrollan su actividad en un contexto adverso y que en el pasado provocó paradas de Megasa o de Ferroglobe.

Las electrointensivas piden soluciones

El director general de Aege, Pedro González, explica que «la expectativa de precios de aquí al final del año son el doble de los que hemos visto hasta el mes de agosto». «Esto se va a traducir en una reducción progresiva de la actividad industrial porque es difícil producir en un entorno de precios como el que esperamos y que, además, se mantiene al año que viene», alerta el dirigente de la organización, que representa a grupos como ArcelorMittal, Sidenor, Acerinox o Asturiana de Zinc, además de los ya mencionados.

Para paliar el alza de costes energéticos, la entidad pide «medidas estructurales como las que adoptan en otros países», que permitan a la industria española preservar su competitividad y «reducir nuestra desventaja en la factura eléctrica». González invoca cuestiones que no son nuevas en el debate sobre la factura eléctrica; una es la de mitigar el impacto de los servicios de ajuste para conseguir unos peajes competitivos, «tal y como hacen cada vez más economías europeas». Además, llama a establecer unas «compensaciones por emisiones indirectas de gases de efecto invernadero alineadas con lo permitido en Europa». Estas medidas, que serían muy beneficiosas si se estabilizan en el tiempo, son, a juicio de Aege, «esenciales en estos momentos».

Las papeleras temen deslocalizaciones

La asociación de fabricantes de pasta, papel y cartón Aspapel, presidida por el director del negocio de celulosa de Ence, Jordi Aguiló, explica que la producción de la industria papelera ya se ha reducido en el primer semestre a causa de este contexto, con retrocesos del 3,2% en papel y cartón y del 3,9% en celulosa. Las exportaciones también decayeron un 5,7% en papel y cartón y un 10,3% en celulosa. Las patronal explica que las fábricas precisan de importantes aportes de energía térmica y eléctrica para producir, por lo que las variaciones del precio del gas repercuten de forma directa sobre los costes. Desde la interrupción de Ormuz, el gas ha sufrido un fuerte encarecimiento, con incrementos que llegan al 50% y que en los momentos más agudos, como el actual, duplican su precio respecto a ejercicios anteriores.

“El actual nivel de los precios del gas incrementa nuestros costes en un momento en el que las empresas ya operan en un entorno de costes
estructurales muy elevados y un contexto internacional muy exigente. Mantener unas condiciones competitivas respecto a otros países europeos es fundamental para que la industria pueda seguir produciendo, invirtiendo y avanzando en España y evitar el riesgo de deslocalización”, dice Manuel Domínguez, director general de Aspapel.

La organización recomienda avanzar hacia un marco específico para la industria calorintensiva, de forma equivalente al Estatuto del Consumidor Electrointensivo, que contemple las particularidades de las actividades industriales con un elevado consumo térmico e incluya tanto a consumidores de gas como de biomasa. “Lo que está en juego no es solo el balance de este año, sino la continuidad de nuestras fábricas y del empleo que generan. Necesitamos herramientas reales que permitan transformar las instalaciones sin poner en riesgo su actividad”, insiste Domínguez.

Las siderúrgicas empiezan a parar

Unesid, por su parte, dice que  «las empresas están registrando paradas de producción durante las horas de mayor precio eléctrico, una práctica que puede aumentar si se mantienen los niveles actuales de coste». Este movimiento de producir en los periodos de menores costes es algo que acostumbra a hacer Megasa en Narón. La estimación provisional realizada por Unesid sitúa en torno a 658 millones de euros el coste energético adicional que soportará la siderurgia española entre marzo y diciembre de 2026, de los que aproximadamente 452 millones corresponderán al periodo comprendido entre septiembre y diciembre.

«La situación actual exige medidas inmediatas, pero también decisiones estructurales que permitan a las empresas españolas contar con una energía estable, previsible y competitiva», dice la directora general de la organización, Carola Hermoso. Las medidas que proponen están alineadas con las que exponía Aege. Reclaman elevar a al menos 1.000 millones la dotación de 2026 para compensar los costes indirectos de dióxido de carbono (CO2), hasta el máximo permitido por la normativa europea, y conocer la dotación de 2027. Sugieren también consolidar con carácter «estructural» la reducción del 80% de los peajes eléctricos para la industria electrointensiva y, mientras los costes de los servicios de ajuste y las restricciones técnicas se mantengan en los niveles «extraordinariamente elevados actuales, integrarlos en los peajes para que puedan beneficiarse de esa misma reducción».

Números y competitividad

Según explica Unesid, el precio medio del mercado eléctrico alcanzó en julio los 104,75 euros el megavatio hora (MWh), un 50,5% más que en junio, mientras que el gas Mibgas registró una media próxima a 55,5 euros el MWh, un 23,5% superior. Las perspectivas para el cuarto trimestre sitúan el precio de la electricidad en torno a 143 euros el MWh y el del gas natural en torno a 76 euros el MWh.

El Barómetro Energético de la Asociación de Empresas con Gran Consumo de Energía (AEGE), actualizado a 14 de septiembre, señala que un consumidor electrointensivo afronta en Francia un precio final de la electricidad un 28% inferior al español, mientras que el mismo consumidor en Alemania pagaría un coste un 13% menor. Esa diferencia, que genera un problema de competitividad para la industria española, tiene en cuenta tanto los precios de la energía como las compensaciones que ofrecen los distintos países y que, a juicio de las patronales, España debería incrementar.

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