Hidrógeno verde, data center, Alcoa… Galicia
Andalucía acaba de poner encima de la mesa un proyecto de hidrógeno superior a 1.000 millones de euros y sería razonable conocer cuál es la propuesta de escala equivalente que puede articular Galicia y quiénes serían sus consumidores industriales
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en la presentación del proyecto del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde / Borja Puig
Esta semana, en Palos de la Frontera, Huelva, comenzó a construirse Onuba, la primera fase del Valle Andaluz del Hidrógeno Verde. Conviene detenerse un segundo en las cifras porque últimamente hablamos tanto de millones que corremos el riesgo de que 1.000 millones nos parezcan calderilla:
Más de 1.000 millones de inversión, 300 MW iniciales de electrólisis —ampliables en otros 105 MW—, una producción prevista de aproximadamente 45.000 toneladas de hidrógeno renovable al año, más de 8.000 empleos directos, indirectos e inducidos a lo largo de las distintas fases del proyecto y actividad para más de 400 pymes y autónomos. Además, el proyecto cuenta con 304 millones de euros de financiación pública procedente del Plan de Recuperación y los fondos NextGenerationEU.
Esto ya no es el habitual PowerPoint verde con molinos girando, moléculas flotando y una foto institucional al final. Aquí empiezan las obras. Y la pregunta desde Galicia no debería ser por qué Andalucía lo hace. Al contrario. Magnífica noticia para Andalucía. La pregunta interesante es otra: ¿qué estamos construyendo nosotros de una dimensión comparable?
Porque Galicia no carece precisamente de argumentos. Tenemos generación renovable. Tenemos puertos. Tenemos industria electrointensiva. Tenemos una refinería. Tenemos una terminal energética en Mugardos. Tenemos industria naval. Tenemos proyectos de metanol verde. Tenemos territorio industrial y tenemos una posición atlántica extraordinaria. Y, por si fuese poco, tenemos uno de los mayores problemas industriales de España buscando desde hace años una solución energética estable: Alcoa San Ciprián.
Alcoa reconoce actualmente que el futuro de San Ciprián continúa condicionado, entre otros factores, por las pérdidas de la refinería y por la falta de un precio energético competitivo y estable para la planta de aluminio. El complejo mantiene alrededor de 1.050 empleos directos y más indirectos.
Aquí conviene no vender milagros. El hidrógeno verde no va a sustituir la gigantesca cantidad de electricidad que necesita la electrólisis para producir aluminio. Para eso hacen falta electricidad competitiva, renovables, contratos a largo plazo, redes y mucha planificación. Pero San Ciprián no es únicamente una planta de electrólisis. También existe una enorme refinería de alúmina, con procesos térmicos intensivos. Y ahí sí aparece una oportunidad tecnológica interesante.
La calcinación de alúmina necesita temperaturas superiores a los 900 grados y actualmente depende fundamentalmente de combustibles como el gas natural. Proyectos industriales internacionales ya estudian sustituir ese gas parcial o totalmente por hidrógeno renovable. Un programa de Rio Tinto respaldado por la agencia pública australiana ARENA estudia precisamente la utilización de hidrógeno en la calcinación y estima que esta fase representa alrededor del 30% de las emisiones de una refinería de alúmina. La propia Alcoa investiga otra solución, la calcinación eléctrica, en su proyecto Refinery of the Future de Australia. Es decir: ni siquiera está decidido todavía qué tecnología acabará ganando esta carrera industrial. Probablemente convivirán varias.
Precisamente por eso resulta relevante estar dentro de la carrera y no observarla desde la cuneta.
Non vaya a ser que, por exceso de sentidiño, esperemos a que todo sea inventado, financiado e instalado en otros sitios para descubrir después que también era estratégico para Galicia.
Los centros de datos
Hay otro sector que encaja en esta ecuación: los centros de datos.
Galicia ya tiene aprobado como Proyecto Industrial Estratégico el Galicia Green Data Center de Curtis, con una inversión declarada de 50,8 millones de euros y 45 empleos. Y los centros de datos necesitan algo que Galicia puede ofrecer: energía, estabilidad de suministro, suelo, conectividad y sistemas de respaldo. Y los Data Center son importantes en la nueva configuración de Europa y aliados, para no depender de China ni de unos EE. UU. cada vez más inestables.
Otra vez, cuidado con los milagros. El hidrógeno no parece hoy la solución lógica para alimentar continuamente un gran data center. Pero sí puede desempeñar un papel importante sustituyendo los generadores diésel de emergencia y como mecanismo de almacenamiento y respaldo energético.
Microsoft ya ha probado un sistema de pilas de combustible de hidrógeno de 3 MW, precisamente la potencia equivalente a los generadores diésel que utiliza en muchos de sus centros de datos. El Departamento de Energía estadounidense también ha realizado demostraciones de sistemas de respaldo mediante hidrógeno en instalaciones reales. Por tanto, imaginemos el ecosistema, porque ahí está la verdadera cuestión. No una planta de hidrógeno aislada en medio de un polígono.
Un sistema
Renovables gallegas produciendo electricidad. Esa electricidad alimentando industria electrointensiva cuando sea económicamente eficiente. Parte de esa energía transformándose en hidrógeno renovable. Hidrógeno suministrando calor industrial a actividades difíciles de electrificar. Hidrógeno como respaldo de infraestructuras digitales críticas. Producción de metanol verde y otros derivados para la industria y el transporte marítimo. Puertos como Ferrol y A Coruña conectando esas moléculas verdes con los mercados internacionales. Y una gran red que permita mover el hidrógeno cuando exista excedente o demanda fuera de Galicia.
Porque aquí aparece otra pieza fundamental: Guitiriz-Zamora.
Galicia no ha quedado borrada del mapa europeo, inicialmente del Estado sí, pero Europa actuó. De hecho, el Reglamento Delegado (UE) 2026/764 incluye expresamente entre los tramos interiores de la red española de hidrógeno conexiones como A Coruña-Zamora y Guitiriz-Zamora. La cuestión está en los tiempos. Enagás sitúa estos nuevos tramos dentro de la expansión prevista a partir de 2030, junto con Huelva-Algeciras y las transversales de las Mesetas. Son aproximadamente 1.480 kilómetros adicionales de red.
Estar en un mapa está bien. Estar conectado cuando empieza el mercado está bastante mejor. Porque las infraestructuras no son dibujos. Determinan dónde se instalan las fábricas, dónde aparecen los proveedores, dónde aterriza el capital y dónde se crean cadenas de valor.
Huelva parece haber entendido perfectamente esa lógica. Onuba no produce hidrógeno simplemente porque el hidrógeno esté de moda. Moeve prevé utilizar esas 45.000 toneladas anuales para ayudar a producir combustibles destinados al transporte por carretera, aviación y sector marítimo y para descarbonizar industrias. Al mismo tiempo desarrolla en Andalucía biocombustibles, SAF, logística portuaria e infraestructuras asociadas. Eso se llama ecosistema industrial.
Galicia tampoco parte de cero. En Mugardos, por ejemplo, el proyecto Triskelion de Forestal del Atlántico para producir metanol verde tiene reconocida una inversión de 200 millones de euros. Tenemos piezas. La cuestión es si somos capaces de ver el puzle entero.
Alcoa, los puertos, Mugardos, la producción renovable, la industria naval, los futuros data centers, el metanol verde y la conexión Guitiriz-Zamora no deberían analizarse como carpetas independientes encima de mesas diferentes. Porque quizá el verdadero proyecto no sea construir simplemente una fábrica de hidrógeno. Quizá sea construir un gran valle industrial gallego de energía y moléculas verdes, capaz de conectar A Mariña, Ferrolterra y A Coruña con las nuevas cadenas industriales europeas.
Andalucía acaba de poner encima de la mesa un proyecto superior a 1.000 millones de euros. Y sería razonable conocer cuál es la propuesta de escala equivalente que puede articular Galicia, quiénes serían sus consumidores industriales, qué inversión necesitaría, cuándo estaría disponible la red y qué participación pública y privada requeriría. No por competir con Andalucía, no es nuestro estilo, sino porque dentro de diez años Europa necesitará saber dónde produce su energía, dónde fabrica sus combustibles, dónde procesa sus datos y dónde mantiene su industria pesada. Por autonomía global y capacidad de actuación. Europa debe ser Europa de una vez.
Galicia tiene recursos para formar parte de esa respuesta. Lo que queda por saber es si llegaremos cuando se estén repartiendo las cartas…
“OU, COMO TANTAS VECES, CANDO XA ESTÁN RECOLLENDO A BARALLA.”