Feijóo, Rueda y los tiros en el pie de la izquierda

El presidente de la Xunta tendrá que dejarlo y, tratándose de un líder político previsible como él mismo se define, el próximo jefe de filas gallego habrá de ser el discreto vicepresidente Alfonso Rueda

Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta, y Alberto Núñez Feijóo / Xunta

Alfonso Rueda, vicepresidente de la Xunta, y Alberto Núñez Feijóo / Xoan Crespo

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Feijóo va a entrar bajo palio en Génova y no parece que la próxima marcha del líder a Madrid inquiete demasiado en el PP gallego, ni entre los poderes económicos más influyentes, ni en su bien nutrido entorno mediático. Tal vez la inopinada irrupción de los tanques de Putin, con sus derivadas políticas y económicas, esté contribuyendo a enmascarar un poco el estrés en el mundo conservador gallego. Pero la verdad es que no lo parece.

El presidente gallego se va a ir. Más pronto que tarde le resultará incompatible manejar el timón en las turbulentas aguas peperas en Madrid al tiempo que las remansadas aguas de la Xunta. Tendrá que dejarlo y, tratándose de un líder político previsible como él mismo se define, el próximo jefe de filas gallego habrá de ser el discreto vicepresidente Alfonso Rueda, un político pontevedrés con un perfil tan tecnocrático y anodino como el que adornaba al propio Feijóo cuando la divina mirada de Fraga se posó sobre sus hombros.

De modo que, para los dos años que restan de legislatura (hasta julio de 2024), el relevo “tranquilo” parece asegurado en los populares gallego y, por tanto, en la Xunta de Galicia. Es en ese tiempo cuando se verá si alguien más da un paso al frente y cómo repercuten en los liderazgos locales y provinciales las convocatorias electorales previstas para mayo de 2023 (locales) y diciembre de 2023 (generales). Se verá también cómo evolucionan las cosas en el caso singular de Ourense, el caladero de votos conservadores en el que ni el mismísimo Fraga ni Feijóo han llegado nunca a imponer su autoridad. El actual esperpento de la alcaldía de Ourense es un buen botón de muestra de esa anomalía.

Aunque nunca lo reconocerán en público, en los cuarteles generales del BNG y del PSOE aplauden con las orejas que Feijóo se mude al centro de Madrid

En pura teoría, para la izquierda gallega se le debería abrir ahora eso que se ha dado en llamar “una ventana de oportunidad”. Aunque nunca lo reconocerán en público, en los cuarteles generales del BNG y del PSOE aplauden con las orejas que Feijóo se mude al centro de Madrid. Sus cuatro mayorías absolutas les tenían (tienen) literalmente comida la moral. La nueva situación les obligará a reorientar estrategias y actualizar argumentarios, contando también con el posible impacto que pueda tener en Galicia el proyecto de la lideresa Yolanda Díaz.

Pero los cambios en el escenario político gallego en los próximos meses quedarán supeditados no ya a otros factores de ámbito estatal, sino, como todo, a la evolución de la situación mundial ocasionada por la bárbara invasión de Ucrania por parte del dictador ruso. Una guerra en la que los nacionalistas gallegos abogan por la “neutralidad activa” de España, después de haberse mostrado inicialmente muy ambiguos con la agresión de Putin.

¿Neutrales ante la ruptura unilateral de la paz en Europa? En 1936 una parte sustancial del Ejército español se sublevó contra el Gobierno legítimo de la República. Todas las llamadas españolas de socorro se encontraron con la puerta cerrada en Francia y Reino Unido, las democracias fuertes del momento. Estaban por la no injerencia. Neutralidad activa.

Ese tipo de posicionamientos en situaciones tan graves como la de Ucrania también retratan a las fuerzas políticas y acaban por hacer mella en la percepción de los votantes. El tiempo dirá si parte de la izquierda gallega insiste en darse un tiro en el pie, como hace con tanta frecuencia

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