Lo que de verdad les jode…
A los mediocres no les molesta tu fracaso. Les reconforta. Les confirma que no moverse fue “lo sensato”
Imagen de archivo de un emprendedor trabajando frente a su ordenador portátil / Creative Commons
No es tu coche nuevo, ni tu empresa creciendo, ni tus fotos sonrientes en redes.
Lo que de verdad les jode… es que te atrevieras.
Que lo intentaras cuando ellos se quedaron sentados. Que asumieras riesgos cuando ellos buscaban excusas. Que te levantaras tras cada golpe sin esperar que nadie te aplaudiera.
¡Ey Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
A los mediocres no les molesta tu fracaso. Les reconforta. Les confirma que no moverse fue “lo sensato”. “¿Ves? También se pegó la hostia.”
Pero cuando lo logras, cuando el esfuerzo da frutos, entonces… se hace el silencio.
O peor: aparece el veneno camuflado de neutralidad.
— “Tendrá suerte”.
— “Seguro que alguien le ayudó”.
— “No será para tanto”.
Y ahí está la clave: no odian tu fracaso, lo necesitan. Lo que odian es tu éxito. Porque les recuerda que el problema nunca fue el sistema, ni el jefe, ni la suerte… El problema es que no lo intentaron. Que se resignaron. Que dejaron que el miedo ganara.
Tú, en cambio, decidiste salir del sofá emocional y ponerte en marcha. Y eso, amigo mío, convierte tu historia en un espejo. Un espejo sucio que les devuelve una imagen que no quieren ver: la de su cobardía.
Por eso te critican. te ridiculizan, intentan minimizar lo que has logrado. No te lo tomes como rechazo. Es reflejo. Y ahora que ya lo sabes, sigue.
Haz lo tuyo. Crece. Construye. Lánzate otra vez.
Porque a estas alturas de la vida, no estamos para encogernos por la mediocridad ajena.
Estamos para brillar. Sin pedir perdón. Y sin pedir permiso.
¡Se me tecnologizan!