Bun Sichi, un japonés agradable

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Passatge Lluís Pellicer, 20 www.bunsichi.com 93-430-51-22

26 de abril de 2013 (18:13 CET)

A principios de los 80 empezaron a aparecer por Barcelona los primeros restaurantes japoneses. Seguían la estela de las grandes inversiones de sus empresas en Catalunya. Estaban pensados para sus ejecutivos y para los jefes que recibían de Tokio y de otras ciudades europeas. Por eso eran locales de mucho nivel y de precios altos.

Unos años más tarde, entre los primeros que aterrizaron en la ciudad para dirigirse también a un público nativo más amplio llegó Bun Sichi, a cargo de una joven pareja que se estableció en el pasaje Lluís Pellicer, un lugar muy tranquilo cercano de donde estuvo el más lujoso de los pioneros. Era 1991.



Sigue casi igual. El negocio se ha consolidado y el propietario trabaja ahora con empleados. Ha diversificado el negocio con una carta específica para servir a domicilio por las noches y además anda metido en clases de cocina japonesa.

Seis mesas

Es un local pequeño, de seis mesas y otros tantos taburetes. Tiempo atrás llamaba la atención la presencia de compatriotas del cocinero entre la clientela, lo que siempre se interpretaba como una buena señal. El turismo masivo ha hecho que hoy eso ya no sorprenda.

El ambiente es muy tranquilo, conversaciones en voz baja con un fondo de música de jazz. Parejas, algunos solitarios, gentes que trabajan por la zona.



Ofrece tres menús de mediodía, a 11, 17,5 y 19,5 euros, sin IVA ni café. La carta es amplia e incluye platos de tres de los palos fundamentales de la cocina japonesa: sushi, tempura y shabushabu, esa especie de fondue en la que se cuecen verduras y carnes en un caldo con salsa que acaba convirtiéndose en la sopa que cierra el ágape.

Hice el aperitivo con una San Miguel, probablemente la cerveza más parecida a las japonesas por su suavidad, y unas empanadillas a la plancha, las gyoza, deliciosas. Y, de primero, fideos salteados con verdura y carne –yakisoba- que no decepcionaron; suficientemente especiados, sin pasarse, y gustosos: cuando están bien hechos, siempre me saben a poco.

El sushi

De segundo no pude tomar la fondue porque hay que encargarla con antelación, así que me conformé con un surtido de sushi, entre los que incluyeron uno de anguila, y unos maki California. Bien resueltos, aunque no eran espectaculares: quizá tenía que ver con que era lunes y el pescado llevaba mucha nevera a cuestas.

Bebí un Oroya, el llamado sushiwine que elabora Freixenet en Castilla. Joven y suave -11%- que realmente encaja bien con este tipo de comida y que desde mi punto de vista es preferible a la cerveza. 9 euros más IVA frente a los cinco y pico que cuesta en los pocos comercios donde se puede encontrar. En el café se nota que no ponen mucha atención: Templo del Café, prescindible. En torno a 35 euros.
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