El gobierno plurinacional se vuelve jacobino
Con Illa gobernando en la Generalitat y Sánchez en La Moncloa, que el gobierno invierta menos en Catalunya que en Galicia pasa prácticamente inadvertido
Los datos facilitados por la intervención general de la administración del estado sobre la inversión territorializable hubieran supuesto en tiempos de Rajoy y supondrán en un hipotético, y más que posible, futuro gobierno de Feijóo un terremoto político de primera magnitud en Catalunya, pero en la actualidad con Illa gobernando en la Generalitat y Sánchez en La Moncloa, y en ambos casos con el imprescindible apoyo de ERC, que el gobierno invierta menos en Catalunya que en Galicia pasa prácticamente inadvertido.
Cuando en 2010 el Tribunal Constitucional ajustó parte del articulado del estatuto de autonomía de Catalunya a la Constitución, entre las cosas que derogó había una adicional que obligaba al estado a invertir en Catalunya en la misma proporción que esta aportaba al PIB nacional, alrededor del 19%.
El TC suprimió está obligatoriedad argumentando una obviedad: una comunidad autónoma no puede condicionar la política de inversión del estado. El resultado de la sentencia fue la convocatoria de una manifestación masiva a la que se adhirieron 1.600 organizaciones, los medios de comunicación catalanes publicaron una editorial conjunta y la manifestación la encabezó el entonces presidente de la Generalitat, el socialista José Montilla, que terminó refugiado en un hotel ante el intento de linchamiento de parte de un grupo independentistas asistentes a la manifestación.
La toma de posición del TC era lógica, legal y justa. El estado no puede verse obligado a invertir por ley un porcentaje de su presupuesto en un territorio concreto porque debe tener las manos libres para decidir y porque las necesidades cambian. Obligar a un gobierno a invertir uno de cada cinco euros en una comunidad determinada ata de pies a manos a dicho gobierno y crea un agravio con los ciudadanos residentes en otras regiones que pueden verse perjudicados por esa prebenda.
Ahora, tres lustros más tarde de esa protesta masiva, que en realidad solo era un argumento más para reclamar la independencia, el gobierno central reconoce que su inversión en Catalunya es del 8,6%, menos de la mitad de lo que Catalunya aporta al PIB, y aquellos que en 2010 se golpeaban en el pecho y gritaban ¡Espanya ens roba¡ (España nos roba) ahora callan, intentan que la noticia pase sin pena ni gloria… y lo logran.
Salvador Illa ha tenido que responder a una pregunta parlamentaria sobre el tema en el parlamento regional realizada por Junts y su respuesta ha sido: “les pido -en referencia a Junts- que usen su influencia en Madrid para que aumente la inversión en Catalunya”. Illa hablaba como si su partido no gobernara ni en Catalunya ni en Madrid. ERC no ha dicho ni pio y los Comunes tampoco.

Para quien tenga sentido común lo grave no es que el estado invierta un punto más o un punto menos en Catalunya si no la incompetencia del gobierno que solo es capaz de ejecutar el 57,4% de las inversiones presupuestadas.
Las cifras de inversión territorializadas no reflejan la realidad de forma absoluta dado que no todas las inversiones son fraccionables por CC.AA y en muchos casos es lógico que el estado invierta menos en Catalunya al tener transferida esta comunidad muchas competencias. Por ejemplo, el ministerio de interior ha invertido 288 millones en Madrid frente a 5 en Catalunya, pero es que Madrid no tiene policía autonómica.
Donde si se puede ver la diferencia real es en ministerios como el de transportes, ahí la inversión ejecutada en Madrid ha sido de 346 millones frente a 179 en Catalunya. En global la inversión territorializable del estado en Madrid dobla a la catalana.
La pregunta para aquellos, como los independentistas, que creen que España es como un Mister Potato es obvia: ¿Cómo puede ser que tengan poder para nombrar consejeros en RENFE, AENA, RTVE, Banco de España, ICO, ¿poner y quitar presidentes de gobierno etc y en cambio no sean capaces de imponer sus políticas consistentes en quedarse con todo y ahogar al resto del país?
Afortunadamente, aunque una de las principales características del independentismo sea su odio a España, aún más destacado es otro rasgo suyo: la incompetencia y la poca dedicación al trabajo. Si hubieran aprovechado el poder que han logrado para aplicar su programa hoy nuestro país no existiría.
Ocho años después de que ERC entregará a Sánchez la presidencia del gobierno y tres más tarde de que Puigdemont renovará al líder socialista en La Moncloa el estado invierte 452 euros per cápita en Madrid y 162 Catalunya. En tiempos de Rajoy la diferencia de inversión per cápita entre Madrid y Barcelona era de 20 euros a favor de la capital, ahora es de 290.
Rufián afirma que hay que hacer lo que sea para que el PP y VOX no gobiernen, porque según él, eso perjudicaría a Catalunya, pero las cifras ponen de manifiesto que lo que es lesivo para Catalunya, en realidad, es el gobierno que él sostiene.
De tanto pensar en cómo resolver los problemas de políticos delincuentes al independentismo no le ha quedado tiempo para dedicarse a lo que necesita la gente. A este paso Puigdemont quizás un día regrese, pero sin duda lo hará con retraso, las infraestructuras son obsoletas y están saturadas… eso si, el rótulo, estará escrito en catalán.