A Boris Johnson no le perdonan el botellón

Tras el conocido ya como "partygate" Johnson debe hacer frente tanto a las críticas externas como a los diputados de su propio partido que ya lo consideran un cadáver político y están dispuestos a dejarlo caer

Hace un par de años, cuando todavía estaba en Londres como corresponsal de TVE, una compañera de la redacción de Madrid me preguntó cómo los británicos habían sido capaces de votar a alguien como Boris Johnson. Mi respuesta en aquel momento fue que si los británicos supieran quién es Pedro Sánchez posiblemente se harían la misma pregunta sobre los gustos electorales de los españoles. En el Reino Unido están tan al corriente de quién es Pedro Sánchez como en España estamos, un suponer, de Antonio Costa.

Las grandes agencias de comunicación anglosajonas se encargan, con nuestra ayuda, de que en España sí sepamos quién es el rubio primer ministro británico. Un tipo del Partido Conservador que, en general, no cae nada bien a la mayor parte de los medios españoles. Su loca cabellera, el aspecto de fanfarrón desaliñado y el hecho de que pusiera todo su empeño en sacar al Reino Unido de la Unión Europea le han convertido entre los nuestros en un “populista indeseable” al que ojalá echen cuanto antes.

A veces incluso nos resulta reconfortante escuchar cómo líderes de países considerados potencias, como es el caso del Reino Unido, confunden una fiesta con un encuentro de trabajo. Eso a Pedro Sánchez no le pasaría nunca. Jamás se le ocurriría subirse al Falcon para irse de asueto y decir que el viaje es de trabajo. Se le echarían encima hasta los de su propio partido, como le está pasando a Johnson, que tiene que hacer frente a los diputados conservadores que ya le consideran un cadáver político y empiezan a hacer quinielas de posibles sustitutos.

El problema de Johnson no es tanto que haya mentido demasiadas veces como que su capacidad retórica, que siempre ha sido su fuerte, ya no da más de sí. Dicen que desde que pasó el Covid en abril de 2020 ha perdido punch. La pandemia le ha pasado factura, política y físicamente. Normal. Y eso que no se puede decir que su gestión contra el virus haya sido más catastrófica que la de cualquier otro líder europeo.

Los británicos han pasado por alto muchas de las cosas que ha hecho Boris Johnson en estos dos años largos de mandato. Han asumido las muertes por la pandemia. Han aceptado las consecuencias económicas y las incomodidades derivadas del brexit. Que arrastrara a la reina Isabel II a un conflicto sin precedentes con el Tribunal Supremo y, quizás les suene, que se atreviera a cerrar el Parlamento de Westminster por puro interés político. Decisión que luego los tribunales declararon ilegal.

Dicen que la fórmula que Johnson empleó para ganarse la confianza del pueblo durante los primeros meses de mandato fue rodearse de un equipo de fieles valorados más por su lealtad que por su capacidad de gestión. Eso le permitió mostrar los encantos de seductor político con los que ganó las elecciones y que por lo visto no solo se adquieren en el exclusivo internado de Eton.

Cada vez más desgastado y castigado

Pero el paso del tiempo y la dura realidad de estos últimos años han ido desgastando su imagen y hasta la fuerza de su voz cuando pide perdón. “Apologise”, repetía en el Parlamento cuando el líder de la oposición laborista, Keir Starmer, le atacaba. Las encuestas aseguran que tras el “partygate” el 66% de los británicos piden su dimisión. Se le pueden perdonar muchas cosas, pero confundir una fiesta con un encuentro de trabajo, “oh my god”, eso nunca. La mentira que colma el vaso.

Organizar un botellón con 40 personas en el jardín del 10 de Downing Street mientras limitas al máximo a tus ciudadanos por la pandemia no es una buena idea, sobre todo si trasciende. Algún líder autonómico cercano a nosotros le podría explicar cómo irse de vacaciones a Canarias en plenas restricciones y mantener a la prensa callada.

637118529258008472
El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson

“¿Se acabó la fiesta para el primer ministro?” Se pregunta la prensa británica. La semana que viene se conocerán las conclusiones de la investigación abierta para conocer todos los detalles de lo sucedido. Johnson está tocado, pero no hundido. En el ecuador de su legislatura todo va a depender de lo que decidan en su propio gabinete y en el Partido Conservador. Si consideran que Boris Johnson está ya quemado lo dejarán caer.

No sería el primero. Ni el último.