Ceuta, españolísima y ocupadísima 

Lo que Marruecos está ejecutando en Ceuta no es una crisis sino una estrategia

A falta de medidas eficaces, Margarita Robles llegó a Ceuta con el adjetivo ya preparado: «Ceuta y Melilla no son españolas, son españolísimas. Y no se las toca”. Lo dijo con esa convicción firme que ella tiene para las cosas importantes y que le ha servido para que Pedro Sánchez, según una conversación privada que ya conocemos todos, la llamara «pájara» en la intimidad.

La ministra de Defensa, pájara o no, al menos fue a Ceuta y dio la cara. Que ya es más de lo que ha hecho después otra ministra no tan “pájara”, o sí, que ha dicho que la situación sanitaria en la ciudad no es buena pero que tampoco es para tanto. 

La visita de Robles tuvo algo más de enjundia que la de nuestra médico y madre. Margarita ¡Oh, Margarita! Tuvo que apechugar con dos mujeres visiblemente alteradas que terminaron siendo atendidas tras sufrir sendos mareos. Una de ellas, Pepi, le trasladó que siente miedo por lo que está ocurriendo. Robles le cogió la mano, le dijo que se desahogara, que a veces está bien. Y luego repitió lo de «españolísima» unas cuantas veces más, que parece ser el único tratamiento que el Gobierno tiene disponible para los síntomas de Ceuta.

Ansiedad generalizada, robos diarios, peleas, violaciones de menores, ochenta mil personas en un día, y la ministra de Defensa llegando con un adjetivo en superlativo y mucha mano en el hombro. Practicó con tanta eficacia la sanidad pública de este gobierno que luego Mónica García ya no tuvo que hacer nada más. 

Porque eso es exactamente lo que Ceuta necesita que alguien le explique: de qué le sirve ser españolísima si los españoles no pueden salir a la calle. De qué le sirve que no se la toque si ya la tocaron el 30 de julio y nadie hizo nada. De qué le sirve la contundencia verbal de una ministra que no irá al Senado a dar explicaciones pero sí ha encontrado tiempo para pasearse por las calles de la ciudad con la misma efectividad que un paraguas en un tsunami. 

Mientras tanto, las fuerzas de seguridad marroquíes han montado un espectáculo digno de un premio de teatro: persiguiendo y deteniendo a subsaharianos, como si el problema de Ceuta fuera una crisis migratoria genérica protagonizada por personas que llegan del sur profundo de África. No.

Varias personas se asean en las duchas públicas en la playa del Trampolín, a 5 de agosto de 2026, en Ceuta.
Varias personas se asean en las duchas públicas en la playa del Trampolín en Ceuta. Europa Press

El problema de Ceuta es que ochenta mil ciudadanos marroquíes cruzaron en un solo día respondiendo a una convocatoria que, como ha quedado demostrado, no organizaron las mafias sino los servicios de inteligencia marroquíes. Las mafias cobran por pasar personas de una en una, de noche, con riesgo y con precio. Lo del 30 de julio fue otra cosa. Pero Marruecos deteniendo subsaharianos ante las cámaras es el decorado perfecto para que el mundo vea una crisis migratoria donde hay una operación de desestabilización. 

Y en esa operación, el silencio más llamativo de todos no es el de Sánchez ni el de Robles. Es el del feminismo institucional. Violaciones de menores en Ceuta. Agresiones sexuales documentadas. El tipo de delitos que en otras circunstancias habrían generado manifiestos, concentraciones, declaraciones de Irene Montero desde el Congreso y portadas en los medios afines al Gobierno. Nada. Un silencio tan ensordecedor que dice más sobre quién importa y quién no en la política de género de este país que cualquier ley o cualquier protocolo de actuación. 

El problema de Ceuta es que ochenta mil ciudadanos marroquíes cruzaron en un solo día respondiendo a una convocatoria que no organizaron las mafias sino los servicios de inteligencia marroquíes

Lo que Marruecos está ejecutando en Ceuta no es una crisis sino una estrategia. El objetivo no tiene plazo fijado pero tiene dirección: convertir Ceuta en una ciudad donde la presencia marroquí sea tan masiva, tan permanente y tan determinante que la españolidad acabe siendo una cuestión de adjetivo y no de realidad. Españolísima en el discurso. Marroquí en la calle. Es un proceso lento, acumulativo e irreversible si nadie lo detiene. Y de momento nadie lo está deteniendo. Solo nombrándolo con mucho énfasis. 

Así que quizás Robles tiene razón en el fondo aunque no en la forma. Quizás Ceuta es ya españolísima precisamente porque ha dejado de ser española en lo que importa: en la seguridad de sus ciudadanos, en el control de sus calles, en la capacidad del Estado de garantizar que Pepi pueda salir a la calle sin que le dé un ataque de ansiedad. Es verdad, Ceuta más que española es españolísima. Entre otras cosas porque está ocupadísima y abandonadísima. 

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