Construir o destruir una idea de país

Inmersos en la idea de construir un nuevo país, los miembros del futuro Govern parecen no ver el deterioro provocado en Cataluña

Se pueden medir los costos históricos de un país. El escritor italiano Antonio Tabucci, en su libro El tiempo envejece deprisa, exponía la siguiente idea: “en el fondo la historia se resume en lo siguiente: hay hombres, como mi padre, que como profesión construyen casas y hombres de mi oficio que esas casas las destruyen, y así funciona desde hace siglos y siglos, hay quienes construyen casas y hay quienes las destruyen; construir, destruir, construir, destruir, es un poco aburrido, ¿no te parece?”.

La observación de Tabucci permite aplicarse a la construcción política catalana que, desde principios del siglo XX, vive en esta doble pulsión entre construir y destruir la obra realizada. La conformación del nuevo gobierno de la Generalitat debe ser leída bajo esta metáfora sobre la condición humana. No estamos asistiendo a la construcción de un nuevo gobierno, sino a la destrucción, vía negociación, de la posibilidad de consolidar un buen gobierno.

Ocurre muchas veces en la vida que una persona, teniendo la mejor de las intenciones para ayudar a otra, acaba provocando una serie de acontecimientos indeseados y negativos que perjudican a ambas. Algo parecido podemos decir de este largo y tedioso proceso de negociación que nos lleva a considerar que la buena voluntad política, si la ha habido, desatará nuevas luchas políticas.

Hace nueve años, cuando se inició el denominado procés, muchos políticos independentistas apelaron a la resbaladiza idea de que “estar en el lado correcto de la historia” era estar al lado del independentismo. Eran tiempos donde los independentistas se contaban como soldados; sus acciones, buenas o malas, se hacían pensando en el bien de Cataluña. Muchos ignoraron entonces que los costes históricos no se destinarían a la construcción de una Cataluña independiente sino a retirar los escombros del solar donde debía construirse la república catalana.

Otorgar a la historia un carácter moral para ser disculpados de los errores cometidos implica interesadamente no aceptar la neutralidad moral de ésta. Será el tiempo el que juzgue si sus acciones políticas han sido acertadas o no; y no será la primera vez que un mal saque de esquina acaba en un gol.

La negociación culminada entre los partidos independentistas para conformar gobierno permite constatar que su afán por construir un nuevo país les está impidiendo ver cómo se deteriora el viejo país en el que aún estamos viviendo. Este hecho nos lleva a comprobar que en el seno del independentismo no solo hay personas que tienen la decidida voluntad de construir un nuevo país, sino que también hay otras que pretenden destruirlo.

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Fèlix Riera