Cuba, un triste balance

Si la Revolución cubana, a pesar de algún éxito pasajero, fue incapaz de exportar sus excelencias al resto del mundo, sí consiguió exportar y mitificar la figura de Ernesto "Che" Guevara

Finalmente, el sueño de Fidel Castro -una distopía totalitaria, intransigente y opresiva- está llegando a su fin. Conviene recordar qué ha sido y todavía es el paraíso tan anhelado y querido -venerado, incluso- por la izquierda y la intelectualidad crítica. La «democracia directa», dijo Jean-Paul Sartre. Esa democracia a la que viajaba la izquierda española para tomar nota de la sociedad igualitaria que envidiaban y deseaban para España. Esa democracia que todavía ambiciona una determinada izquierda española fuera del tiempo ¿La democracia cubana? Vayamos, de viaje, a la Cuba del camarada Fidel Castro y su compañero Ernesto «Che» Guevara.

Si viajamos a la Cuba de Fidel Castro -propiedad privada de la dinastía castrista- nos encontramos con la razón totalitaria hecha realidad. El control de la población –a través de los Comités de Defensa de la Revolución y la Asamblea Nacional del Poder Popular-, así como la penuria cotidiana, son las señas de identidad de la dictadura. ¿La Cuba de la Revolución? Ausencia de libertades fundamentales, economía estancada que no supera los niveles de 1958 de antes de la Revolución, renta per cápita similar/inferior a la de los países del Tercer Mundo, racionamiento, déficit de viviendas y suma y sigue.

La inexistencia de población desempleada se debe a una productividad inexistente, al subempleo dominante y a un ejército que supera el 10% de la población activa.

En casi 70 años de socialismo, la que era tercera economía de América Latina ha descendido al último lugar de América Latina y el Caribe. La inexistencia de población desempleada se debe a una productividad inexistente, al subempleo dominante y a un ejército que supera el 10% de la población activa. La excusa del bloqueo no es de recibo por la sencilla razón de que no existe. Los intercambios con algunos países -caridad, en la mayoría de casos- lo muestra. ¿La democracia real cubana? Sin libertades fundamentales y con la existencia del partido único, Cuba es una autocracia en que los sucesivos procesos de «rectificación» se reducen a las viejas prácticas político-policiales de siempre -depuración y repudio de críticos, refuerzo de la delación, represión de los derechos humanos, encarcelación de los disidentes- en defensa de la Revolución. «Socialismo o muerte», repetía Fidel Castro. Una redundancia.

Si la Revolución cubana, a pesar de algún éxito pasajero, fue incapaz de exportar sus excelencias al resto del mundo, sí consiguió exportar y mitificar la figura de Ernesto «Che» Guevara. ¿El Che? Conviene recordar los llamados tribunales populares que, dirigidos por él en la fortaleza de La Cabaña, juzgaron, condenaron y ejecutaron, de forma sumarísima y sin garantías, a un número indeterminado de contrarrevolucionarios.

Si del ámbito de la justicia pasamos al de la economía, el desastre adquiere proporciones monumentales. «El Che», al obstinarse en eliminar los mecanismos de la economía de mercado –incentivos materiales, correspondencia entre salario y producción, idea de beneficio, pago entre empresas, cálculo de ingresos, gastos y rendimiento-, condujo la economía cubana –no hay que olvidar que estuvo al frente del Banco Nacional y del Ministerio de Industria- a la ruina vía irracionalidad en la asignación de recursos, absentismo, baja productividad, inflación y paro encubierto.

La política del «Che», el revolucionario adorado por nuestros conciudadanos de la izquierda revolucionara: la teoría de la guerra de guerrillas y el foquismo –esto es, el intento de encender una mecha con la intención de que el fuego revolucionario se extienda entre las masas- prolongaron una espiral de acción y reacción que, combinada con la actuación del dictador de turno, retardó el acceso a la democracia del subcontinente americano durante cuatro décadas.

¿La ideología del Che? Unas palabras que nos aproximan a su ideario: «El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones al ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Tenemos que crear la pedagogía de los pelotones de fusilamiento y no necesitamos pruebas para matar a un hombre» (Mensaje a la Tricontinental, 1967). Bárbaro.

A pesar de todo ello, todavía existe una asimetría de la indulgencia que comprende o justifica los crímenes de las dictaduras de izquierda.

A pesar de todo ello y más, todavía existe quien loa y reverencia la Revolución castrista y el espíritu romántico de unos revolucionarios que querían liberar al ser humano de sus cadenas.

Lo que a continuación viene, parece mentira, pero es verdad: «Escuela Central de Formación Política Fidel Castro». Madrid, 26, 27, 28 de junio. El texto que acompaña a la evento: «Los días 26, 27 y 28 de junio celebraremos una nueva edición de nuestra Escuela central de formación política, en esta ocasión dedicada a Fidel Castro en el centenario de su natalicio, en un momento en el que Revolución cubana resiste frente al peor embate del imperialismo yankee en décadas». Programa: «Cuba ante la agresión del imperio», «Cómo enfrentar a la ola reaccionaria» y «Vivienda y fascismo». Firmado: Partido Comunista de España y Unión de Juventudes de España.

Insisto: parece mentira, pero es verdad. En 2026, todavía existen partidarios de la distopía cubana.

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