¿Depende España de un títere de Moscú?

"Quién le iba a decir al “Gobierno de progreso” de los socios de Sánchez, construido poco menos que como un muro de contención del fascismo en Europa, que el verdadero peligro para las libertades y la democracia estaría entre sus filas, en los integrantes de Junts. Putin no ha podido desestabilizar Cataluña más de lo que ya estaba, ni por extensión a Europa"

Si Putin apoyaba a Puigdemont y este mantiene a Pedro Sánchez al frente del Gobierno, ¿se puede decir que el sátrapa ruso lleva las riendas de la vida política de nuestro país? Dado el nivel discursivo que últimamente nos rodea, seguro que hay muchos que así lo piensan, pero concluiremos que tan demagógica deducción solo podría ser articulada por alguien con un desparpajo declamatorio similar al de la vicepresidenta María Jesús Montero. Como cuando dice que es la ultraderecha la que está manipulando al sufrido sector agrario español en sus protestas.

Aunque no sea así, aunque el dictador ruso no se ha salido con la suya de manera directa, sí parece que lo ha conseguido indirectamente. Como muy bien dice en estas mismas páginas Juan Milián Querol, el régimen ruso busca tontos útiles para desestabilizar internamente el viejo continente. Somos sus enemigos porque representamos la libertad, la democracia y el estilo de vida que Vladímir Putin ha eliminado precisamente para garantizarse la continuidad en el Kremlin. Y uno de los tontos útiles con más predisposición a colaborar ha sido Carles Puigdemont.

El huido a Waterloo buscaba dañar a España en la convicción de que así conseguiría debilitar al enemigo que le impide su ansiada independencia; y Putin, más ambicioso y ladino, desestabilizaba así a uno de los socios de peso de la UE.

Que los planes secesionistas no salieran adelante no quiere decir, sin embargo, que no se haya conseguido desestabilizar la política española. Está claro que no en la misma medida que de haber prosperado una separación total de Cataluña, pero es evidente que el Gobierno de Pedro Sánchez es fruto y consecuencia de una anomalía, simplemente por el hecho de verse condicionado por quien ha sido una herramienta al servicio del enemigo número uno de Europa y sus libertades.

El Gobierno de Pedro Sánchez es fruto y consecuencia de una anomalía

Puigdemont está contaminado desde que se han conocido sus vínculos y relaciones con el Kremlin y otros agentes rusos de dudosa catadura moral. Y si el expresidente de la Generalitat está contaminado, tenemos un Gobierno igualmente afectado por la toxicidad que supone “pringarse” con una ley de amnistía que quiere borrar el pasado de un prófugo como quien resetea el disco duro de un ordenador.

El expresidente catalán, Carles Puigdemont. EFE/JULIEN WARNAND

Es posible que el Gobierno de Sánchez pueda hacer constitucional la ley de amnistía. Tiene una maquinaria capaz de conseguir a martillazos que la justicia española acabe cediendo. Miles de asesores, medios de comunicación, jueces y magistrados… Pero la Unión Europea es un yunque, al menos en esto. Afortunadamente. Algunos abrigábamos serias dudas sobre el papel que iba a jugar la UE en la demanda de auxilio que muchos han lanzado desde España, pero después de lo ocurrido el jueves en la Eurocámara se abre un rayo de esperanza.

Ha sido una semana “horríbilis” para el Gobierno: los fiscales del Supremo investigando por terrorismo lo que Sánchez dice que no es tal, Junts tumbando la ley de amnistía, los agricultores en pie de guerra, y ahora Putin que entra en escena de la mano de Puigdemont. El inquilino de la Moncloa resistirá, lo ha hecho otras veces y lo seguirá haciendo. Está tocado pero no hundido. La incógnita es por cuánto tiempo.

Putin no ha podido desestabilizar Cataluña más de lo que ya estaba, ni por extensión a Europa

Las dudas que acaba de plantear el Parlamento Europeo y que quiere despejar pidiendo a España que investigue la trama rusa de Puigdemont son dudas que se ciernen también sobre el propio Pedro Sánchez. Porque a Europa le preocupa que el Gobierno de uno de sus socios se esté basando en acuerdos de dudosa legalidad con quien ha estado a punto de liarla con los rusos. Está claro que los servicios secretos de Moscú están instalados en el corazón de la Europa comunitaria. Parte de la investigación se centra ahora en la eurodiputada letona Tatjana Zdanoka, defensora del independentismo catalán y con vínculos más que evidentes con el espionaje ruso. No es una amenaza cualquiera.

Quién le iba a decir al “Gobierno de progreso” de los socios de Sánchez, construido poco menos que como un muro de contención del fascismo en Europa, que el verdadero peligro para las libertades y la democracia estaría entre sus filas, en los integrantes de Junts. Putin no ha podido desestabilizar Cataluña más de lo que ya estaba, ni por extensión a Europa

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