Diada: de la ‘mani’ a la mesa con dispares perspectivas

Junts se sentará en la mesa de diálogo mientras denuncia su inutilidad, mientras que ERC se arriesga a que Sánchez se olvide de ella cuando tenga los presupuestos aprobados

Unos silbaban a los indultados; otros, conscientes de las dificultades del post proceso y la post derrota, estaban allí para mostrar insistencia y persistencia; pero si algo unía a los manifestantes de la Via Laietana es un deseo compartido de alcanzar la independencia lo más pronto posible.

Si la manifestación empujaba hacia la inestabilidad, si bien con no del todo escasas pero sí muy insuficientes energías, la mesa va en sentido inverso: sosiego, complicidad,  buenas caras, en una palabra, estabilidad.

Podría hablarse de una burbuja compartida entre ministros y consellers si no tuviéramos en cuenta que dentro de la parte catalana uno de los dos partidos, Junts per Cat, se sienta en la mesa pero al mismo tiempo denuncia su inutilidad o, peor aún, propicia los abucheos contra el president Aragonès o contra Carme Forcadell, asimilando así diálogo a rendición, sinónimo en este caso de traición.

No importa, según ellos, que sean a la vez acusados y acusadores. Simplemente, se consideran comparsas obligados por su vocación de Govern a una estrategia que no comparten, o que dicen no compartir, y a la que contraponen la vuelta a la unilateralidad.

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Manifestación de la Diada de 2021 en la Via Laietana de Barcelona. EFE/Quique Garcia

Aseguran por goleada los medios y sus analistas que la Diada no va a tener consecuencias en las líneas de acción política. En cierto modo es cierto. Con su discurso sobre la unidad como refuerzo de la mesa, Aragonès ha conseguido que la oleada contra él que JxCat jaleaba, no pasara de lamerle los zapatos. Pero de reforzar la mesa, nada de nada. Aún no ha empezado y baila sola.

Allá se las compongan con sus incoherencias y tejemanejes poco menos que infantiles en su lucha partidista por la hegemonía en el callejón sin salida de la autonomía, puede pensar, no sin razones, el lector. No hay posibilidad ni resquicio, por el momento y por una larga temporada, de recrudecimiento del conflicto. Tranquilos.

Tampoco la hay, no ya para llegar sino para avanzar ni que sea un poquito hacia una solución acordada. Ni en los términos planteados por el independentismo ni en los que algunos dicen defender de nuevo encaje alternativo a la independencia.

¿Cuál es entonces la utilidad de la mesa? Si tan dispares son los temas y tan lejos están unos de obtener un referéndum acordado como los otros de concederlo, qué diablos hacen ahí sentados. Justificar, endulzar el doble trágala de la aprobación de los presupuestos.

¿Cuál es la utilidad de la mesa de diálogo? Justificar, endulzar el doble trágala de la aprobación de los presupuestos

El trágala para el PSOE y sus votantes de estar en manos de los independentistas. El trágala para los votantes de ERC de desatar las manos del PSOE cuando podría tenerlo maniatado. Por fortuna para ambos, estas son las últimas cuentas públicas que el PSOE necesita aprobar para llegar sin sobresaltos al final de la legislatura.

Imaginemos que Pedro Sánchez, una vez obtenidos los votos de ERC y quién sabe de los tan fantasmagóricos como reales del PDECat, partido que podemos dar por extinto pero que aún ocupa cuatro escaños, decide que le conviene plantarse y aplazar sine die nuevas reuniones de la dichosa mesa.

Pedro Sánchez saludando a Pere Aragonès (ERC) minutos antes de la primera reunión de la mesa del "conflicto catalán" en el Palacio de la Moncloa, el 26 de febrero de 2020 | EFE/Archivo
Pedro Sánchez saludando a Pere Aragonès (ERC) antes de una reunión en febrero de 2020 | EFE/Archivo

Las consecuencias en la política española le resultarían sin duda favorables pero dejaría en primera instancia a Junqueras y Aragonès con el culo al aire y en segunda a Puigdemont, Jordi Sànchez, Laura Borràs y el resto de su partido en la más que difícil alternativa de lanzarse por el barranco de la tan cacareada como temida y esquivada vía unilateral o declararse igual de neo autonomista, o sea traidor sin excusas ni tapujos, como sus colegas de ERC.

Después del plantón gubernamental al proyecto de  Aena, no descarten tal posibilidad. Tampoco que, si se teme el desplante, Aragonès se adelante a propinar el portazo. Siempre, claro está, que los presupuestos ya estén aprobados, y en todo caso con las mismas consecuencias de  suprimir todas esas engorrosas máscaras.

La estabilidad, entendida como prolongación de la permanencia en el cargo, tiene siempre un precio. La moneda de cambio del mutuo paripé es la que ahora conviene a todos los implicados, pero pronto puede dejar de interesar, dados por un lado la imposibilidad de acuerdo en los temas fundamentales y por otro el desgaste que supone al PSOE y a ERC disimular contra toda evidencia.

Aunque intentan que no sea dicho, el actual govern de la Generalitat es de tecnócratas. La política les viene tan grande que podrían intercambiarse las conselleries, las de ERC a JxCat y viceversa, sin que se notara.

Si de veras el Govern asume su condición, y los socialistas la suya, a lo mejor hasta consiguen pasar de los imposibles pactos de máximos a beneficiosos acuerdos prácticos, que no de mínimos. Queda pendiente, y de veras urgente, la reconducción y resolución de la ampliación del aeropuerto. Y decenas de cuestiones que, bien negociadas, repercutirían en beneficio de todos.

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