El coste económico del Gobierno nacionalista en Cataluña

La economía catalana ha experimentado un continuó declive que se ha acelerado en la última legislatura. Este es el coste del nacionalismo

Quim Torra en un acto el 28 de septiembre de 2020, cuando el Tribunal Supremo confirmó su condena por desobediencia | EFE/EF
Quim Torra en un acto el 28 de septiembre de 2020, cuando el Tribunal Supremo confirmó su condena por desobediencia | EFE/EF

El día 14 de febrero se celebran elecciones autonómicas en Cataluña tras una legislatura iniciada en 2017 que ha estado caracterizada por la deriva nacionalista y por el denominado procés. Indudablemente el nacionalismo ha provocado una fractura social dividiendo en dos a la sociedad catalana.

Cataluña tiene una riqueza en recursos naturales, una ubicación geográfica privilegiada y está dotada de factores de producción (mano de obra y capital) muy superior a la media española. Lo anterior se ha materializado en que ha sido la región con el mayor peso en la riqueza nacional y una renta por habitante superior a la media española.

Sin embargo, la economía catalana ha experimentado un continuó declive que se ha acelerado en la última legislatura. Este es el coste del nacionalismo.

La teoría económica explica cómo el factor que determina el distinto desarrollo de los países es la calidad de las instituciones. La calidad institucional se refleja en que países con similares recursos naturales y geográficos hayan experimentado un distinto nivel de desarrollo económico.

A todos nos vienen ejemplos a cabeza de países. Venezuela o Argentina e Italia tienen un nivel de desarrollo muy inferior a la riqueza de sus recursos naturales.

Cataluña desde el año 2017 ha sufrido una pérdida paulatina de su riqueza per cápita, en relación a la media nacional al pasar del 119,5% en 2016 al 117,8% en 2019, según los datos del Instituto Nacional de Economía (INE); es decir, el diferencial se ha reducido.

Ello es debido a que en todos los años de este período la economía catalana ha crecido por debajo de la economía española Las provincias con mayor peso del nacionalismo, Girona y Lleida, han sido las economías que más caída han sufrido en estos años.

Por otra parte, la gestión nacionalista se ha visto acompañada por un fuerte aumento del desequilibrio de las finanzas públicas. El endeudamiento del gobierno autonómico se ha multiplicado por tres en la última década al pasar del 10% del PIB Catalán en 2008 al 33% en 2019 muy superior al 14% de la Comunidad de Madrid.

La contribución per cápita de Cataluña es muy inferior a la de Baleares o Madrid

El desequilibrio de las finanzas públicas es debido a que el nacionalismo se materializa en un mayor gasto público no productivo en actividades relacionadas con el separatismo.

Sirva como ejemplo que en el período 2017-2020 el presupuesto de Presidencia de la Generalitat se incrementó un 48% y el gasto de personal  ha pasado del 31,7% al 33,7% del total del presupuesto consolidado no financiero mientras que la inversión en  I+D+i ha descendido.

El mayor gasto público se refleja en mayores tipos impositivos y en la creación de una amalgama de tributos propios. Así, el tipo mínimo del impuesto sobre la Renta es tres puntos superior en Cataluña que en Madrid y el máximo 4,5 puntos superior. Además de mantener los anacrónicos impuestos sobre el Patrimonio y Sucesiones.

En este marco surge el argumento de los nacionalistas “España nos roba”; es decir, aportamos mucho más de lo recibimos. Por consiguiente, una Cataluña independiente tendría más recursos y más riqueza. La balanza fiscal que pública la Generalitat cifra en un 8% del PIB catalán el saldo fiscal negativo, entre lo que contribuye y  lo que recibe.

Sin embargo, debemos resaltar que la confección de las balanzas fiscales no es el resultado de una operación aritmética. Por el contrario, es un ejercicio complejo y su resultado depende la metodología utilizada. Así, la Generalitat utiliza en sus cálculos el flujo monetario que no tiene en cuenta el gasto en políticas nacionales (defensa, exterior y estructura del Estado).

Repartiendo el gasto en políticas nacionales siguiendo el criterio de población (criterio de carga-beneficio) el saldo de la balanza fiscal se reduciría aproximadamente a la mitad hasta situarse por debajo del 5% del PIB, hasta aproximadamente 1.100 euros por habitante en el año 2013. Una contribución per cápita muy inferior a la de las Islas Baleares o Madrid.

El saldo de la balanza fiscal sería consecuencia de una mayor contribución vía de impuestos al peso por población que le corresponde a Cataluña a nivel nacional. Así, la población de Cataluña representa el 16% del total nacional y la contribución a los impuestos estatales es del 20%.

Lo anterior es debido al carácter progresivo de los impuestos directos y, por otra parte, a un efecto de deslocalización al ingresarse tributos que realmente no se soportan realmente en el territorio.

Los costes de una imposible separación de España serían insoportables

Así, existe un ruido, en los ingresos por IVA que representan en Cataluña el 24% del total estatal que no se corresponde con su nivel de actividad y renta. Eliminando este ruido,, el saldo real de la balanza fiscal sería aproximadamente del 3% del PIB catalán y menos de 900 euros per cápita.

Por último, resaltar que los costes de una imposible separación de España serían insoportables por gastos de que tendrían que acometer en políticas nacionales (defensa o exterior, etc.), por la deslocalización de la producción y la pérdida de recursos productivos como la población.

Además, la ruptura supondría la salida de Cataluña de la Unión Europea y del euro, elevando de forma notable los costes de la financiación pública y privada. La vuelta a las barreras arancelarias sería especialmente perjudicial para una economía tan abierta como la catalana.

Las elecciones catalanas del domingo estarán marcadas por el eje separatismo-constitucionalismo. Los catalanes tendrán que decidir entre si creen que la deriva separatista se va a materializar como les prometen en un aumento de su riqueza y  bienestar, o apostar por estar en España y Europa (olvidando la quimera separatista) aprovechando sus recursos naturales y productivos para ser el motor del crecimiento de España.