El ‘gironazo’ de Pablo Iglesias

La relación entre Francisco Franco y José Antonio Girón de Velasco recuerda la relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

El vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias. Foto: Efe
El vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias. Foto: Efe

Parece increíble, pero es verdad. La relación entre Francisco Franco y José Antonio Girón de Velasco recuerda la relación entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Ya sé que entonces España era una dictadura y hoy –pese a lo que diga Iglesias– es una democracia plena.

En cualquier caso, existe una simetría –correspondencia formal– en las relaciones entre el entonces jefe del Estado y su ministro de Trabajo y el hoy presidente del Gobierno y su exvicepresidente.

Como también existe una simetría entre la demagogia y el populismo de Girón de Velasco y la de Iglesias. Cosa que permite hablar del “gironazo” de Iglesias. Vayamos por partes.

Dictaduras y democracias

Los políticos con voluntad de supervivencia –gobiernen una dictadura o gobiernen una democracia– suelen dedicar parte de sus esfuerzos a procurar el bienestar de la población. Son conscientes de que el bienestar puede legitimar, o dar carta de naturaleza, a cualquier régimen político.

La España de Franco y la España de la Transición –lo mismo puede decirse de la España democrática de hoy– entendieron perfectamente –cuestión de supervivencia política– el papel del bienestar.

De ahí que la España franquista recurriera a la demagogia de un José Antonio Girón de Velasco cuyo discurso se vertebra alrededor de la “protección” y el “subsidio” de la familia, de la mujer, de la maternidad, del trabajador, de la desocupación, del enfermo, del accidentado, del inválido, del anciano. A lo que hay que sumar la “protección” y el “subsidio” frente a cualquier “infortunio” (Orientaciones sociales del Gobierno, 1944).

Por eso, la España franquista implementa el Seguro de Enfermedad (1942), el Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez (1947), la Ley de Bases de la Seguridad Social (1963), la Ley General de la Seguridad Social (1966) o la Ley de Financiación y Perfeccionamiento de la Acción Protectora (1972).

De ahí –del pasado al presente inmediato– que el Gobierno de Sánchez acepte la demagogia de un Iglesias y Unidas Podemos que promete “salario mínimo interprofesional de 1.200 euros”, “ingreso básico garantizado”, “acabar con la brecha salarial”, “fortalecer las protecciones por desempleo”, “protección especial por desempleo para jóvenes”, “jornada laboral de 34 horas semanales”, “prestación para el cuidado de niños”, “garantizar alquiler estable, asequible y seguro” o “disfrutar de nuestra libertad sexual” (Para un nuevo país, 2019).

Por eso, el Gobierno de Sánchez –ni más ni menos que 39 decretos de “urgente necesidad” en 2020– aprueba decretos, decretos leyes y leyes sobre emisión de gases, transacciones financieras, sanidad, educación, eutanasia, desempleo, salario mínimo o ingreso garantizado. A lo que hay que añadir reglamentos contra legem que se aprueban gracias al déficit de garantías que tolera del estado de alarma.

El ‘gironazo’ como golpe mediático y político

La demagogia y el populismo. Todo por la Revolución, sea falangista, comunista o socialista. Todo por el pueblo. Todo por el bienestar de la población. Así se legitima un Régimen.

Pero la demagogia y el populismo tienen sus límites. No todo es posible. Ni conveniente. Hay que abrirse a la complejidad. Llega un momento en que el demagogo y el populismo sobran. Ante la “traición”, los demagogos y los populistas levantan la voz. Llega el “gironazo”.

El primer “gironazo” lo desencadena Girón de Velasco el 28 de abril de 1974 en el diario Arriba. El falangista –“vivimos tiempos difíciles” y “no seremos derrotados por la confusión orquestada, el desorden, corrupción, egoísmo, insolidaridad, desentendimiento”– arremete contra los “falsos liberales” y las “maniobras sinuosas” al tiempo que reivindica la “Revolución Nacional” y los “valores permanentes de nuestra Doctrina”.

Girón de Velasco e Iglesias son demagogos y populistas y han sido utilizados por el poder

El segundo “gironazo” lo desencadena Iglesias en un vídeo grabado en el despacho de la vicepresidencia del Gobierno. El comunista –“la democracia está amenazada por una nueva derecha trumpista”– afirma que hay que “tener valentía para dar la batalla que hay que dar” y concluye que “será un honor ocupar un puesto en el que ahora puedo ser más útil, como madrileño y como antifascista”.

Si a Girón de Velasco le mueve el afán de atacar a los ministros aperturistas del gobierno de Franco, a Iglesias le empuja el deseo de salvar a Podemos como vía para salvarse a sí mismo. Si Girón de Velasco da un golpe mediático, Iglesias da un golpe mediático y político.

¿Qué esconde el ‘gironazo’ de Iglesias?

Iglesias quiere salvar a Podemos del descalabro final que se avecina en las elecciones a la Comunidad de Madrid; quiere expiar su fracaso político –un partido en claro declive en toda España– enfrentándose a la estrella emergente de la derecha; quiere –reforma del alquiler, derogación de la legislación laboral y reformulación de las pensiones– romper desde fuera el Gobierno de Sánchez; quiere absorber Más Madrid por la vía de la coalición; quiere quemar –políticamente hablando– a una Yolanda Díaz que le hace sombra.

Correspondencias

José Antonio Girón de Velasco y Pablo Iglesias tienen correspondencias formales.

Ambos militan en organizaciones juveniles radicales (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista y Unión de Juventudes Comunistas de España), creen en la Revolución, están endiosados, se instalan en el búnker, desconfían de la democracia liberal, apuestan por la depuración ideológica, son demagogos y populistas, frecuentan el caudillismo, han sido utilizados por el poder y son un par de empecinados condenados al fracaso.

El “gironazo”, ¿lo más parecido al cante del cisne? Ni siquiera eso. El cisne no canta. El cisne vozna. Es decir, emite una voz bronca. Bronco: desagradable, áspero, tosco.

Miquel Porta Perales