En la frontera de Marlaska y Robles
Marlaska y Robles no dicen cosas distintas sino que con sus declaraciones públicas construyen un escudo de protección para justificar lo que ha acontecido en Ceuta
Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, afirmó que «no había ningún informe que atisbara que el día 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció». Margarita Robles, días después, explicó: «El día 29, esos funcionarios (miembros del Centro Nacional de Inteligencia destinados en Ceuta) que estaban allí trasladan y dan cuenta a la Delegación del Gobierno de una comunicación para el día siguiente para poder entrar a nado». Posteriormente, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, manifestó en una entrevista en la Cadena SER: «El CNI compartió informes de situación, pero no hubo información que advirtiera de la gravedad de la crisis».
El día 30 de julio, un día después, entre 70.000 y 80.000 migrantes cruzaron la frontera marroquí para llegar a Ceuta de forma ilegal. 82 personas murieron al intentar llegar a la costa y se estima que la cifra puede elevarse a 150 víctimas si incluimos los cadáveres recuperados en Marruecos.
Pasados treinta y cuatro días, los habitantes de Ceuta siguen sin poder recuperar sus vidas, sin saber cómo ha podido ocurrir que alrededor de 70.000 personas de nacionalidades de países como Marruecos, de la franja geográfica del Sahel o del África subsahariana hayan podido entrar con muy poca oposición.
La pregunta, si bien a día de hoy sigue sin tener una respuesta clara y verificable, ha llevado al ministro del Interior y a la ministra de Defensa a tener que dar explicaciones.
Lo interesante de las posiciones contrarias o contradictorias de Marlaska y Robles es que nos permiten fijarnos en el espacio que está entre no tener la información y haberla dado. El espacio construido por ambos ministros al indicar, uno que no actuó porque no tenía ningún aviso y la otra que sí había dado la información para poder hacerlo, es el lugar donde debemos mirar para saber realmente lo que ha ocurrido. Así pues, en el espacio entre una cosa y la otra se puede atisbar que lo que pretenden decir Marlaska y Robles es que lo importante es encontrar una salida para no tener que asumir ningún tipo de responsabilidad, ni ellos ni el Gobierno en su conjunto. Al poder sostener que no se actuó porque no se tenía la información y, a su vez, que se tenía toda la información, pero que no se pusieron las medidas para evitar la «invasión», lo que se observa entre una explicación y otra es un vacío que deja a los ciudadanos atrapados en él. De esta forma, toda la opinión pública se encuentra intentando descifrar el vacío, lo que éste contiene, especulando sobre quién tiene y quién no tiene razón. Se logra incluso crear la ilusión de que el Gobierno actuó hasta donde pudo, a pesar de no tener la información, al mismo tiempo que el Gobierno hizo lo que pudo con la información de la que disponía. Podríamos llegar a formular, bajo dicho prisma, que Marlaska y Robles no dicen cosas distintas sino que con sus declaraciones públicas construyen un escudo de protección para justificar lo que ha acontecido en Ceuta.
Nada protege más al Gobierno ante los ciudadanos y la opinión pública, para evitar asumir responsabilidades por la crisis en Ceuta, que el hecho de sostener al mismo tiempo que no se sabía y que sí se sabía lo que iba a ocurrir. Nada compromete menos que hacer posible lo imposible: que ocurrieran las dos cosas a la vez.
El pintor francés Braque, uno de los padres del cubismo, al observar que «lo que está entre la manzana y el plato también se pinta», no podía llegar a imaginar que, en el campo de la política, se lograra que los espectadores centraran más su atención en lo que está entre la manzana y el plato y no en éstos, que son los protagonistas de su obra.