La foto de Colón ya no cuela

Iglesias y Sánchez juegan a la crispación mientras Gabilondo permanece detrás ante el más que probable descalabro socialista en Madrid y la victoria, cada vez más holgada, de Ayuso

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El presidente de Vox, Santiago Abascal; el líder del PP, Pablo Casado; y el de Ciudadanos, Albert Rivera, posando junto a otras personalidades en la concentración en la plaza Colón de Madrid contra el diálogo de Pedro Sánchez con los independentistas

A la desesperada. Sánchez e Iglesias se han puesto de barro hasta la cintura en la campaña electoral de Madrid. Uno desde la Moncloa, otro desde las radios y las televisiones afines. El ex vicepresidente de gobierno quiso alterar el debate desde el primer día. Justificando la violencia que empezó a sufrir Vox en sus primeros mítines y forzando cordones sanitarios a la derecha. Pero todas las encuestas han pronosticado una mayoría sobrada para Isabel Diaz Ayuso.

Y auguran un descalabro del socialismo reconvertido al ‘sanchismo’. Ni el giro radical del Psoe en medio de su campaña errática ni la desesperación de Iglesias queriendo implicar a la Corona en su exhibicionismo delirante, están logrando cambiar la tendencia de voto. De momento.

Lo que se percibe en el mundo demoscópico es que el ‘ayusismo’ atrae al electorado por encima de las siglas del PP. La batalla ideológica que Pablo Casado desechó cuando la planteaba Cayetana Alvarez de Toledo, la está librando Isabel Diaz Ayuso. Con el Zendal, la apertura de comercios y hostelería en un sostenido equilibrio con las proclamas de libertad frente al intervencionismo. La cultura del esfuerzo y la bajada de impuestos. La educación pública y la privada. Como la sanidad.

Iglesias marca el tono de la crispación y Sánchez le sigue el ritmo

En campaña no debería valer todo. Pero en este país se han traspasado las líneas rojas desde que Podemos aterrizó en la política. ¿Quién trajo los escraches a España? ¿Quien rodeó al Parlamento? ¿Quien se emocionaba cuando apaleaban a un policía? Pablo Iglesias estrenó su candidatura en estas elecciones autonómicas queriendo meter en la cárcel a Isabel Diaz Ayuso. ¿Cuál ha sido su oferta electoral?

Ya se vio en el debate de televisión. Cero gestión (de la que nada sabe y se desentiende) y mucho lenguaje de trinchera. Hablando de franquismo y fascismo para quedarse apoltronado en el choque de bandos de la guerra civil y desempolvar el poso de odio que había sido definitivamente enterrado con la Transición del 78. La democracia de nuestro país está muy bien defendida por las fuerzas constitucionalistas. Pero desde el populismo y el secesionismo (los socios que apuntalan al gobierno de la Moncloa) están conspirando para socavar sus cimientos más sólidos en plena pandemia.

Iglesias ha ido marcando el tono de la crispación pero Sánchez le ha seguido el ritmo. Se ha implicado tanto el presidente en esta campaña trufada de errores que ha teledirigido a su candidato a imagen y conveniencia de sus necesidades. Pero no le ha funcionado a Sánchez tanta agitación para recrear una especie de peligro virtual. La foto de Colón ya no cuela. Y la gestión de las amenazas por carta se les ha ido de las manos.

Ni fascismo ni amenazas, lo que de verdad preocupa a Sánchez es Ayuso

Ha contrariado a muchos de sus seguidores. La utilización de la ministra Maroto de su misiva de amenaza, navaja incluida, para inculpar a la extrema derecha del desahogo de un enfermo mental fue una de esas torpezas que desmovilizan. Iglesias, que hace tiempo hacía gala de no airear amenazas por tratarse de un “rollo victimista”, se ha acabado convirtiendo en un exhibicionista “llorón” como él denominaba a los políticos que contaban su vida.

Detrás de Iglesias, siempre detrás, aparece el diletante Gabilondo. El candidato socialista abandonó la moderación para cambiar de tercio y apuntarse a la política del “cordón sanitario”. Y los mensajes antifascistas , de repente, se apoderaron de su verbo. Pero no es Vox lo que le inquieta a Sánchez. Es Ayuso revalidada como presidenta de la comunidad de Madrid lo que le quita el sueño.

Que la líder del PP pueda obtener la mayoría suficiente como para gobernar en solitario sin tener que depender de Vox. Quizá con un apoyo exterior. En ese caso, salvo que Sánchez quiera meter a Díaz Ayuso en el saco del ‘fascio’ ,se le caería el tinglado.

Las cañas se tornan lanzas para la extrema izquierda que capitanea Iglesias seguido del Psoe y Más Madrid. Tanto es así que el gobierno de la Moncloa empieza a tomar distancia de su propio planteamiento inicial. Ahora rechaza que estas elecciones autonómicas se debieran leer en clave nacional. A buenas horas, Sánchez ¿Se trata, entonces, de reducir al fascismo solo en Madrid? Demasiado tarde.