La importancia de votar

Si en mayo la Covid-19 en Cataluña está igual que ahora o peor, ¿volveremos a retrasar las elecciones?

El vicepresidente del Govern en funciones de presidente, Pere Aragonès, durante una intervención ante la diputación permanente del Parlament, el 20 de enero de 2021 | EFE/QG
El vicepresidente del Govern en funciones de presidente, Pere Aragonès, durante una intervención ante la diputación permanente del Parlament, el 20 de enero de 2021 | EFE/QG

No respetar los valores de la democracia no es solo propio de una dictadura o tiranía sino también de cualquier forma de alteración del ejercicio voto de los ciudadanos.

Retrasar unas elecciones, según algunos partidos políticos, es un mal menor en comparación con los efectos negativos que produciría ir a votar en pleno impacto de la tercera ola de la pandemia.

Los argumentos se basan en la defensa de la salud pública, que peligraría si se fuera a votar el 14 de febrero, y en el hecho de que la alta abstención consecuente a la pandemia desnaturalizaría la votación.

Parece que los partidos políticos catalanes y españoles han olvidado que representan a los ciudadanos gracias a su voto y que la alteración de sus derechos supone un peligroso precedente para el futuro de la democracia en España.

Los argumentos del Gobierno para justificar retrasar las elecciones, decisión que comparten todos los partidos menos PSC, se basan en la siguiente apelación a los catalanes: “queremos salvar vidas y proteger el derecho al voto”.

¿Qué hubieran dicho los partidos catalanes si las elecciones de EEUU se hubieran retrasado? Dichas elecciones se celebraron en plena segunda ola de la pandemia y con unos niveles de contagio muy superiores a los que se están dando en Cataluña.

La decisión responde a razones políticas más que sanitarias

La respuesta entonces hubiera sido que la democracia norteamericana se estaba deteriorando. El argumento de querer “proteger el derecho al voto” no contempla que la abstención es un derecho que tiene todo ciudadano pues, a diferencia de otros países, en España no es obligatorio votar.

Plantear que con el cambio de fecha se protege el voto con la hipótesis de que en mayo se estará en mejores condiciones para votar es una conjetura que debería llevar a hacernos la siguiente pregunta: si en mayo estamos igual que ahora o peor, ¿volveremos a retrasar las elecciones?

Y, si no se desconvocan, ¿querrá decir que el Gobierno de la Generalitat no priorizará salvar vidas y proteger el derecho al voto? Todo ello nos lleva a sospechar que esta decisión equivocada responde a razones políticas más que sanitarias.