La pedagogía progresista llega a la universidad
Les deseo que se acerquen lo máximo posible a los modelos del MIT, Cambridge, Oxford o Stanford
Según parece, la pedagogía progresista llegará más pronto que tarde a la universidad de la mano de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. En efecto, la UPF anuncia una “revolución educativa” que tomará cuerpo y forma en un par de años.
La substantividad de dicha revolución es la siguiente: los estudiantes harán la mitad o menos de clases magistrales, actividades fuera del horario lectivo, habrán más sesiones en grupo en las que el profesor será un coach, se programarán menos exámenes tipo test y más reflexión y participación en el aula.
El modelo que inspira la revolución educativa: las escuelas e institutos de educación secundaria de España –sospecho que especialmente Cataluña- y los centros internacionales de prestigio como el MIT, Cambridge, Oxford o Stanford. Todo ello, con la idea de diseñar un modelo universitario “de cara al futuro”.
Según advierten el comisionado de comunicación y educación de la UPF, así como el vicerrector de innovación de la misma universidad, ello tendría que ver –la revolución educativa- con la enorme capacidad de atención, la manera de trabajar y la voluntad de reflexión del alumnado.
En suma, una “actitud diferente en clase” de los alumnos que “llegan con dinámicas que no se ajustan a lo que la universidad podía ofrecer”. O lo que es lo mismo, “en plena sociedad de la información y la comunicación, la adquisición de conocimiento es diferente y las universidades nos tenemos que adaptar a los nuevos momentos y actualizar nuestros modelos de aprendizaje”. Sobre todo -añaden- cuando también han cambiado las industrias, que piden profesionales versátiles que puedan hacer trabajos transversales. Corolario: la universidad ha de adaptarse a la dinámica industrial. Todo un descubrimiento.
La revolución educativa de la UPF ya tiene in mente el camino que seguir: potenciar la participación activa de los estudiantes, mantener la clase magistral siempre que tenga sentido, impulsar el aprendizaje vía proyectos y resolución de problemas, avanzar hacia una personalización de los estudios y más horas de seminario, laboratorio o simulación. Brillantes, las conclusiones de los innovadores: “el aprendizaje es mejor cuando es una experiencia práctica” y “las metodologías docentes han ido siempre por un lado y la investigación por otro.
Tenemos que conseguir que la investigación que hacen nuestros profesores revierta en nuestros contenidos docentes”. Ítem más: el conocimiento hay que transferirlo a la sociedad.
«Sorprende que una universidad de prestigio como es la UPF desprecie la clase magistral que está en la raíz de la transmisión verbal del conocimiento»
Me olvidaba –perdonen ustedes- de un detalle importante: los alumnos tendrán un pasaporte o currículum que registrará no solo las asignaturas cursadas, sino también las competencias y actividades complementarias adquiridas, fuera del horario académico, como teatro, ligas de debate, cursos de idioma o deportes.
Que conste, subrayan los profesores renovadores que quieren revolucionar la educación: “hacer teatro dará créditos y quedará registrado para acreditar que el estudiante se forma en espacios no formales”.
Sorprende que una universidad de prestigio como es la UPF desprecie la clase magistral que está en la raíz de la transmisión verbal del conocimiento. Una clase magistral que despierta el afán de saber y despierta el apasionamiento por el conocimiento.
Sorprende que se recurra a la pedagogía infantiloide –eso sí, muy progresista y con el ambiente de los falansterios de Charles Fourier- de las escuelas e institutos de educación secundaria de España con sus proyectos incluidos y la pésima clasificación obtenida –especialmente en la Cataluña en la cual se inspiran y está en la cola del conocimiento adquirido- en PISA.
Sorprende que no se acepte el hecho de que la pedagogía progresista de secundaria ha conseguido que el primer año de estudios universitarios se dedique a aprender lo no aprendido durante el bachillerato. Sorprende que se recurra al requiebro de la enorme capacidad de atención, la manera de trabajar y la voluntad de reflexión del alumnado cuando la tasa de abandono durante el primer año universitario alcanza el 22 %. Sorprende que se recurra al tópico –de cara al futuro- de la industria y la sociedad de la información y la comunicación.
Concluyen los renovadores que “un indicador que probará si lo hemos hecho bien es que en dos años venga mucha gente de todo el mundo a ver nuestro modelo docente”. Les deseo toda la suerte del mundo. Les deseo que se acerquen lo máximo posible a los modelos del MIT, Cambridge, Oxford o Stanford. La UPF se lo merece. Para ello, no hay que confundir la involución educativa con la revolución educativa.