La victoria de la opinión sobre los datos

Los últimos grandes debates que afectan a la vida de los españoles han acabado enfrentando posiciones ideológicas encontradas, mientras que se ignoran los datos objetivos a la hora de tomar decisiones

el congreso guarda un minuto de silencio durante una de sus sesiones
El Congreso guarda un minuto de silencio durante una de sus sesiones / EFE

Cada nuevo debate que surge en la política española se salda esgrimiendo argumentos y opiniones que chocan con la realidad. La pregunta que debemos hacernos es la siguiente: Si tenemos todos los datos para tomar una decisión ¿Por qué dejamos que sean nuestras opiniones, nuestro punto de vista, los que decidan qué hacer?

El debate sobre la ampliación del aeropuerto de Barcelona, la subida de los costes de la electricidad, la reforma de las pensiones o la subida de los salarios se acaba centrando en analizar las opiniones de los dirigentes políticos y no en los datos técnicos que manejan los expertos.

En la gestión de la pandemia, el gobierno dejó que fueran los expertos sanitarios quienes decidieran las medidas sanitarias que se debían aplicar mientras que para otros asuntos se evitan las declaraciones de los técnicos de cada sector. La gestión de la Covid está permitiendo aflorar una determinante cuestión que debe ser contestada: ¿Cómo se gestionan los miles de datos que generamos a la hora de tomar decisiones que afectan a los ciudadanos?

Hace una semana, al discutir cómo llevar adelante la gestión de la mesa de diálogo, se apeló a la necesidad de adoptar una metodología de trabajo para llevar a buen puerto las negociaciones. Una vez se acabó la reunión, nadie estableció metodología alguna y se valoró que la mejor forma para abarcar la negociación es ir paso a paso sin marcarse ninguna exigencia metodológica que facilite verificar los resultados.

Es un claro ejemplo de cómo la política evita estar fiscalizada por los datos mientras que los utiliza para legitimar las tomas de decisiones políticas que afectan a los ciudadanos. Mientras el mundo es mesurado por sensores, drones, algoritmos, cámaras y ordenadores, el campo de la política busca evitar su control.

Los ciudadanos no tardarán mucho en preguntarse porqué no avanzamos hacia una gestión de los problemas basada en lo que dicen los datos y evitar los debates ideológicos para tomar la dirección objetivamente adecuada.

Fèlix Riera