Las reglas fiscales: lo que Sánchez olvidó leer

Tras dos crisis, los socialistas españoles y Sánchez aún no han entendido que el pacto de estabilidad y las reglas fiscales previenen las situaciones de crisis y no derivan de políticas estrictamente “neoliberales”

Ha resultado curioso observar, esta semana, como el socialdemócrata Scholz le explicaba al supuestamente socialdemócrata Pedro Sánchez, en las escalinatas de La Moncloa, que el pacto de estabilidad europeo y las reglas fiscales es lo que ha permitido que en esta crisis los europeos hayamos podido solicitar crédito por valor de 750.000 millones de euros y que a consecuencia de ello a España lleguen 140.000 millones de fondos Next Generation.

Seguro que también le explicó que la estabilidad de las cuentas públicas alemanas y las políticas de un gobierno con participación del SPD es la que les ha permitido ser el país europeo que mayor volumen de ayudas públicas ha podido destinar a sus empresas; el que mayor rebaja de impuestos ha acordado para sus conciudadanos, 30.000 millones de euros y que fruto de todo ello Alemania es de los países que primeramente recuperarán su PIB pre-pandemia.

Que Sánchez no entendiera a Scholz o más bien discrepara, es decepcionante pero no es novedoso, se incardina en la tradición del socialismo patrio más cercano al populismo que a la socialdemocracia europea.

En efecto, los socialistas españoles ya han demostrado en dos ocasiones en nuestra historia reciente que la estabilidad y las reglas fiscales no es lo suyo y cada vez nos ha tocado volver a la disciplina presupuestaria y al control del gasto público para volver a crecer y generar empleo.

Derivado de la grave crisis económica, las altas tasas de paro y desequilibrios presupuestarios de la primera mitad de la década de los 90, tuvimos que devolver al país a la disciplina presupuestaria y las reformas con el resultado del crecimiento, la generación de empleo y la entrada en la Unión Monetaria cumpliendo todos los requisitos que los tratados imponían.

Igualmente, en 2012 como consecuencia de la gravísima crisis económica, las políticas descontroladas de gasto público y la masiva destrucción de empleo tuvimos que devolver el país a la disciplina presupuestaria, a las reformas estructurales de nuestra economía con el resultado nuevamente del crecimiento económico y la creación de empleo.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe este lunes en la Moncloa al nuevo canciller alemán, Olaf Scholz. EFE

Y ahora, en esta crisis, derivada de una pandemia sanitaria que creó un shock de oferta y demanda en nuestras economías, Sánchez pretende hacer lo mismo de siempre y reclama, en el debate europeo de las reglas fiscales, lo mismo de siempre, bajo los eufemismos de siempre para defender que las reglas y “….los criterios de sostenibilidad de las cuentas se juzguen a lo largo del ciclo económico…” o que “…las administraciones presenten cuentas saneadas en función de la posición cíclica de la económica”.

Todo ello –en el fondo- es volver a los fundamentos de la modificación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria española introducida por los gobiernos socialistas en 2006 cuando se abandonó la disciplina fiscal para introducir un importante margen de discrecionalidad política que buscaba una mayor flexibilidad legitimando mayor déficit público.

El resultado de aquello fue no tener ningún margen fiscal en la crisis de 2008 que permitiera a las administraciones ayudar a los ciudadanos, 16.000 millones de euros en recortes de mayo de 2010 y tres millones de parados más entre 2007 y 2011 pasando la tasa de paro del 8,6% al 22,5%. Un desastre.

Tras dos crisis, los socialistas españoles y Sánchez aún no han entendido que el pacto de estabilidad y las reglas fiscales previenen las situaciones de crisis y no derivan de políticas estrictamente “neoliberales” sino que en realidad, la estabilidad presupuestaria y las reglas fiscales, en particular, la regla de gasto son Keynesianas -de la parte de Keynes claro que los socialistas españoles o no han leído o suelen olvidar- ya que al permitir el crecimiento del gasto público en los términos en que lo haga el crecimiento PIB a medio plazo contribuye -en épocas de incipiente recuperación y crecimiento- a conformar un colchón para las Administraciones Públicas que les permita afrontar épocas de crisis.

En este sentido, la principal enseñanza de la anterior crisis -puesta de manifiesto en un Informe de la AIREF en tiempos de Escrivá- fue precisamente que si se hubiera seguido la regla de gasto por las administraciones en los años previos a la crisis de 2008 el esfuerzo en contención de gasto no hubiera sido tan extenso como tuvo que ser en plena crisis.

Es evidente que en esta crisis había que hacer un gran esfuerzo, aunque a Sánchez le cogiera a contrapié tras el descontrol de gasto y el inicio de desaceleración ya en 2019, y es evidente que determinados mecanismos de protección de rentas como los ERTE o las prestaciones por cese de actividad han funcionado razonablemente bien pero hay que entender que o hacemos las reformas estructurales que nuestra economía precisa acompañando la palanca de los fondos europeos o perderemos la oportunidad y que la estabilidad y el cumplimiento de nuestros compromisos garantiza que podamos responder cuando vengan mal dadas además de ser la mejor carta de presentación y de generación de confianza para crecer, crear empleo y mejorar la calidad del empleo que creamos.

No hay que ser alemán ni de los países del norte de Europa para entender esto basta leer la parte de Keynes que Sánchez olvidó leer.