Laura Borràs: la candidata hiperventilada

La candidata de JxCat representa a ese independentismo converso y convencido cuya elección ha desautorizado a los presos y a Puigdemont

La elección de Laura Borràs como candidata en las próximas elecciones catalanas por JxCat no ha sido una sorpresa. Borràs gusta al independentismo más hiperventilado. Su estilo, su forma de hablar, su decidido ataque a todo lo que suene a España, esa sintonía suya con las organizaciones movilizadoras de gente, como la ANC, y el traje de víctima que tanto funciona en la política catalana a raíz de las imputaciones por su presunta implicación en delitos de prevaricación, malversación de caudales y falsedad documental la convierten en idónea para ser votada por el separatismo utópico.

No era la candidata preferida de Carles Puigdemont. Sí de Quim Torra. Pero el primero tenía claro que su presencia de número uno en su lista a distancia era una apuesta segura a mantener el mismo tipo de hacer política y, al menos, tener opciones a una victoria, que en este momento parece difícil.

La fractura del independentismo es cada vez más clara. Sus objetivos políticos son los mismos, pero el camino por el que optan difiere. Puigdemont conoce a su simpatizante. No hay que olvidar que es un votante de nuevo cuño. Quiero decir cambiante. Su histórico ideológico no tiene más de ocho años. No hace mucho era nacionalista y votante de Jordi Pujol. Su cambio se ha producido ya mayorcito y no está dispuesto a reconocer que lo han engañado.

Ese perfil es el que en las primarias de JxCat votó a Borràs. Es un militante convencido. Tanto que ha decidido llevarle la contraria hasta a los mismísimos presos que públicamente apoyaron a Damià Calvet.

Es cierto que la imputación de Borràs puede resultar un problema grave para su carrera a la presidencia de la Generalitat. Pero también un atractivo. No hay como ser víctima de una acción delictiva impulsada por los tribunales españoles para acabar convertido en un adalid de la causa. Aunque existan todas las pruebas posibles en contra.

No hay como ser víctima de una acción delictiva impulsada por los tribunales españoles para acabar convertido en un adalid de la causa

De hecho, el líder de Ciutadans, Carlos Carrizosa, ya mostró ante la Cámara catalana las sospechas sobre los contratos concedidos a mano, y con datos no aportados por la Guardia Civil, sino por el CTTI que desde 2011 era el único organismo de la Generalitat que podía adjudicar trabajos de soporte informático. De esta forma, se lo pone difícil a la diputada Borràs para que arremeta contra la investigación ya que fue el propio CTTI el organismo que paralizó el pago al beneficiado por el contrato a dedo, Isaías Herrero.

Lo cierto es que estas irregularidades parecen motivar mucho más la estrategia que se esconde detrás de la elección de la militancia al optar por Laura Borràs. La posibilidad de que pueda acabar inhabilitada por estas acciones son un sueño dentro de la forma de pensar independentista. Víctima perfecta.

Pero no todo es concluyente. No hay duda de que el votante más agitador, normalmente asociado a la ANC o a Òmnium, se mantiene seducido por un perfil a lo Borràs. Pero el independentismo da para más patrones.

La entrada en las encuestas de la marca Pdecat ha puesto nervioso a más de uno. En la negociación de presupuestos, los diputados en Madrid ya marcaron un criterio propio, alejado radicalmente de todo lo que pueda oler a la impronta Waterloo. Y es ahí donde se evidencia que Borràs suma y resta. Porque el partido presidido por David Bonvehí y Ferran Bel traza una vía más cercana al pragmatismo que se intuye en ERC y rechaza el irrealismo mágico de JxCat.

Así la apuesta está echada y nadie sabe si la suya es la buena. La pandemia ha logrado que ni los trabajos demoscópicos con los que juegan estos tres partidos independentistas les ayuden a prever dónde se encuentra su voto. Y tampoco puede hablarse de cansancio. Sería un error. Quien se hizo ‘indepe’ lo sigue siendo, aunque la causa sea porque no ha habido nada suficientemente sugerente como para cambiar de opinión.