Liderazgos más allá de la M-30

Los presidentes autonómicos han sido la cara más amable de la política y han aportado serenidad, tranquilidad y buena gestión durante la pandemia

Pedro Sanchez en la Conferencia de Presidentes
El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en la conferencia de Presidentes / Moncloa

Los líderes autonómicos siempre han padecido la opacidad de gobernar más allá de la M-30, y es en parte, porque no existen todavía mecanismos de cogobierno regulares. Sin embargo, a raíz de la pandemia su protagonismo ha ido en aumento, en parte porque eran los máximos responsables de gestionarla, pero, además, porque en su mayoría han optado por un liderazgo tranquilo, conciliador que ha contribuido a un cierto apaciguamiento de la crispación política.

La cuestión territorial en España continúa siendo la gran asignatura pendiente. Somos un país federal, de facto, que de alguna manera se avergüenza de su condición, la esconde y, que la pone en cuestión desde los dos extremos, los recentralistas y los independentistas.

Más allá de Madrid

Así, nuestro estado de las autonomías constitucional sobrevive gracias a un engranaje difuso competencial que se va ejerciendo entre un fuego cruzado entre quienes piensan que no es suficiente y quienes aseguran que es demasiado. Este puede que sea uno de los principales motivos de la falta de protagonismo, de periodicidad y funciones del único órgano de coordinación entre ejecutivos federal que existe en España: la conferencia de presidentes.

Se creó en el 2004, pero desde entonces ha tenido diferentes estatus en la política nacional, y eso es porque solo se reúne cuando es del interés del presidente del Gobierno, el único que la puede convocar. Por ejemplo, Mariano Rajoy solo lo hizo una vez en dos legislaturas, y en cambio Sánchez, 15 veces en menos de un año.

El senado tampoco es una verdadera cámara de representación territorial, por lo tanto, en España tenemos unas comunidades autónomas con gran capacidad de gestión, con competencias importantes, sin embargo, no existe una agenda política y mediática del estado de las autonomías.

Somos un país federal, de facto, que de alguna manera se avergüenza de su condición

Lo que pasa fuera de la M-30 también importa. Esa es la reivindicación tradicional de los líderes territoriales que veían como cada vez más la política era aquello que pasaba en Madrid capital. En el km 0 se concentra el poder político, mediático, jurídico, bancario del país, en la mayor densidad de poder de toda la península. Sin embargo, las autonomías y sus ejecutivos han tomado un protagonismo inusual en los últimos meses al ser los responsables de la 2º y 3º ola de la pandemia.

La cogobernanza, palabrejo de la factoría monclovita para renombrar el ya conocido estado de las autonomías, ha puesto en el foco su capacidad de gestionar sus competencias y, por lo tanto, también en sus líderes políticos dibujando una España más plural con diversos acentos.

Así pues, los líderes regionales sin un órgano periódico que los sitúe en la agenda y con un poder absolutamente absorbido por la actualidad madrileña han ido creciendo política y mediáticamente, básicamente por oposición. Por oposición al gobierno nacional de turno que obviamente era del signo contrario al de su partido o bien por oposición al líder nacional de su propio partido.

El desequilibrio de poder entre Representantes autonómicos y nacionales

En el primer caso, la cuestión catalana resulta el ejemplo paradigmático, pero no se debe caer en el engaño de pensar que es la única. Cuando los signos políticos de los dos ejecutivos, regional y nacional, no coinciden, desde los gobiernos autonómicos se culpa a los presupuestos generales del estado o a su falta de voluntad y compromiso con la región; algo que se omite cuando coinciden.

En el segundo caso, se trata del ya tradicional baile orgánico de poder cuando existen una descompensación entre el territorial y el central, es decir, cuando existen presidentes autonómicos críticos con su líder y con más poder que ellos. Le pasó a Sánchez como jefe de la oposición con Susana Díaz de presidenta de Andalucía y le pasa a Casado con Moreno, Feijóo y Ayuso, todos presidentes de autonomías que gestionan más poder, competencias y dinero que su líder nacional.

En estos casos, se produce un desequilibrio entre autoridad y poder que genera distorsiones, es decir, Pablo Casado es el líder del PP y como tal, los presidentes autonómicos en tanto que miembros de la estructura orgánica son sus subalternos; sin embargo, ellos, en su vertiente institucional tienen más poder, rango y recursos que son aprovechados cuando quieren proyección mediática para discrepar de la dirección nacional.

Las presidencias autonómicas, la cara amable de la política española

Estas críticas suelen ser muy suculentas para la prensa nacional, por lo tanto, sus protagonistas suelen tener un eco mediático que de otra manera no tendrían. Sin embargo, los presidentes y presidentas autonómicos, en su gran mayoría, han sido la cara amable de la política, aportado serenidad, humildad y voluntad de coordinación como nunca en esta pandemia.

Sus intervenciones han contribuido a rebajar el tono agresivo al que nos ha acostumbrado el Congreso de los Diputados y su gestión, en la mayoría de los casos diligente y eficaz los ha situado como dignos gestores de sus competencias, frente a los discursos que afirmaban que las comunidades no tenían recursos humanos y técnicos para afrontar la pandemia.

Se ha demostrado que la gestión desde el conocimiento del territorio y sus necesidades es mucho más eficaz que una política centralista realizada desde un despacho del Km0 y que cuando uno no tiene el foco mediático todo el día apuntando, se permite realizar una política más dialogante, menos crispada y más conciliadora que la que los líderes de la política nacional.

* Este artículo forma parte del último número de la revista mEDium: “La irrupción del nuevo poder autonómico”, que puedes consultar y comprar online a través de nuestro portal: https://libros.economiadigital.es/libros/libros-publicados/medium-7/