El lobby pedagógico que hunde la educación en Cataluña

La Generalitat circula sin rumbo entre la espada del supremacismo pedagógico de la Associació de Mestres Rosa Sensat y la educación híbrida de la Fundació Bofill

Desde hace más de cien años, la escuela catalana es la víctima propiciatoria de los experimentos de la pedagogía progresista.

Mirando un siglo atrás, podríamos hablar de la Escuela Moderna de Francesc Ferrer i Guàrdia o de la Escola del Bosc de Rosa Sensat. En el primer caso, aires de Tolstói, Bakunin, Malatesta o Kropotkin. En el segundo, de Rousseau, Dewey, Decroly, Pestalozzi, Montessori, Freinet o Ferrière.

Mirando medio siglo atrás, nos encontramos con la Associació de Mestres Rosa Sensat, el Col·lectiu d’Escoles per l’Escola Pública Catalana, los Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya o la Federació de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya. Añadan la Escola Nova 21 comprometida también con el cambio. Más de lo mismo.

La democratización del analfabetismo

La pedagogía progresista catalana o un higienismo educativo que se empeña en reeducar al alumno convirtiendo la escuela en un falansterio en donde reina la apertura a la convivencia, la educación en valores, el trabajo de las emociones o la creación de un espacio de vida y una manera de vivir en donde realizar las capacidades.

La pedagogía progresista o adiós a la intensificación del conocimiento y la cultura del esfuerzo. El menosprecio del éxito, la excelencia, la competitividad, la autoridad del profesor, la práctica de la memoria, los ejercicios repetitivos, el aprendizaje de reglas, la repetición de curso o las alternativas curriculares distintas en función de la aptitud y actitud del alumno. Menos matemáticas y menos lengua en beneficio de unos Proyectos –colectivos- que rehúyen el conocimiento per se de las materias. Muchos valores: ¿quién los selecciona y con qué criterio?

Educación. Imagen: Freepik.

Un lirismo pedagógico que cosecha el analfabetismo secundario de unos alumnos que más o menos saben leer y escribir, pero son incapaces de comprender lo que leen y de expresarse correctamente, ya sea oralmente o mediante la escritura. La capacidad de abstracción brilla por su ausencia y los contenidos adquiridos hay que buscarlos con linterna o lupa. En contrapartida, mucha plastilina.

El culto a la diosa ignorancia

Una pedagogía progresista –apóstoles, predicadores o catequistas- que, además de convertir el aula en un falansterio –los últimos fourieristas de Occidente se encuentran en Cataluña-, ha elevado la ignorancia a categoría pedagógica. Un nuevo culto a la diosa ignorancia en nombre, paradójicamente, de la más moderna, activa y no directiva de las pedagogías.

La nueva escuela es la vieja escuela

En eso estamos cien años después de los primeros experimentos pedagógicos progresistas catalanes. La Nova Escola catalana es la Vieja Escuela catalana. Con una diferencia: el progresismo pedagógico catalán ha devenido un lobby –en nuestro caso, un duopolio- que presiona e influye en la política educativa de la Generalitat de Cataluña. Un duopolio que impone sus ideas. Así se entorpece y se hunde la educación en Cataluña.

La primera pieza del duopolio

La Associació de Mestres Rosa Sensat, en su declaración todavía vigente titulada Per un nova educación pública (2005), después de descalificar ásperamente una economía de mercado con su correspondiente escuela convertida en un “instrumento de normalización para gobernar a los niños, niñas y jóvenes en una ‘sociedad de control’ para preparar mano de obra que se adapte a la demanda del mercado”, apuesta por una nueva escuela pública, “porque sentimos la necesidad de compartir una nueva utopía educativa”. ¡Qué antiguos!

La Associació de Mestres Rosa Sensat concreta la naturaleza de dicha utopía: “educación en sentido más global y holístico, sin separar atención y educación, razón y emoción, mente y cuerpo. La educación como un proceso de construcción de conocimiento, valores e identidad. La escuela como espacio público de encuentro. Un lugar de investigación y creatividad, convivencia y placer, pensamiento crítico y emancipación”.

«La escuela catalana es la víctima propiciatoria de los experimentos de la pedagogía progresista»

La retórica –arrogancia, petulancia y supremacismo pedagógico- de la Associació de Mestres Rosa Sensat toma cuerpo –entre otros- en unos principios y “propuestas de acompañamiento”: “proyectar escenarios acogedores”, “educación socioemocional y en valores desde el Arte” o “aplicar las bases neurocientíficas que avalen la evaluación formadora como instrumento para aprender más, mejor y de manera más inclusiva, para caminar hacia un nuevo paradigma evaluador”. La nada nadea, sugeriría un positivista lógica.

Todo ello, por la vía del “trabajar de otra manera” que enlaza con el retroprogresismo pedagógico que se cita al inicio de estas líneas. Repito: la escuela catalana es la víctima propiciatoria de los experimentos de la pedagogía progresista. PISA es la prueba.

La segunda pieza del duopolio

La Fundació Bofill “imagina nuevos futuros”, “abre caminos” y quiere “seguir marcando la agenda educativa e imaginando las políticas necesarias para combatir las desigualdades sociales en nuestro entorno”. Para ello, ofrece “propuestas de cambio” en el Manifiesto titulado Apostem per la recerca per millorar el país que dirige al Govern de la Generalitat y al Parlament de Cataluña.

Resumimos: investigación educativa que aporte un conocimiento valioso y útil para afrontar los retos educativos, garantizar que el conocimiento generado se transfiere y llega a los actores clave del sistema, evaluar de forma sistemática y rigurosa las políticas educativas y garantizar que las evidencias se tienen en cuenta de manera sistemática en el proceso de formulación, diseño y revisión de las políticas educativas. Trivialidades.

Inasequible al desaliento, la Fundación Bofill plantea 16 propuestas en pro de unas “políticas educativas conectadas con el conocimiento”: financiación de la investigación estable, evaluar la investigación, reforzar y mejorar las condiciones de trabajo de los investigadores, vincular la investigación a las prioridades, transferir el conocimiento educativo, elaborar un libro blanco de la política educativa y, desarrollar el Observatorio de Equidad en el Sistema Educativo y una Agencia de Evaluación y Prospectiva de la Educación. Siguen las trivialidades.

La Fundació Bofill, de nuevo inasequible al desaliento, propone el Edcamp. Un modelo viral de aprendizaje. Esto es, un “encuentro abierto” para “compartir aprendizajes e inquietudes” y “transformar la educación”. Metodología: “aprendizaje entre iguales, conversación e intercambio de conocimientos”. Más trivialidades.

Novedad: la promoción de la “educación híbrida” –combinación de educación presencial y online– a través de “los 8 pilares del aprendizaje necesarios para las escuelas en plena transformación y digitalización educativa”: enriquecimiento metodológico, comunidades de aprendizaje, cultura del pensamiento crítico, nuevos espacios de aprendizaje, aprendizaje cooperativo, creatividad y dinámicas de trabajo de design thinking en las aulas, aprendizaje basado en proyectos y evaluación auténtica. Ustedes dirán.

Entre la espada y la pared

Entre la espada del supremacismo pedagógico de la Associació de Mestres Rosa Sensat y la educación híbrida de la Fundació Bofill, entre estos lobbies, circula sin rumbo una Generalitat de Cataluña –como Ulises entre Escila y Caribdis- incapaz de elaborar un proyecto propio. De ahí, que escuche y copie a uno y otro lobby pedagógico.

El COCOBE y el móvil

Por si fuera poco, la Generalitat de Cataluña ha implementado el popularmente denominado COCOBE (Coordinador de coeducación, convivencia y bienestar emocional) con la misión de introducir el tema de la ciudadanía democrática, la consciencia global o el bienestar emocional en el aula. Lo que faltaba a una política educativa cuya prioridad es, hoy por hoy, la regulación del teléfono móvil en la escuela.

Los pedagogos y los políticos

La pedagogía progresista afirma que se trata de insertar al alumno en la realidad plural y compleja que le rodea. Pero, ¿cómo insertar primero a dichos pedagogos –añadan políticos afines- en la realidad?

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