Los catalanes tienen piernas y necesitan oxígeno para vivir

Al nacionalismo catalán hay que recomendarle que salga a la calle para así percibir cómo es la gente y para escuchar las lenguas que habla

Entre los muchos eslóganes que el nacionalismo catalán ha puesto en circulación en el mercado con el objeto de promocionar su causa, hay un par que son dignos de análisis. Primero: los catalanes tienen sus raíces. Segundo: los catalanes han de vivir en catalán. Falso. Primero: los catalanes no tienen raíces, sino piernas. Segundo: los catalanes, para vivir, no necesitan la lengua catalana, sino el oxígeno.

El despotismo de la identidad en Cataluña

Cuando el nacionalismo catalán habla de las raíces de los catalanes, se está refiriendo a la existencia de una identidad propia y diferenciada de la española. Falso.

¿Qué ocurre en Cataluña? El nacionalismo catalán practica el despotismo de la identidad. La lección la tiene bien aprendida y la recita cuando le conviene, es decir, siempre: Cataluña –dicen- es una nación dotada de una identidad propia. Dejando a un lado la cuestión de si Cataluña es o no una nación, ¿estamos seguros de que Cataluña tiene una identidad propia? Falso por partida doble.

El nacionalismo catalán practica el despotismo de la identidad

En primer lugar –aceptando, a efectos expositivos, que las naciones tienen tout court una identidad propia y diferenciada-, resulta que la identidad no se tiene, sino que se construye a la carta. Esto es, al gusto del constructor y consumidor nacionalista de identidades nacionales. En el caso que nos ocupa, la identidad propia catalana es la invención de una Reinaixença –el romanticismo catalán del siglo XIX-, enferma de pasado -la cosa continúa-, que incluye/excluye determinados rasgos “nacionales” a mayor gloria de los intereses/intenciones antiespañoles del fabulador de turno.

En segundo lugar, en Cataluña –seguimos aceptando la identidad propia/diferenciada- existe una pluralidad identitaria evidente: catalana, española y un largo etcétera. Por mejor decirlo, en Cataluña, de hecho, hay tantas identidades como ciudadanos: 7.739.758, según el Idescat (1/1/2021).

La identidad de Cataluña no existe

El despotismo de la identidad –esa afirmación heráldica propia del nacionalismo catalán- margina a aquellos ciudadanos que no cumplen los criterios definidos por los definidores oficiales de la identidad nacional catalana.

Si alguien quiere hablar de la identidad catalana –los nacionalismos necesitan ficciones para vivir y sobrevivir-, que lo haga. Pero, al nacionalismo catalán hay que recomendarle que salga a la calle para así percibir cómo es la gente y para escuchar las lenguas que habla. Si eso hiciera, se daría cuenta de que no hay, por así decirlo, ninguna identidad catalana propia. La identidad de Cataluña no existe. Las abstracciones no tienen identidad. Quienes sí tienen identidad son los individuos. Una identidad individual que, con el paso del tiempo, puede cambiar una y otra vez.

A quienes, a pesar de todo, se empeñen en hablar de la identidad de Cataluña, hay que contestarles que se trata de una identidad, no propia de Cataluña, sino impropia de Cataluña según el canon excluyente nacionalista. ¿O es que hay alguien que comulga con la idea según la cual la identidad de los pueblos –o de las naciones- es diferente de la de sus ciudadanos? Cuando el nacionalismo catalán entienda que Cataluña no es como la piensan/quieren, quizá comprenderá la Cataluña real en donde viven y andan unos catalanes que no tienen raíces, sino piernas.

Reclama tu derecho a vivir plenamente en catalán

Semejante sandez -que atenta contra el sentido común y los principios elementales de la semántica, pero no contra las leyes fundamentales del nacionalismo excluyente- propone la Plataforma per la Llengua –“la ONG del catalán” teledirigida por el nacionalismo catalán- en su campaña contra el 25 por ciento de lengua española en la escuela catalana. Una sandez que viene de antaño, cuando el nacionalismo lingüístico catalán se promocionaba vía consignas como “Queremos vivir en catalán”, “Contagia el catalán” o “El catalán, cosa de todos”.

Ahora, la Plataforma per la Llengua, ante la “emergencia lingüística”, responde con un “actívate por la lengua” que implica “hablar en catalán sea cual sea la lengua de tu interlocutor”, “escoger aquellas opciones que disponen del catalán en los diversos productos y servicios”, “pedir el catalán en aquellos servicios y establecimientos donde no está disponible”,

“Reclamar tu derecho a vivir plenamente en catalán” y “explica a tu entorno porque la lengua se encuentra en una situación de emergencia lingüística y porque es necesario, ahora más que nunca, actuar con consciencia lingüística”.

¿Hay qué liquidar el castellano?

El objetivo no es la reclamación del derecho (?) a vivir (?) plenamente (?) en catalán (?). El nacionalismo catalán sigue empeñado en su particular cruzada contra el uso de la lengua española en Cataluña. Por eso y para eso se aprobaron leyes como la Ley de Normalización Lingüística en Cataluña (1983), la Ley de Política Lingüística (1998), algunos artículos del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006, la Ley de Educación de Cataluña (2009) o la Ley de acogida de las personas inmigradas y las retornadas a Cataluña (2010). Leyes que en parte fueron declaradas anticonstitucionales y sentencias que la Generalitat ha ido incumpliendo.

¿Vivir plenamente en catalán? La respuesta la encontrarán ustedes en el año 1977, en plena Transición. En el número 6, julio-agosto de 1977, de Taula de Canvi, revista “teórico-política y cultural”, se encuesta a una serie de conocidos intelectuales catalanes de prestigio sobre el asunto de “escribir en castellano en Cataluña”.

Presten atención a la pregunta: “Los catalanes (de origen o radicación) que se expresan literariamente en lengua castellana, ¿hay que considerarlos como un fenómeno coyuntural que liquidar a medida que Cataluña asuma sus propios órganos de gestión política y cultural?” Se les entiende todo. Y así estamos todavía.

Visto lo visto y oído lo oído –ese “liquidar” metafórico de Taula de Canvi y ese no metafórico “reclamar tu derecho a vivir plenamente en catalán” de la Plataforma per la Llengua-, ante la amenaza de la exclusión, queda claro que la prioridad de los que no quieren cambiar de lengua en un ambiente hostil, no es otra que seguir respirando oxígeno para vivir o sobrevivir.

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Miquel Porta Perales