Sí Pedro, merece la pena seguir

¿Merece la pena seguir? Es la pregunta que se hicieron miles de personas en el País Vasco durante muchos años, quienes por su profesión o por su significación contra ETA tuvieron que vivir durante décadas con dos o más guardaespaldas

Señor Presidente, escribo esto el domingo por la tarde y no sé qué decisión habrá tomado después de estos días de reflexión, pero si le sirve de ayuda la opinión de alguien que cree que lo mejor es que abandone, le digo también que merece la pena seguir.

Le aseguro que esta contradicción que le planteo y que, con toda certeza, habrá dado vueltas en su cabeza durante mucho tiempo, es la misma que ha atormentado a largo de la historia a millones de personas en situaciones parecidas a la suya. Incluso me atrevo a decir que infinitamente peores.

Lo mejor para todos es que se vaya, básicamente porque se ve que usted no ha entendido el sacrificio y el esfuerzo que supone representar a todos los españoles. Quienes sufrieron con más dureza el terrorismo de ETA y ahora se sienten traicionados por su política de blanqueamiento de EH-Bildu siguen pensando, a pesar de todo, que la democracia y España son razones suficientes por las que merece la pena seguir luchando.

Foto: EFE/Rodrigo Jiménez

Ellos sí son un ejemplo de resistencia, acosados por unos violentos que cuando te ponían en la diana no te daban cinco días de reflexión.

¿Merece la pena seguir? Es la pregunta que se hicieron miles de personas en el País Vasco durante muchos años, quienes por su profesión o por su significación contra ETA tuvieron que vivir durante décadas con dos o más guardaespaldas, o ninguno, y con la permanente amenaza de perder la vida.

Desde que se levantaban hasta que se acostaban, e incluso en forma de pesadilla, se preguntaban qué diantres estaban haciendo con su vida y la de sus familias. Muchos optaron por seguir con su actividad pero poniendo tierra de por medio. Otros, sin embargo, se mantuvieron firmes pagando un alto precio.

Un Presidente del Gobierno con un poco de memoria y algo de pudor no hubiera mencionado siquiera el peso que el amor ejerce a la hora de tomar una decisión. Imaginar esta carta en manos de cualquiera de las muchas familias destrozadas por asesinos y extorsionadores ahora reconvertidos por el Gobierno del “abajofirmante” resulta una broma de mal gusto.

Firmeza

No quiero ni sospechar qué pueden pensar muchas viudas de policías, militares y guardias civiles cuando escuchan, nada menos que de un Presidente del Gobierno, que la presión política está poniendo en peligro su matrimonio y que igual lo deja.

Le aseguro, señor Presidente, que el sabor agridulce que se consigue mezclando el alivio por salir de la diana y el dolor de la partida lo han probado a cucharadas en este país quienes sentían sobre sus conciencias el compromiso con la libertad y la democracia.

Sin llegar, ni de lejos, a la responsabilidad inherente al cargo de Presidente del Gobierno, todas esas personas de las que le hablo se jugaron la vida por sus ideales, por un sentimiento de respeto a la verdad, por transmitir a sus hijos y sus nietos el valor de la fidelidad con uno mismo.

La lista de los que siempre han creído que mereció la pena seguir, cerca o lejos, es larga. Hay muchos hombres y mujeres y también niños que han crecido huérfanos. Familias enteras que le pueden explicar mejor que yo lo que supone vivir atemorizados en un pequeño pueblo donde un gesto tan cotidiano como salir a comprar el pan se convertía en una heroicidad.

Pero incluso a cientos o miles de kilómetros de las calles del País Vasco todos ellos continuaron, con mayor o menor intensidad, denunciando a quienes emplearon la violencia para imponer sus ideas. Nunca hubieran podido imaginar que con el tiempo sus asesinos iban a ser blanqueados por el interés de la política que usted practica. Que irían en listas electorales y se sentarían en las instituciones como si nada hubiera pasado. A pesar de todo eso, a pesar de sentirse traicionados y heridos en el alma, siguen pensando que mereció la pena.

Todas estas personas siempre han estado convencidas de que el sacrificio de los seres queridos que se quedaron por el camino les empuja a ellos a seguir, a llevar el testigo de las ideas democráticas que les costaron la vida. Saben que el abandono les está prohibido. Es un compromiso que se adquiere en silencio y que en silencio les acompañará hasta el último aliento.

Esas personas de las que le hablo se jugaron la vida por sus ideales, por un sentimiento de respeto a la verdad

Si quiere parecerse en algo a ellos haga lo mismo. Váyase en silencio. Y si decide seguir hágalo igualmente callado. Se lo debe a quienes cayeron antes defendiendo la España que usted preside y por la que cualquier demócrata está obligado a asumir los valores de resistencia que otros muchos españoles, sin cargos de ninguna clase, defendieron antes sin arrugarse y frente a un enemigo sanguinario. Nada de lo que sucede ahora tiene comparación con aquello.

No nos venga ahora diciendo que está dispuesto a seguir pero con una condición: que en esta guerra del “no pasarán” de Patxi López solo se pueda disparar desde una trinchera, la suya.