La izquierda de las almas bellas
El objetivo de un mundo con Justicia Social: establecer un sistema económico justo y sostenible
Llama la atención como la izquierda se empeña todavía, una y otra vez, en el diseño y construcción de algún tipo de utopía, o fantasía, o ilusión, o anhelo. Aunque, dicha utopía se limite, de hecho, a una obra de caridad -de solidaridad, dicen- para apaciguar las protestas o reproches de la conciencia. Efectivamente, entre los individuos solidarios, especialmente si son de izquierdas y no creyentes de ninguna religión excepción hecha del fanatismo autodenominado progresista, lo que cuenta es la pacificación del remordimiento.
Una pacificación que aparece acompañada por la satisfacción del ego. Una pacificación y una satisfacción que suelen estar subvencionadas por el Estado, la Autonomía, el Municipio o la Empresa que, a su vez, también quieren apaciguar las protestas o reproches de la conciencia. Vale decir que unos y otros usan la solidaridad como instrumento publicitario ante la familia, los amigos, los vecinos, los compañero de trabajo, los clientes, la prensa y lo que convenga. ¡Que la gente se entere de lo bueno que soy!
¡Qué buenos somos!
Todo lo que ustedes acaban de leer viene a cuenta de una organización solidaria y de una subvención. La organización responde al nombre de Lafede o Federación de Organizaciones para la Justicia Social, hospedada en Barcelona. La subvención -que roza los 200.000 euros- proviene del Ayuntamiento de Barcelona y su objetivo es la ejecución de un proyecto enmarcado en el ámbito de la dicha justicia global. El detalle: Lafede es una de las entidades preferidas de los Comunes. Todo queda en casa.
Lafede no es otra cosa que un despotismo ideológico, disfrazado de bondad
Lo que interesa saber de Lafede, más allá del proyecto concreto subvencionado, es conocer el alma de dicha Federación de Organizaciones para la Justicia Social. ¿Qué sería la Icaria de nuestros días? ¿Cómo sería la Icaria de nuestros días? La Federación habla de “nuestra misión”. He aquí el trabajo de los misioneros de la Federación: trabajar activamente para conseguir la Justicia Global, erradicar las desigualdades en todos los lugares mediante la cooperación del desarrollo, la defensa y promoción de los derechos humanos y el fomento de la paz y la no violencia.
La Federación concreta: trabajo en red con las plataformas y los movimientos sociales y creación de un espacio de participación democrática en que intervengan antirracistas, feministas y ecologistas. Todo ello, en el marco de un código ético y de conducta vertebrado por la participación, la cultura democrática, la transparencia, el compromiso, la coherencia, la transformación social y la diversidad. El objetivo de un mundo con Justicia Social: establecer un sistema económico justo y sostenible.
El camino que seguir: cambiar el sistema capitalista por un modelo basado en la economía transformadora, recuperar los derechos humanos como guía política, crear un nuevo modelo de gobernanza global, construir sociedades feministas, construir sociedades antirracistas, establecer una renta básica universal e incondicional, controlar la actividad de las multinacionales, cancelar la deuda, fortalecer la cooperación internacional, disminuir el gasto y la presencia militares, activar un proceso de transición energética justa, apostar por un modelo agroalimentario sostenible, invertir en servicios públicos y revertir las privatizaciones, incorporar la mirada global en la educación, garantizar un sistema global de educación y garantizar un sistema de comunicación plural.
Y un largo etcétera –colectivos vulnerabilizados, paz positiva o pensamiento decolonial, entre otros trabajos- que no tiene un final. Al utopista más utopista del siglo XVIII -ríanse ustedes de Charles Fourier o de Étienne Cabet- no se le hubiera ocurrido lo mismo que a Lafede del siglo XXI con su mundo político y económico de corte naïf.
El totalitarismo del XXI emula el del XX
Sin circunloquios: el totalitarismo del siglo XXI emula el totalitarismo del siglo XX, el de las utopías realizadas (pongamos por caso el comunismo y el fascismo). En suma: Lafede no es otra cosa que un despotismo ideológico, disfrazado de bondad. De hecho, el utopismo se ha convertido en el salvavidas de los náufragos y los nostálgicos de aquellos tiempos mejores para algunos. También, en el refugio de los vividores a costa de la solidaridad y las buenas y diversas causas que se les ponen a tiro, alimentadas por las subvenciones que les regala el Poder. La izquierda generosa de las almas bellas. O no.