Nostalgia por la pandemia

El virus dejará el centro de nuestras vidas y será cómo eliminamos sus efectos lo que dicte nuestra normalidad

Bajo por la Puerta del Ángel rodeado por un mar de personas que se mueven en todas las direcciones. La popular calle de Barcelona vuelve a ser bulliciosa y festiva como si la pandemia fuera cosa del pasado. Oigo a una señora decirle a otra “lo que más añoro de la pandemia…”. No consigo escuchar el resto de la conversación. Minutos después le explico a un comerciante de Barcelona lo que acababa de oír y le comento mi asombro ante el hecho de que alguien pueda añorar un tiempo, que aún no ha acabado, en que la Covid 19 ha provocado una crisis sanitaria, económica y emocional.

El comerciante me explica que él también añora algunos aspectos del confinamiento que le ha tocado vivir. Me indica que uno de sus mayores placeres, en el momento del confinamiento parcial, era llegar a su tienda escuchando el canto de los pájaros y el silencio que le acompañaba cuando éstos dejaban de cantar. Lo que queda patente es que la pandemia, a pesar de sus enormes efectos negativos, también ha tenido momentos positivos.

Durante la pandemia, el comerciante, como tantas otras personas, han sido conscientes de lo que se pierde por culpa de un modelo de vida de una sociedad basado en la urgencia y el ruido. Para muchas personas la pandemia ha permitido tomar distancia, cambiar de hábitos y acercarse con mayor profundidad a aquellas personas que le rodean. La pandemia no solo ha revelado la fuerza que puede tener un virus hasta ahora desconocido, sino también la fuerza que tiene un acontecimiento que lo trastoca todo hasta el punto de cambiar nuestra forma de vida.

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Imagen correspondiente al segundo día de confinamiento en la Conca d’Òdena (la Anoia)

Lo significativo de éstas y otras muchas observaciones que he ido recabando sobre lo que ha supuesto la pandemia para algunas personas es que incluso se puede sacar algo bueno de algo malo. A medida que van pasando las semanas, nuestras vidas ya no van a depender del virus desde el punto de vista sanitario sino de cómo lo vamos eliminando en nuestro día a día.

Lo más paradójico es que algunas personas apelan al retorno a la normalidad sin combatir la nostalgia que sienten por los días de la pandemia. Simplemente se dedican a recordar lo bueno que ésta les trajo y a mitificar algunos de sus efectos.

El retorno a la normalidad parece ser por fin una realidad; ni siquiera aquellos que sienten nostalgia por los días vividos durante la pandemia están dispuestos a seguir sufriendo sus efectos. Todos aspiran a volver a la vieja  normalidad. El tiempo dirá si es posible o no dejar definitivamente atrás la pandemia, como un instante vivido que se va desvaneciendo. El mundo se despierta y quiere percibir los días de la pandemia como algo pasado. 

Fèlix Riera