Del sectarismo feminista a la moral de lo masculino
¿Acaso hay que tener esos atributos -femenino, de color y homosexual- para formar parte de la nueva masculinidad no patriarcal?
Como si de un contrapunto se tratará, se está consolidando la idea de las masculinidades o de las nuevas masculinidades. Esto es, unos nuevos modelos de relaciones del hombre con la mujer. Unas relaciones más respetuosas, más equilibradas, más repartidas, más democráticas o más igualitarias que, por supuesto, sin ninguna duda, eliminan la violencia machista. Una buena idea, sin duda.
De esta ola de nuevas masculinidades llama la atención la diferencia que existe entre los ensayos publicados en el año 2000 y los publicados en el año 2020. Ambos grupos abogan por la desaparición del patriarcado. Pero, hay una notable diferencia en la concepción del qué y el cómo de la nuevas masculinidades.
La primera ola -un modelo: el volumen colectivo Nuevas masculinidades, editado por Marta Segarra y Àngels Carabí, 2000- reivindica el estudio de la masculinidad/masculinidades dentro del capítulo de la investigación del género. A ello, hay que añadir la propuesta de analizar a la manera marxista -como ocurre con los asuntos de clase, etnia y religión- las masculinidades. Todo eso, con la intención de iniciar el proceso de deconstrucción del hombre hegemónico que no sería sino un constructo cultural.
¿Acaso hay que tener esos atributos -femenino, de color y homosexual- para formar parte de la nueva masculinidad no patriarcal?
Al respecto -se nos advierte-, hay que vigilar cuando se habla de construir nuevas masculinidades. Hay que ir con pies de plomo, porque toda masculinidad sugiere -pura estrategia patriarcal- nuevas masculinidades autodenominadas neutrales que no cuestionan la realidad dominante existente. Ejemplo: no es de fiar «algo -destaca una de las mujeres feministas colaboradoras del volumen ya citado- que no es femenino, no étnico, no homosexual». Difícil lo pone, este feminismo de alto voltaje y escasa confianza en el varón en general. ¿Acaso hay que tener esos atributos -femenino, de color y homosexual- para formar parte de la nueva masculinidad no patriarcal?
En cualquier caso, el modelo de las nuevas masculinidades percibe que incluso el patriarcado está ya cuestionando la legitimidad y naturaleza de la masculinidad. La prueba: los men´s groups que se acercan al feminismo, revisan su comportamiento masculino y apuestan por cualidades y acciones de carácter feminista. El objetivo: una sociedad igualitaria en que desaparezca una identidad viril que es lo opuesto a la belleza y la condición femenina. Una belleza y una condición femeninas que no son sino una construcción que justifica la dominación y marginación sobre las mujeres.
La segunda ola -un modelo: el ensayo Hombres justos, de Ivan Jablonka, 2020- supera el sectarismo feminista de la primera -aires de superioridad y cientificidad de segunda división-, en beneficio de la reflexión del historiador francés y del acuerdo consensuado.
Para neutralizar el machismo y la masculinidad autoritaria, el autor reclama una «moral de lo masculino». Esto es, se necesitan «hombres igualitarios, hostiles al patriarcado, afectos al respeto más que al poder». En definitiva, «hombres justos». Cosa que se concreta -dice el autor- repartiendo de forma igualitaria los poderes, las responsabilidades, las actividades, los juegos, los roles públicos y privados. Siempre que -esa es la opinión de quien firma este artículo- se quiera y se tengan las capacidades necesarias para ello. Otra opinión propia del articulista: no a las cuotas.
La propuesta de Ivan Jablonka se traduce en nuevas masculinidades. Sí, pero unas nuevas masculinidades que no reconozcan únicamente los derechos de todas las mujeres, sino también la de todos los hombres. Por lo demás, el autor francés, frente a la biologización del feminismo -ese creer del feminismo que toda mujer es feminista y que el feminismo tiene el monopolio del asunto-, señala que el feminismo no es el discurso de quien se autodenomina feminista, sino también de quien manifiesta ideas al respecto, ya sea una mujer o un hombre.
El feminismo con mando en plaza -especialmente, el autodenominado progresista: supremacista, subvencionado, servil, burlón, retórico, sabelotodo y pedante-, debería entender, de una vez, que ya existe una mujer indeterminada que decide por cuenta propia. La babysitter feminista, sobra.