Substitución e imposición lingüística en Cataluña

El nacionalismo catalán persiste en la imposición del catalán y la exclusión del castellano. No quiere entender que debe respetar la libertad de elección

Sorprendente que la lengua castellana no sea vehicular en Cataluña. Eso ocurre desde hace décadas y aquí no pasa nada. Sorprende que la lengua oficial de un Estado no sea vehicular en sus escuelas. Sorprende que eso ocurra incumpliendo sistemáticamente la ley.

Éramos pocos y ahora resulta que la coalición PSOE/Podemos impulsa dicho incumplimiento a través de la denominada LOMLOE o Ley Celaá de educación que ahonda en el sectarismo, polariza la sociedad y cohesiona a los “nuestros”.

Los demás, “fachas”.

Da igual lo que diga la ley

Da igual que el Tribunal Constitucional (TC 337/1994) hable de “conjunción lingüística”, o que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña –después de que la Generalitat de Cataluña incumpliera de forma reiterada las sentencias de los Altos Tribunales– establezca (auto del 30/1/2014) que el 25% debe ser el “mínimo de las horas lectivas impartidas” para hacer “efectiva la presencia vehicular del castellano” en Cataluña.

La Generalitat de Cataluña sigue incumpliendo la ley y punto.

¿Quizá se trata de conocer la lengua catalana? Ya en 2013, según el Informe de Política Lingüística publicado por la Dirección General de Política Lingüística de la Generalitat de Cataluña, el 80,4% de la población sabía hablar la lengua catalana. Y sigue aumentando.

¿De qué se trata? De un proceso de substitución lingüística que cuenta, hoy, con la colaboración de la Ley Celaá.

La Generalitat de Cataluña ignora la realidad –cosa habitual en dicha institución– y lo suyo –cosa también habitual en dicha institución– es la substitución e imposición lingüística. O sea, la exclusión lingüística.

A pesar de la ley, a pesar de la realidad, gracias a un Estado ausente, la política lingüística de la Generalitat de Cataluña insiste en la deriva monolingüe que impone la lengua “propia” catalana en detrimento de la “impropia” castellana que da la casualidad que es la lengua común de la mayoría de los ciudadanos de Cataluña.

El nacionalismo lingüístico catalán

Para entender el qué del nacionalismo lingüístico catalán y sus falacias, elaboro una suerte de pequeño diccionario crítico sobre la deriva monolingüe en Cataluña. Las entradas están alfabéticamente desordenadas remitiendo una a la siguiente. Al final, las conclusiones.

Lengua discriminada. Del uso mayoritario del castellano en Cataluña, el nacionalismo lingüístico catalán concluye que el catalán es una lengua minorizada o discriminada. Pero, la lengua no elige hablantes. Son los hablantes quienes eligen lengua. Pese a la insistente política de normalización e inmersión lingüísticas.

Normalización e inmersión lingüísticas. Se pretende que los ciudadanos conozcan el catalán.

Se buscan dos cosas más. 1) Substituir el castellano por el catalán, sumergiendo a los ciudadanos en el catalán y aprobando una ley intervencionista que obliga a rotular en catalán bajo amenaza de multa. 2) Otorgar al castellano la condición de lengua impropia o extranjera y al catalán la condición de lengua propia o natural de Cataluña.

El hablante elige una u otra lengua por una serie de razones que el nacionalismo catalán no asume

Lengua propia. La lengua propia de un territorio no existe. Los territorios no hablan. En un territorio existen las lenguas comunes que hablan los ciudadanos. No es lícito hablar del derecho de las lenguas –el derecho lo tienen los hablantes a usar la lengua que prefieran– ni de la correspondencia entre lengua e identidad nacional.

Lengua e identidad nacional. La lengua no es exactamente –mito romántico– la expresión de la identidad nacional. ¿Acaso los austriacos son alemanes o los brasileños son portugueses? Si la lengua propia de un territorio es la que hablan sus ciudadanos, los catalanes tenemos el privilegio de tener dos lenguas propias. Mejor, comunes. Cosa que no pone en peligro el futuro del catalán.

El futuro del catalán. El catalán no desaparecerá, porque no se cumplen los requisitos de la desaparición de una lengua: ni las interferencias son unidireccionales, ni la base territorial del catalán se acorta, ni las funciones de la lengua catalana se reducen, ni se degrada el estatus de la lengua catalana. Frente a un peligro inexistente, el nacionalismo catalán apela a la comunidad lingüística.

Comunidad lingüística. Cualquier atisbo de comunidad lingüística en lengua castellana en Cataluña se considera como sinónimo de uniformización. En cambio, la comunidad lingüística en lengua catalana en Cataluña se valora como una virtud patriótica. De ahí la deriva monolingüe del nacionalismo catalán.

Deriva monolingüe. Objetivo: negar la lengua común castellana para trazar fronteras identitarias y nacionales equiparando lealtad lingüística con lealtad nacional. Amparándose en la pluralidad lingüística se impone el monolingüismo catalán y se asocia el castellano a una imposición imperialista.

El grado omega de la ingenuidad: creer que ello impulsará el uso social del catalán. El hablante elige una u otra lengua por una serie de razones que el nacionalismo catalán no asume.

Para el nacionalismo, el bilingüismo es una trampa saducea

Elección de lengua. Ni conspiración española, ni debilidad de la política lingüística de la Generalitat. Una lengua se escoge en función de una decisión personal basada, no solo en elementos de orden simbólico o emocional, sino también en un cálculo racional/utilitario de costo/beneficio. El ciudadano catalán ya ha elegido: quiere ser bilingüe.

Bilingüismo. El bilingüismo forma parte de la realidad catalana, 1) porque, simbólicamente hablando hay catalanes que entienden que el catalán es su lengua propia y otros que entienden que lo es el castellano, y 2) porque, en determinadas situaciones el hablante percibe que el uso de una u otra lengua le comportará un mayor beneficio, sea económico o comunicativo. De ahí, el fracaso de la imposición lingüística.

Imposición lingüística. Toda política que imponga los usos lingüísticos será perjudicial para la lengua que se quiera proteger e impulsar, 1) al ser recibida como agresión a las razones objetivas (el interés), y 2) al ser recibida como un ataque al elemento subjetivo (el valor simbólico). Pero el nacionalismo arguye que aquí hay trampa.

Trampa saducea. Para el nacionalismo, el bilingüismo es una trampa saducea, porque todos los ciudadanos pueden hablar en castellano, pero no todos en catalán. El nacionalismo tramposo no acepta 1) que la inmensa mayoría si puede hablar en catalán, y 2) que si no lo hace es porque no le apetece, o no le gusta, o n le conviene. Eso se llama derecho de elección de lengua.

El nacionalismo catalán contra el derecho a decidir

El nacionalismo catalán persiste en la imposición del catalán y la exclusión del castellano.

No entiende –no quiere entender– que debe respetar la libertad de elección del ciudadano, que debe aceptar el derecho de los padres a educar a los hijos en la lengua oficial que deseen, que debe cumplir las resoluciones de los Altos Tribunales que indican que catalán y castellano son, en la proporción que se convenga, lenguas vehiculares en la educación.

La paradoja autoritaria del nacionalismo catalán: los partidarios del derecho a decidir contra el derecho a decir que reconoce la ley. Lo suyo –ya lo sabemos– es el derecho a decir que incumple la ley. Despotismo lingüístico, en el caso que nos ocupa.

Después de 37 años de normalización e inmersión lingüísticas –la Ley de Normalización Lingüística de Cataluña es de 1983–, ¿quién normalizará al normalizador?