Dinamarca señala el camino de la regulación migratoria y España pone obstáculos    

¿Cumplirá Pedro Sánchez la legalidad europea -el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea que entra en vigor en junio de 2026- o se comportará como suele ser habitual  en él regateando la ley, situándose fuera de juego y marcando un gol ilegal que el VAR legalizará? 

El título de este artículo evoca una cita -extraída de un trabajo de Katya Adler en BBC News del 1 de julio de 2025- de Marie Sandberg, directora del Centro de Estudios Avanzados sobre Migración (AMIS) de la Universidad de Conpenhague, tanto en lo que respecta a los solicitantes de asilo como a inmigrantes económicos que buscan trabajo en Dinamarca.    

Una cita que podría pertenecer a un investigador o periodista -también, a algún político- de Italia, Francia, Reino Unido, Alemania, Dinamarca, Suecia, Canadá o Australia entre muchos otros Estados.  Una cita que pertenece, no a la derecha, ni a la derecha radical, sino a la izquierda. Título del trabajo de Katya Adler:  Dinamarca, el país donde la izquierda (y no la derecha) implementó una dura política migratoria. Una política migratoria, la danesa, que se distingue, advierte nuestra autora, de la “radical” política de España “al impulsar una mayor inmigración”. Así las cosas, uno se pregunta por qué ocurre eso en Dinamarca y por qué ocurre lo otro en España. Vayamos por partes. 

La política danesa de inmigración se endurece  

Según el Instituto de Política Migratoria (MPI), con sede en Washington y Bruselas, la inmigración en Dinamarca toma cuerpo después de la Segunda Guerra Mundial y se acelera durante los 70 y 80 del siglo pasado. Un dato: de 1985 a 2025, el porcentaje de residentes daneses que son inmigrantes, o tienen padres inmigrantes, se quintuplica. 

El punto de inflexión tuvo lugar los años 2015 y 2016 con la denominada “crisis migratoria”, cuando un millón de inmigrantes llegaron a Dinamarca, Suecia y Alemania. La respuesta de una parte de la ciudadanía danesa: “Los daneses primero” y “no nos consideramos racistas, pero sentimos que estamos perdiendo nuestro país”. Conviene recordar, al respecto, la política de “puertas abiertas” de Angela Merkel que se vino abajo con las agresiones sexuales en Colonia la noche del Año Nuevo 2016. 

Fue entonces cuando la política danesa de inmigración se endureció al percibir que el sistema de bienestar social de Dinamarca -sanidad y educación, por ejemplo- estaba sometido a tensiones debido a las ayudas a los inmigrantes desempleados y al aumento del presupuesto de la seguridad pública. La consecuencia: los impuestos más altos, la amenaza de la cohesión social, la reducción del bienestar social y el empobrecimiento de los daneses más necesitados. 

La socialdemocracia europea impulsa una política restrictiva 

Fue entonces (2021) cuando el gobierno socialdemocrático de Mette Frederiksen aprobó la ley de externalización o reasiento  que permitía trasladar los inmigrantes a países como Ruanda. La cultura de la acogida propia de los países nórdicos quebró y la inmigración a Dinamarca disminuyó: en mayo de 2025, el número de inmigrantes era el más bajo de los últimos 40 años. Unan política migratoria que, con sus requisitos legales, se trasladó a la Gran Bretaña del laborista Keir Starmer y a la Francia del centrista Emmanuel Macron. Una política migratoria restrictiva -la de Dinamarca- que  no impide la admisión de trabajadores inmigrantes por la vía legal. Una política que está dando lugar a la revisión/interpretación del Convenio Europeo de Derechos Humanos. 

Tan es así que la Unión Europea ha reformado -normas más estrictas- su política de migración y asilo en el denominado Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo (2024) que se propone  “aliviar la carga en los países de la UE a los que llegan más migrantes”, “ofrecer un marco más justo y eficiente para el registro y el procesamiento de solicitudes de asilo” y “ayudar a reducir los desplazamientos secundarios”.      

La cultura de la acogida propia de los países nórdicos quebró y la inmigración a Dinamarca disminuyó: en mayo de 2025, el número de inmigrantes era el más bajo de los últimos 40 años

Una declaración:  “La inmigración masiva es una amenaza para la vida cotidiana en Europa, y sobre todo para las clases trabajadoras europeas. La llegada descontrolada de inmigración devalúa los salarios, distorsiona el mercado y genera problemas de seguridad. Quienes más lo sufren son las clases populares, los más humildes”.  ¿Quién pronunció estas palabras? ¿Georgia Meloni? ¿Marine Le Pen? ¿Santiago Abascal? ¿Alice Weidel? No. Mette Frederiksen, presidenta del Partido Socialdemócrata Danés, primera ministra de Dinamarca y líder de la nueva oleada de socialdemócratas europeos partidarios de efectuar un giro pragmático para neutralizar el ascenso de la extrema derecha. 

Pedro Sánchez es Pedro Sánchez 

Y en eso que Pedro Sánchez quiere legalizar medio millón de inmigrantes a su manera. Es decir, por la vía del Real Decreto y sin memoria económica. Sin el concurso del Congreso de los Diputados. ¿Para qué si no tiene la mayoría necesaria para ello? Hay que hacerlo y se hace. Lo dice RTVE: “una regularización extraordinaria para personas extranjeras que ya se encuentran en España, con el objetivo de `garantizar derechos y dar seguridad jurídica a una realidad social existente´”. El Pedro Sánchez que en 2024 quería devolver a los inmigrantes irregulares, ahora los regulariza sin condiciones. No se descarta que los nacionalice cuando convenga. Hay que renovar el censo en beneficio propio. El reemplazo, en palabras de Irene Montero.  

Pedro Sánchez es Pedro Sánchez al impulsar una regularización exprés, masiva, incondicionada y sin garantías -de consecuencias previsibles e imprevisibles: Dinamarca como ejemplo- que responde a sus intereses inmediatos.  La regularización satisface a Podemos que tendrá su Ley, a Junts que obtendrá la transferencia de la competencia de inmigración y al PNV y Bildu que recibirán lo que deseen como cualquier otra transferencia o la retirada de ETA de la lista de organizaciones terroristas europeas. Así, Pedro Sánchez tendrá los votos que necesita para seguir gobernando con o sin Presupuestos. Inmigración por poder. Pedro Sánchez es lo que parece. Un político, no para servir a los demás, sino para servirse a sí mismo. Un obstáculo/retroceso en la política migratoria de la Unión Europea -los regulados en España pueden desplazarse por el espacio Schengen de la Unión Europea- con todo lo que ello implica. 

¿Cumplirá Pedro Sánchez la legalidad europea -el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo de la Unión Europea que entra en vigor en junio de 2026- o se comportará como suele ser habitual  en él regateando la ley, situándose fuera de juego y marcando un gol ilegal que el VAR legalizará? 

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