Un terremoto no se puede evitar. Pero una catástrofe, muchas veces, sí. Tras los seísmos registrados en Venezuela, La Plaza plantea una pregunta incómoda: qué ocurriría si un gran terremoto golpeara una zona poblada de España.
La respuesta de Ramiro Aurín, vocal de la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil, no deja demasiado margen a la complacencia. Ante un seísmo severo en las zonas españolas con mayor riesgo, muchos edificios no aguantarían. “Hoy sería un desastre tremendo”, advierte en conversación con Ismael García Villarejo.
El episodio toma como referencia Lorca, donde en 2011 un terremoto no extremo dejó nueve muertos, cientos de heridos, miles de viviendas afectadas y una factura mucho mayor de lo previsto en las primeras horas. Para Aurín, aquella catástrofe dejó una lección que España no debería olvidar: el problema no es solo cuánto tiembla la tierra, sino qué encuentra encima.
La conversación se centra en el parque antiguo de vivienda, las infraestructuras críticas y la normativa europea. Aurín señala la necesidad de revisar hospitales, presas, puentes, centrales energéticas y colegios en las zonas de mayor riesgo. También defiende la aplicación efectiva del Eurocódigo 8, la norma europea de referencia para la construcción sismorresistente.
El ingeniero recuerda que una norma antisísmica no garantiza que un edificio quede intacto tras un terremoto. Su objetivo principal es evitar el colapso y salvar vidas. “A la gente no la mata el terremoto, la mata que la casa se le caiga encima”, resume.
La entrevista baja también a decisiones cotidianas: qué debería preguntar alguien antes de comprar una vivienda en zona sísmica, qué papel pueden jugar las comunidades de vecinos y por qué los bajos comerciales diáfanos, los garajes o determinadas reformas pueden aumentar la vulnerabilidad de algunos edificios.
El episodio concluye con una idea de fondo: España no parte de cero, pero tampoco puede confiar solo en que no pase nada. Lorca fue una advertencia. Venezuela, una percha brutal de actualidad. Y los incendios de cada verano recuerdan que prevenir suele ser más eficaz, más inteligente y mucho menos costoso que reparar después.