Vox, crecido

Si Vox atrajo en Andalucía a tantos electores desencantados, fue por reacción ante la corrupción del gobierno socialista

Como si el resultado de las elecciones andaluzas estuviera provocando un efecto ‘contagio’, las primeras encuestas del año sobre intención de voto han confirmado el despegue meteórico de Vox.

Los cuatrocientos mil electores andaluces han abierto la espita de la derecha radical que se está beneficiando de la caída del PP y del desplome del bloque de izquierdas. Se va consolidando esa tendencia.

Vox se estrenaría en el Congreso con más de 40 escaños

Con la irrupción del partido de Santiago Abascal se reforzaría una mayoría de centro derecha que rozaría la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Es la foto fija de los primeros días de 2019. Siguiendo la estela de Andalucía, la derecha radical se estrenaría en la Cámara Baja con más de 40 escaños.

Así, para empezar, podría volver a tener la llave gubernamental si se confirma que el PSOE, a pesar de obtener el mayor número de votos, necesitaría a populistas y nacionalistas. Porque la izquierda no sumaría la mayoría necesaria.

Si Vox atrajo en Andalucía a tantos electores desencantados, fue por reacción ante la corrupción de un gobierno socialista que ha ejercido el poder durante 36 años. Y como efecto del desgaste de un PP de la era de Rajoy que no consigue remontar con un liderazgo aún no consolidado.

Vox ejerce de acusación popular en el ‘procés’

Además del voto de castigo a la clase política en general. En el ideario de este partido de derecha radical prevalece una reivindicación del imperio perdido (a estas alturas) más que el reclamo de un patriotismo constitucional.

Su reclamación de la devolución de competencias como Sanidad y Educación al Estado, así como la defensa de la caza y la tauromaquia, junto con la propuesta de supresión del impuesto de sucesiones, calaron en tantos votantes. Y su dedicación al desafío secesionista hizo el resto: Vox ejerce de acusación popular en el ‘procés’.

Y se colgó la medalla ante el público harto de tanta contaminación de la política catalana. Sus votantes, en Andalucía, proceden principalmente del PP. Pero si lograron arrancar un 15% de votos de izquierda, serán los socialistas, comunistas y populistas quienes deberían reflexionar sobre los motivos de su desfonde.

Pero pasear el fantasma del miedo suele ser un recurso muy tentador. El miedo a la derecha. Como coartada de la izquierda para movilizar el voto y frenar su derrumbe. Se enfatiza el peligro de Vox. Se quita importancia a que los diputados de Podemos prometieran la Constitución «por imperativo legal». En su línea de complacencia con los independentistas.

¿Sus propuestas encajan con la constitución?

Muchas voces de buena fe, acomodadas en la equidistancia, han situado a Vox al mismo nivel que a la izquierda abertzale. Un agravio injustificado para el partido de Abascal. Porque Vox no ha matado a nadie mientras que el mundo de Batasuna (ahora EHBildu) justificó los asesinatos de ETA y sigue sin deslegitimar su abominable historia.

Desde que este partido de derecha se ha convertido en una opción política con capacidad para decantar la balanza gubernamental, las comparaciones han sido continuas. ¿Se teme a Vox pero se considera normal que Pedro Sánchez gobierne gracias, entre otros, a Bildu? Si Abascal es xenófobo ¿cómo llamamos a Torra? Y la ideología de Sabino Arana, fundador del PNV ¿dónde la encasillamos?

El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto en Albacete en diciembre. EFE/Manu

pulso contra el pacto en andalucía

El órdago de Vox en Andalucía contra la legislación de violencia de género ha hecho estallar todas las alarmas

Veremos su trayectoria. Su órdago en Andalucía contra la legislación de violencia de género ha hecho estallar todas las alarmas. Está poniendo en apuros la formación del nuevo gobierno. Empezaron diciendo que no serían obstáculo para que se produjera el cambio. Pero su pulso contra la normativa que defiende a las mujeres en peligro indica que se sienten con la suficiente fuerza como para poner condiciones.

Se inspiran en el artículo 14 de la Constitución para rechazar cualquier medida de desigualdad hacia el hombre. Pero fue el término de «discriminación positiva» lo que propició que el tribunal declarara la ley ajustada a la norma.

El presidente de gobierno prefiere seguir viendo encuestas desde la Moncloa. La gran coalición constitucionalista (PP, PSOE, Ciudadanos) sería la única fórmula que desplazaría a los extremos y a los nacionalistas.

Pero esa posibilidad sigue descartada por los socialistas de Sánchez.