Rivera, Casado y la concejal electa del PP en Madrid Andrea Levy, en una imagen de archivo. EFE/Ballesteros

El choque entre Cs y Vox pone en jaque a Casado

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El veto a Vox de Ciudadanos, que solo acepta pactos a la andaluza, y la exigencia de Abascal de entrar en gobiernos de coalición tensan la cuerda en Madrid

Iván Vila

Economía Digital

Rivera, Casado y la concejal electa del PP en Madrid Andrea Levy, en una imagen de archivo. EFE/Ballesteros

Barcelona, 04 de junio de 2019 (04:55 CET)

De poco sirvieron las apelaciones del PP a buscar acuerdos a tres que incluyan a Cs y Vox. Los de Albert Rivera saldaron este lunes sus discrepancias internas sobre las políticas de pactos con un compromiso de mínimos que ratificaba a los populares como su socio preferente, pero sin cerrar la puerta a buscar entendimientos con el PSOE en casos puntuales y como plan B, y reafirmaba su negativa a negociar y llegar a acuerdos de gobierno con Vox.

De modo que la idea es repetir la fórmula explorada en Andalucía: es decir, formar coaliciones de gobierno integradas por PP y Cs y contar con la formación que preside Santiago Abascal como muleta parlamentaria. El problema es que la fórmula se ha gripado, porque Vox no está por la labor de volver a asumir un papel que considera ingrato. Este mismo lunes se encargó de dejarlo claro con un portazo a los presupuestos elaborados por el gobierno de Juanma Moreno, que sin el apoyo de Vox deberían obtener el improbable aval de los socialistas para salir adelante.

La incompatibilidad entre Cs, que juega con la idea de que es imprescindible en casi cualquier combinación posible, y Vox hipoteca varias plazas fuertes en las que el PP podría gobernar si obtuviera apoyos de ambas fuerzas. Empezando por Madrid. Y eso vale tanto para la capital como para la comunidad. Pablo Casado se juega algo más, su salvación como líder popular.

PP, Cs y Vox, ante el doble sudoku de Madrid

En el ayuntamiento, el bloque formado por PSOE (con 8) y Más Madrid (con 19) suma 27 ediles, y el de PP (que tiene 15) y Cs (con 11), 26, de modo que son los cuatro concejales de Vox quienes pueden decantar la balanza. Una coalición de los de Casado y los de Rivera podría gobernar abonándose a la geometría variable, pero antes necesitaría conseguir una mayoría absoluta (fijada en 29 concejales) que le permitiera investir a José Luis Martínez Almeida y para la que necesita los cuatro votos de Vox. Si la formación de Abascal no se aviene a cederlos, la alcaldía sería para una Manuela Carmena que tendría que gobernar, eso sí, en minoría y con las manos atadas a la espalda.

Peor lo tiene aún el PP en la comunidad, donde cuenta con 30 diputados y sumaría 56 con Cs, a 11 de la mayoría absoluta, mientras que el PSOE tiene 37 y podría negociar el apoyo de los 20 de Más Madrid y los siete de Podemos, con lo que formaría un bloque de 64. De nuevo, la llave la tienen los 12 diputados de Vox. Si exige entrar en el ejecutivo y Cs mantiene su veto, las cuentas tampoco saldrán. Aunque la izquierda, de nuevo, solo podría gobernar en minoría y sin margen de maniobra.

Así las cosas, la oferta lanzada el pasado fin de semana por Íñigo Errejón de ofrecer los votos de Más Madrid a PSOE y Cs para evitar la dependencia de Vox podría suponer una amenaza real para las aspiraciones del PP si no fuera porque los de Rivera también dejaron claro que el veto a Vox es extensible a Podemos, comunes y similares. Lo que señala la verdadera intención de la postura  de la dirección del partido naranja: colocar a Vox ante la dicotomía de seguir aceptando pactos a la andaluza para evitar que siga gobernando la izquierda en el Ayuntamiento y que pueda llegar a hacerlo en la comunidad.

El candidato de Cs a la comunidad, Ignacio Aguado, lo subrayó vía Twitter durante la reunión de la ejecutiva. “Las chapuzas de Carmena tocan a su fin. El próximo 15 de junio [día fijado para los plenos de constitución de los ayuntamientos] pondremos en marcha un gobierno municipal que acabe con las ocurrencias y los populismos”, escribió.

En todo caso, el cul-de-sac matemático se repite en Aragón, Murcia o Castilla-León, comunidades en las que Cs puede optar por pactar con su socio preferente o bien con el PSOE, opción que, tras la reunión, el secretario general de la formación, Juan Manuel Villegas, se encargó de minimizar pero sin descartarla. Se trataría siempre de una alternativa“subsidiaria” y que requeriría, remarcó, que los socialistas avalaran el programa de los liberales.

La fórmula consensuada por la ejecutiva satisfizo también al sector más centrista del partido, encabezado por el eurodiputado electo Luis Garicano, que también tiró de Twitter para considerar que el alcanzado por la dirección era “un buen acuerdo” porque, además de priorizar “reformas y regeneración en las negociaciones” y de negarse “a la entrada de nacionalistas y populistas en gobiernos”, el PP será “socio ‘preferente’ pero no exclusivo”.

Garicano también se había alineado, contra la postura de Rivera, con el planteamiento de Manuel Valls de facilitar la investidura de Ada Colau en Barcelona. Tras la reunión, esa herida sigue abierta, porque la dirección no da su brazo a torcer. “La posición es clara en este asunto: evitar que nacionalistas y populistas lleguen al Gobierno de Barcelona, y hay que intentarlo por todos los medios”, zanjó Villegas.

Tampoco cede Valls, lo que podría propiciar una ruptura entre los tres concejales de Cs y los otros tres independientes integrados en la formación con la que el ex primer ministro francés concurrió a las municipales. Pero Villegas cree que ese escenario no llegará a darse porque da por hecho que finalmente habrá un acuerdo entre Colau y los independentistas de ERC.

Valls ha situado a Cs en una encrucijada similar a la que la formación naranja plantea a Vox. Pero, a la vez que piden a los de Abascal que cedan a cambio de evitar, por ejemplo, que Carmena siga gobernando en Madrid, los de Rivera rechazan ese planteamiento del mal menor y se niegan a facilitar que Colau mantenga la alcaldía para evitar que el independentismo tome las riendas del ayuntamiento de Barcelona.

Claro que los dos casos los diferencia un factor que es bastante más que un matiz: mientras que Vox solo intenta exprimir sus opciones de gobernar en alguna parte, el partido naranja hace ya tiempo que decidió situar la batalla contra la izquierda “populista” —y, en algunos caso, incluso contra el PSOE— al mismo nivel que la lucha contra ese nacionalismo que nació para combatir.

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