Los políticos no soberanistas se hicieron escuchar en la manifestación del domingo en Barcelona. Los partidos constitucionalistas van dispuestos a ganar el 21-D. Foto: EFE/JE

El constitucionalismo se levanta para ganar el 21-D

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Los partidos constitucionales se conjuran con la manifestación de Barcelona para ganar al independentismo en las urnas el 21-D y evitar la división social

Manel Manchón

Economía Digital

Los políticos no soberanistas se hicieron escuchar en la manifestación del domingo en Barcelona. Los partidos constitucionalistas van dispuestos a ganar el 21-D. Foto: EFE/JE

Barcelona, 30 de octubre de 2017 (04:55 CET)

¿Catarsis? La sociedad catalana está sometida a una enorme tensión política, que puede derivar en una enorme participación el 21 de diciembre. El constitucionalismo, esa parte de la sociedad que no se había sentido interpelada, se levanta para ganar ahora el 21D, aunque el soberanismo ha alcanzado un enorme apoyo y buscará mantener su hegemonía.

La manifestación de este domingo en Barcelona, organizada por Societat Civil Catalana, con un millón de participantes, que la Guardia Urbana redujo a unos 300.000 personas, es el pistoletazo de salida para la campaña electoral del constitucionalismo. El apoyo del PSC, con su primer secretario, Miquel Iceta, en la cabecera de la manifestación, supone un punto de inflexión en el que las diferencias ideológicas, que existen, no evitarán una apuesta por un cambio en la Generalitat.

El primer interesado en un cambio es Rajoy, que facilitará apoyos para derrotar al secesionismo

Ciudadanos prepara con mimo esas elecciones, con encuestas que les dan algo más de 30 diputados. Su líder en Cataluña, Inés Arrimadas, juega con la idea de ser presidenta de la Generalitat si el bloque constitucional la apoya. Iceta, por su parte, busca una salida transversal, en función de la rectificación que pueda hacer Esquerra Republicana, que ahora mismo no se vislumbra. Y el PP, dispuesto con Xavier García Albiol a aumentar su poder en el Parlament, facilitará cualquier operación que suponga desalojar del poder al independentismo, porque es el propio Mariano Rajoy el que empujará en esa dirección.

¿Puede ser suficiente? La ley electoral beneficia al soberanismo, que, fuera del área metropolitana de Barcelona, es hegemónico. La participación en las elecciones de 2015 fue del 77%, un récord en toda la serie histórica, que había superado por diez puntos el récord anterior en unas autonómicas, en 2012, con el 67,76%. La cuestión es que esa participación sea similar en todo el territorio, y no en las provincias fuera de Barcelona, donde se superó, en algunas comarcas, el 80%, con un apoyo total a Junts pel Sí.

Con la participación en la manifestación de García Albiol; el delegado del Gobierno, Enric Millo; el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, y del PSC, Miquel Iceta, el bloque constitucional se conjuró para iniciar una campaña electoral que cuente con el máximo número de catalanes, que pueda servir como una salida que cure las heridas de la división social que ha provocado el proceso soberanista.

Borrell anuncia el objeto de las críticas: Junqueras y Colau, por su exceso de ambigüedad

El socialista Josep Borrell, que participó en el acto, fue particularmente crítico con Oriol Junqueras, “por decir que no había pasado nada cuando se han ido cientos de empresas de Cataluña”, y con Ada Colau, por ser “la reina de la ambigüedad”, y no alzar su voz contra las votaciones en el Parlament del 6 y 7 de septiembre, ni contra el referéndum ilegal.

Eso da pie a conocer las dianas en las que se centrará ese bloque constitucional, que dividirá sus objetivos. Junqueras será, a partir de ahora, uno de los dirigentes que más puede sufrir en la campaña, porque el PSC entiende que ha sido el gran muñidor de un plan que ha engañado a los propios soberanistas. Y también Colau, que con su defensa del derecho a decidir ha acabado confundida sin saber que el artículo 155 de la Constitución puede representar, en realidad, una inflexión para que el independentismo se mire al espejo.

Mientras el constitucionalismo ejercía ese acto de fuerza en las calles, el soberanismo tratada de lamerse las heridas. El propio Junqueras aseguraba, en un artículo en El Punt/Avui que se deberán tomar decisiones que no se entenderán a corto plazo, y que, aunque se mantiene el pulso, las cosas exigen paciencia y perseverancia. Es decir, está preparando ya a los suyos para que acepten que ERC participará en las elecciones del 21D, como ya anunciaba Economía Digital este domingo.

Junqueras ya prepara a los suyos para aceptar la participación en el 21D

Todo el bloque independentista está con el pie cambiado. Debe asumir que sigue en el autonomismo, y que la declaración de la república ha resultado un fiasco completo, porque, entre otras cosas, no había nada preparado, ni estructuras de estado –responsabilidad de Junqueras—ni reconocimiento internacional –tarea del consejero Raül Romeva--.

Con todo pendiente de las posibles actuaciones de la Fiscalía, contra Carles Puigdemont, lo que podría dar alas de nuevo al independentismo, los partidos buscarán en las próximas horas y días cómo adecuarse a la nueva situación. El Pdecat es quien lo tiene más crudo, sin un candidato, y con la sombra del exconsejero Santi Vila, que dimitió justo antes de la declaración de independencia. Vila pretende encabezar una candidatura, con el Pdecat, o con una plataforma que le pueda llevar a recuperar el electorado moderado de la exConvergència.

Todo está patas arriba en el campo secesionista, mientras el constitucionalismo se ha puesto en pie, dispuesto, por primera vez, a ganar las elecciones o a provocar un cambio en la Generalitat con los apoyos que sean necesarios tras los comicios.

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