Maragall (izquierda) y Artadi, con Torra en un pleno del Parlament en noviembre, cuando aún estaban en el gobierno catalán. EFE/Quique García

El entorno de Puigdemont visualiza la ruptura con ERC tras el 26-M

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Artadi ataca a Maragall sacando trapos sucios del govern Torra y abre la puerta a ponerle fin en caso de pacto entre Esquerra y Colau

Iván Vila

Economía Digital

Maragall (izquierda) y Artadi, con Torra en un pleno del Parlament en noviembre, cuando aún estaban en el gobierno catalán. EFE/Quique García

Barcelona, 21 de mayo de 2019 (04:55 CET)

La guerra ya nada fría entre Junts per Catalunya (JpC) y ERC desencadenada por la carrera electoral del 26-M ha dado un salto cualitativo. Los de Carles Puigdemont ya flirtean abiertamente con la posibilidad de una ruptura de la coalición de gobierno entre ambas formaciones en caso de un eventual acuerdo postelectoral entre los de Oriol Junqueras y los comunes de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona.

La encargada de lanzar la advertencia fue este lunes la número dos de JpC a las municipales en la capital catalana, Elsa Artadi, ¿quién si no? Es la carrera por Barcelona la que está resultando más abrasiva para las costuras del gobierno de Quim Torra, no en vano el consistorio es un bastión que JpC y ERC consideran estratégicamente clave. Más áún después de que las generales se saldaran con un resultado con el que el independentismo ganaba peso en el Congreso al pasar  de 17 a 22 diputados, pero, paradójicamente —cosas de la aritmética parlamentaria— perdía capacidad de influencia.

Artadi lleva desde que arrancó la campaña del 26-M buscando el cuerpo a cuerpo con el alcaldable de ERC, Ernest Maragall, sabedora de que las encuestas pronostican un ajustado duelo por la alcaldía entre él y Colau y a JpC le reservan un papel meramente secundario al que los de Puigdemont no se resignan. Hace dos fines de semanas, ya le reprochó que se hubiera referido al número uno de JpC, Quim Forn, como a “un ciudadano encarcelado” y  no como a un “preso político”, y desde entonces, le ha atacado incluso por su avanzada edad (Maragall tiene 76 años).

Este lunes, esa sucesión de andanadas propició un contraataque de Sergi Sol, hombre de confianza de Junqueras, en forma de artículo en El Nacional en que comparaba las descalificaciones de Artadi a Maragall con las que le dedicó la diputada electa del PP Cayetana Álvarez de Toledo a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; decía de la candidata de JpC que, como Álvarez de Toledo, “es de casa bien”, y argumentaba que eso explica el desconocimiento que sobre el funcionamiento del metro demostró la exconsellera en una entrevista en TVE en la que admitió no conocer los colores identificativos de las líneas del suburbano.

Artadi y el veto de Maragall a Puigdemont

Eso, por el lado de Esquerra. Por el de JpC, Artadi subió la apuesta y, por primera vez, utilizó como munición contra Maragall su acción de gobierno en los poco más de cinco meses en los que estuvo al frente del departamento de Acción Exterior de la Generalitat. Concretamente, en lo que respecta a Puigdemont, al que Maragall nunca visitó –pese a viajar seis veces a Bruselas-, según confesó él mismo en una entrevista en el Ara, por órdenes del partido. Según Artadi, Maragall no quería que Puigdemont pisara la delegación catalana en Bruselas, así que maniobró para “aislarlo”.

Cuando supuestamente se produjo ese veto, la ahora número dos de Forn era portavoz del gobierno. Pero entonces, cuando comparecía ante los medios, trataba de quitar hierro a las discrepancias entre los socios y de que todo quedara en casa. Ahora, en cambio, sacude los trapos sucios al sol.

Y lo hace con el visto bueno del mismo Puigdemont, que horas más tarde salió a confirmar las palabras de Artadi, una persona "rigurosa" y que "nunca habla en vano", dijo. "No ha acusado a nadie, ha constatado un hecho que la gente puede comprobar [que se produjo] durante un año y medio", remarcó el número uno de JpC a las europea. Aunque cuando le pidieron que detallara cuándo se le impidió celebrar algún acto en la delegación de la Generalitat, eludió responder. 

El salto cualitativo en los ataques de JpC a Esquerra ha ido acompañado de una primera advertencia. Cuando a Artadi, que asistía a un desayuno informativo organizado por El Periódico, le preguntaron si un eventual pacto posterior al 26-M entre ERC y los comunes en el Ayuntamiento hipotecaría la estabilidad del govern, optó, por primera vez, por no descartar la posibilidad de una ruptura que precipitaría un adelante electoral. "Lo iremos viendo paso a paso", dijo. Si ERC cambia de "socio preferente", alegó, "es ERC quien tiene que dar explicaciones".

Más tensiones en el govern

Eso, ni una semana después de que su sucesora como portavoz del gobierno catalán, Meritxell Budó, tratara, como hacía Artadi hasta no hace tanto, de minimizar las tensiones, y de circunscribirlas a un “paréntesis” electoral tras el cual, añadió, ambos socios tienen claro que tienen que “seguir trabajando juntos”. Así, sin más condicionantes.

Claro que Artadi no es la única que ha tensado la cuerda desde la comparecencia de Budó del martes pasado: el jueves estalló otro conflicto en el seno de la Generalitat cuando la consellera de Justicia, Ester Capella, de ERC, anunció que esta semana el govern presentaría un decreto ley que abriría la puerta a la regulación de los precios del alquiler por parte de los ayuntamientos, como pide, por ejemplo, la alcaldesa Colau, y el departamento de Territorio y Sostenibilidad, en manos de JpC, contraria a esa regulación, se apresuró a asegurar que aún no había acuerdo en el seno del gobierno para tirar adelante esa norma.

Según Capella, el decreto se iba a aprobar en el consejo ejecutivo de este martes, tras el cual tocará una nueva comparecencia de Budó. Por si fuera poco con esa patata caliente, la portavoz puede agradecerle a Artadi, antecesora y correligionaria en JpC, tener que lidiar además con sus incómodas revelaciones. Habrá que ver si el govern certifica o desmiente el supuesto veto de Maragall a Puigdemont. Claro que también puede optar Budó por recurrir una vez más a ese “el govern no ha tratado este tema” que sirve para todo –es decir, para nada- y que va camino de convertir en coletilla.

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