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El independentismo quiere alcanzar acuerdos a partir del 2-0, sin romper todos los puentes, pero para ello promete ahora una enorme movilización

Manel Manchón

Economía Digital

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont buscarán encauzar la situación el 2-O, tras una fuerte movilización hasta el referéndum. EFE

Barcelona, 04 de septiembre de 2017 (05:55 CET)

Es perverso y arriesgado. El independentismo se lanza a partir de esta semana con todo lo puesto antes de pedir una tregua y una negociación a partir del 2-0.

Los mensajes de Carles Puigdemont y Oriol Junqueras van en esa dirección, admitiendo que puede ocurrir que el referéndum sea un fracaso, porque el Gobierno lo impedirá, en parte, y se pide que tampoco, si va en esa dirección, se busque un ajuste de cuentas.

Es colocar la venda antes que la herida. Pero antes de que eso suceda, el bloque soberanista va a echar el resto, con campañas agresivas, con la dirección de TV3 preparada para colaborar en cuanto Puigdemont firme el decreto de convocatoria del reféndum, lo que ocurrirá este miércoles, tras la aprobación en el Parlament de las dos leyes decisivas: la ley del referéndum y la ley de la transición jurídica y fundacional de la República catalana.

El soberanismo, con TV3 al frente, echará el resto a partir de este miércoles

Todo está a punto para un pulso colosal al Gobierno español, con posibilidades de sacar adelante el referéndum, por lo menos en una parte importante del territorio catalán. Pero los partidos y las entidades soberanistas mantienen grandes dudas, que se debaten internamente. El objetivo, como apuntan fuentes del Govern, es que, tras el referéndum, se pueda llegar a una negociación con el Gobierno central.

¿En qué sentido? Dependerá de los resultados del 1-O, y, principalmente, de la participación. Para ello es vital para el soberanismo la decisión final que tome la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El PSC, por ejemplo, está muy pendiente de Colau. Según su primer secretario, Miquel Iceta, “no se debe dudar de su palabra, y según lo que apunta no cometerá ninguna ilegalidad”.

Si eso es así, si Colau no permite la apertura de los colegios municipales en Barcelona, el Govern de Puigdemont tendrá dificultades para lograr una participación digna, al margen de los impedimentos que ponga el Gobierno de Mariano Rajoy.

Todo sigue pendiente de la decisión de Colau, con el objetivo de lograr una alta participación el 1-O

Los mensajes se incrementarán en los próximos días. En la órbita de la ANC los esfuerzos se concentran ahora en la organización de la Diada, pero no se deja de lado la idea de que, pase lo que pase, el 2-O se deben buscar acuerdos, aproximaciones con el Gobierno, y lograr que, entonces sí, la cohesión de la sociedad catalana sea la máxima posible. Lo que se teme, según las mismas fuentes del Govern, es que el Gobierno del PP aproveche la situación para exhibir una derrota sin paliativos del independentismo.

Esa convicción es común al Pdecat y a ERC, aunque en el caso del partido que lidera Marta Pascal, es más intensa. El peligro real que observan los dirigentes de los dos partidos es que no se pueda llegar al 1-O y se produzca una movilización ciudadana en las calles, ya a partir de este mismo jueves, cuando el Gobierno central presente los recursos pertinentes contra las leyes del referéndum y de la transitoriedad nacional, que comporten suspensiones de funciones de los miembros del Gobierno catalán. En ese caso, se asegura que “puede ocurrir cualquier cosa, con una situación de caos, que políticamente sea imposible de encauzar hacia una negociación que tenga en cuenta la soberanía de Cataluña”.

Si el 1-O resulta digno, el independentismo buscará una negocición con Rajoy

Lo que pretende el soberanismo es lograr la fuerza suficiente el 1-O para forzar una negociación a partir del día siguiente. Pero para ello, se busca la mayor credibilidad de un proyecto de ruptura. Los mensajes de Junqueras y de Puigdemont se han dividido. El primero afirma que, tras el 1-O, y con la asunción de competencias en todos los terrenos, el Gobierno español se verá en la obligación de aceptar la nueva situación, que acabará “beneficiando” al conjunto de España. Puigdemont, curiosamente, está tomando un papel algo más realista, al asumir que todo depende de la participación y de atribuir la culpabilidad del potencial fracaso del referéndum a Madrid. Eso no quita que insista en que el 1-O habrá urnas y que se votará, tras afirmar que el Govern busca la contención frente a una campaña provocadora del Ejecutivo español. El mundo al revés.

Nadie, en el bloque soberanista, quiere romper todos los puentes. El mensaje que el Gobierno español también ha lanzado, de forma implícita, aunque no hay comunicación entre Rajoy y Puigdemont sobre ello, es que cada gobierno actuará según sus promesas y compromisos. Es decir, que cada uno haga “lo que tiene que hacer”, una frase muy utilizada por el presidente del Ejecutivo español, y el 2 de octubre ya se buscará una posible solución.

El Parlament vivirá una ruptura interna este miércoles, que reflejará la división en Cataluña

Pero siempre hay imponderables: los que pueden suceder a partir de este miércoles. Dirigentes del Pdecat aseguran que una de las escenas que desearían olvidar cuanto antes se vivirá en el hemiciclo. El PSC, el PP y Ciudadanos abandonarán la cámara antes de votar, pero antes se da por hecho que habrá gritos, comentarios agrios, miradas violentas y un clima que demostrará una primera ruptura política de envergadura en el foro que representa la democracia en Cataluña.

A partir de ese momento, nadie es capaz de precisar nada.

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