Iceta, este jueves en el Parlament. EFE/Toni Albir

El Parlament de Cataluña pone fin a cuatro décadas de cortesía

stop

El Parlament había votado 29 veces a un total de 62 candidatos a senadores antes del castigo a Iceta, y todos consiguieron su escaño sin novedad

Barcelona, 16 de mayo de 2019 (21:00 CET)

Miquel Iceta no disimulaba su desazón tras la votación con la que el Parlament ha hecho carne el veto anunciado por el independentismo a su salto al Senado, la cámara que estaba destinado a presidir según designio del presidente del Gobierno.

Tiene motivos: es la primera vez en cuatro décadas de democracia en que un candidato propuesto por su partido para ejercer como senador de designación autonómica es rechazado por la cámara catalana, en la que hasta ahora siempre se había entendido la votación para avalar a los senadores en representación de la Generalitat como un mero trámite. Pero, desde que en octubre de 2017, la política catalana entró en lo que se dio en llamar “la dimensión desconocida”, en cualquier esquina hasta ahora la mar de insulsa puede saltar la sorpresa, cualquier viejo automatismo, si hay resquicio, puede convertirse en casus belli.

Es lo que ha pasado con la designación de Iceta en sustitución del expresidente catalán José Montilla, que renunció a su acta en el Senado para dejar paso precisamente al líder del PSC. Montilla es uno de los 62 senadores catalanes que han sido designados por el Parlament desde la primera legislatura, allá por 1980. Cuatro veces fue propuesto el expresident por su partido, la primera, en diciembre de 2011. Y las cuatro fue ratificado por el Parlament en votaciones electrónicas y secretas. Aunque no siempre ese ha sido el método de votación empleado.

Sin precedentes

En total, antes de la que ha frenado el paso al Senado de Iceta, en la cámara catalana se habían efectuado otras 29 votaciones de este tipo. La primera, el 4 de junio del 80 sirvió para nombrar senadores a Pere Pi-Sunyer y Jordi Escoda, de CiU; a Joan Codina y Joan Prats, del PSC; a Pere Portabella, del PSUC; a Anton Cañellas, del Grup dels Centristes de Catalunya, i a Víctor Toms, de ERC, y se resolvió por asentimiento al conjunto de candidatos.

En cada legislatura, la Mesa del Parlament decide cuántos senadores autonómicos corresponden a cada partido, y, una vez fijado el reparto, es cada una de las formaciones la que propone a sus candidatos. Lo más habitual, desde aquella primera vez, es que se plantee una única votación incluyendo a todos los futuros senadores y la cámara les dé su visto bueno sin más novedad.

De ahí que, hasta que en 2006 empezó a aplicarse la votación electrónica y secreta, la mayoría de veces los propuestos fueran ratificados por asentimiento. Aunque dos veces, en 1989 y 1992, se optó por usar urna y papeletas, de modo que no se trataba de votar sí o no, sino de escoger entre alguno de los nombres propuestos. Con esta fórmula, que es la que el PSC pretendía que se volviera a aplicar en la votación sobre Iceta, como el número de candidatos coincide con el de vacantes a cubrir en el Senado, todos los propuestos acaban siendo escogidos, con independencia de los apoyos que obtenga cada uno.

Primeros votos negativos

El asentimiento se aplicó también en las siete primeras ocasiones de las 10 -contando con la de ahora con Iceta- en que la votación fue no para escoger el pack completo de senadores sino, como ahora con Iceta, para ratificar alguna sustitución puntual. En diciembre de 2011, las designaciones de Montilla y la también socialista Iolanda Pineda fueron las primeras sustituciones saldadas con votación electrónica y secreta, como la de este jueves. El resultado fue de 106 votos a favor, 8 en contra y 10 abstenciones. Cuatro meses después, la ratificación de Josep Maldonado (CiU) se hizo por el mismo método, de nuevo dando la opción de votar no, que aprovecharon dos diputados.

Pero la primera vez en que se registraron esos noes que el PSC entiende ahora que no tendrían que ser posibles en una votación de este tipo fue unos meses antes de la designación de Montilla, en febrero de 2011. Entonces, tocaba designar a ocho senadores. Se votó de forma electrónica y secreta, y el paquete obtuvo 117 votos a favor, 3 en contra y 3 abstenciones. Volvió a pasar en enero de 2013, cuando el pack de representantes catalanes en la Cámara Alta obtuvo 112 votos a favor y 9 en contra, los de Cs, que protestaban porque en el reparto se les había excluido, negándoles la posibilidad de tener un senador.

Pero en todos los casos, la ratificación de los senadores estaba garantizada. Con Iceta, la historia ha sido muy diferente. De hecho, Junts per Catalunya y Esquerra nunca habían votado en contra de ningún candidato a senador. Ni siquiera del expresidente del PP catalán Xavier García Albiol o de la portavoz de Cs, Lorena Roldán, escogida, en este último caso, hace un año, es decir, con el artículo 155 todavía en vigor en Cataluña, como insiste ahora en recordar el agraviado Iceta. Claro que tanto García Albiol como Roldán estaban integrados en un pack, no como el líder del PSC, ungido además por Sánchez como futuro presidente de la Cámara Alta antes incluso de solicitar ser designado senador.

Ahora, habrá que ver si esa derrota con la que los partidos independentistas han castigado a los socialistas pasa el cedazo del Constitucional, o si este da la razón a los socialistas y desbloquea el salto de Iceta. Sea como fuere, el líder del PSC ya luce la triste medalla de ser para siempre el primer candidato a senador rechazado por el Parlament.

Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad