Iceta, frente a Torra, de espaldas, en el Parlament. EFE/Quique García

El PSC admite el pinchazo de su mesa de partidos

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Iceta se conforma con consolidar un espacio de debate complementario al Parlament y trata de significarse como el líder de una oposición constructiva

Barcelona, 15 de noviembre de 2018 (19:58 CET)

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, admitió este jueves que la mesa de partidos para recuperar el diálogo político que propuso antes del verano y que arrancará este viernes nace "con un hándicap muy importante", porque solo acudirán cuatro de las siete fuerzas con representación en el Parlament y, entre los ausentes, además del PP y la CUP, estará Cs, que "el el primer partido de Cataluña", recordó el líder socialista.

Iceta reconoció que, tras esos tres portazos, las "expectativas" de los propios socialistas "se han rebajado un poco". Ahora bien, alegó, se conforman con que la reunión sea la primera de muchas —reproduciendo así el planteamiento con el que el Gobierno encaró la primera reunión entre el presidente Pedro Sánchez y el president Quim Torra—, y con poder conseguir que las tres formaciones que ahora no se han sentido interpeladas acaben sumándose a un espacio que Iceta pretende consolidar como foro de discusión complementario al Parlament. 

El PSC como alternativa

Con la cumbre, prevista este viernes a las 16.00 horas de la tarde en el Palau de la Generalitat, reducida a un encuentro entre Junts per Catalunya (ERC), Catalunya En Comú Podem (CECP) y el PSC, este último queda como único representante de lo que los independentistas llaman "el bloque del 155".

Así, ante la parálisis en la que están instalados el ejecutivo catalán y el Parlament, el PSC trata de erigirse en motor para reactivar la actividad política. Y, ante la actitud mucho más beligerante de PP y Cs, intenta significarse como la oposición constructiva. Es decir, trabaja para ser visto como alternativa de gobierno. 

Para ello, los socialistas se presentarán a la reunión con un documento de 48 páginas cuyo largo título es un resumen en toda regla: "Diálogo para fortalecer la convivencia y recuperar consensos para avanzar en el autogobierno, el progreso económico y el impulso a las políticas sociales". El PSC ya ha hecho llegar a los demás convocados el texto, que incluye una batería de propuestas como si se tratara casi de un plan de gobierno paralelo al que el propio Torra presentó en septiembre.

Manual del negociador

La receta de los socialistas es la de cualquier manual del negociador: asumir que hay puntos que mejor posponer, porque no iban a suscitar acuerdo alguno, y mientras tanto engrasar las conversaciones a base de centrarse de entrada en trabajar un "abanico amplio" de cuestiones concretas en las que sí sea posible llegar a puntos de entendimiento, para "evitar la tentación de encallarnos en una y no avanzar en otras". 

Iceta asume, en ese sentido, que, discutiendo sobre un eventual referéndum, no hay opción de entenderse, pero sí si de lo que se habla es "de la recuperación de la paga de los funcionarios".

Contra las "pantallas pasadas"

Más allá de eso, el líder de los socialistas catalanes abogó por "el pragmatismo, el respeto a las instituciones y la legalidad, el diálogo y el aprovechar el cambio político en España", fórmula que contrapuso al "irredentismo unilateral e ilegal" en el que sigue insistiendo Torra, aunque sea solo a efectos retóricos.

En ese sentido, reprochó al president que se refiera a la reforma estatutaria que propone Sánchez como una "pantalla pasada", una expresión que consideró "escasamente respetuosa con el proceso democrático y político y con la confianza ciudadana, y además, hay pantallas que son pasadas y luego resucitan, como el referéndum, que era una pantalla pasada y ahora ha vuelto", ironizó. "La política no es un videojuego"

La creación de la mesa de partidos la aprobó el Parlament a principios de julio a instancias del PSC y con el apoyo de JpC, ERC y CECP, que ha pedido que, además de partidos, también puedan incorporarse entidades de la sociedad civil, pero Iceta se mostró reacio con los argumentos de que complicaría la operatividad del espacio de debate y porque las reformas legales, si se diera el caso, le correspondería hacerlas al Parlament".

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