Quim Torra y Elsa Artadi, antes de una reunión del consejo ejecutivo, en la Generalitat. EFE/Andreu Dalmau

La Generalitat corrige el tiro a Torra y rebaja el tono con Sánchez

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Artadi sigue la línea de ERC y Pdecat y enmienda al president en su apelación a la vía eslovena y sus reproches a los Mossos

Iván Vila

Economía Digital

Quim Torra y Elsa Artadi, antes de una reunión del consejo ejecutivo, en la Generalitat. EFE/Andreu Dalmau

Barcelona, 11 de diciembre de 2018 (20:30 CET)

El gobierno de la Generalitat ha optado por enmendar la plana al mismísimo presidente Quim Torra. Si el lunes, Pdecat y ERC ya se desmarcaron de sus apelaciones a la vía eslovena a la independencia y el conseller de Interior, Miquel Buch, se reunió con los mandos de los Mossos d’Esquadra para tranquilizarlos y negarles que vaya a haber una purga, como dio a entender Torra el viernes, este martes ha sido la portavoz del ejecutivo catalán, Elsa Artadi, quien ha acabado de corregirle el tiro al president.

Artadi hizo los equilibrios que pudo para camuflar lo que en realidad es una desautorización en toda regla. Así, por lo que respecta a la vía eslovena, la también consellera de Presidencia se aferró a la “determinación clara” expresada por el president en favor de “la democracia, el pacifismo y el civismo”, e insistió en que en eso el consenso es “absoluto” en el seno del govern.

Artadi y la vía catalana

Esa línea argumentativa es intercambiable con la esgrimida el lunes por el Pdecat y ERC. Y, como las dos formaciones, Artadi insistió en que la vía es la catalana. “Cada nación hace su propio proceso [independentista] y es único e  incomparable”, alegó la portavoz, que, para evitar que eso se leyera como una enmienda a Torra, añadió que de lo que se trata es de seguir “nuestra vía, aunque con elementos que pueden ser inspiradores de diferentes naciones que han hecho un proceso similar”. Elementos entre los cuales no están, claro, ni la violencia ni los muertos que costó la independencia de Eslovenia.

Si los equilibrios de la consellera fueron llamativos en este punto, más en la crisis desencadenada en el seno del ejecutivo catalán a raíz de la reacción en caliente de Torra a las cargas de los Mossos el jueves pasado en Girona y Terrassa.

Así, Artadi negó que Torra diera a Buch el viernes cuatro días para hacer cambios en los Mossos, que finalmente no se han producido. La portavoz se atrincheró en que “no hay ninguna declaración pública de ultimátum” por parte de Torra. Pero el propio Buch admitió en TV3 el viernes la existencia de ese plazo, lo que generó tensiones entre Presidencia y el departamento de Interior. Torra y Buch se vieron el domingo, pero no trascendió el contenido de la reunión, y el lunes, el conseller se encargó de calmar los ánimos entre los mandos policiales, ante los que se disculpó por la salida de tono en caliente del presidente.

Momentum desaprovechado

Las enmiendas surgidas desde el propio ejecutivo para apagar los incendios provocados por la locuacidad y la inflamación retórica de Torra contienen un mensaje de fondo que va más allá del episodio concreto. El president ha repetido en varias ocasiones que el independentismo tiene que esperar un nuevo momentum, un nuevo impulso como el que supuso en su momento el 1-O, para dar el arreón final que permita culminar el proceso de secesión.

Esa nueva ventana de oportunidad podría propiciarla el juicio del procés o bien un triunfo electoral del soberanismo, por poner dos ejemplos del propio Torra. Pero también cualquier subida de tensión independentista. Sucede que ahora, en la fase final de ese otoño caliente que recetó y pronosticó el propio president y que a la hora de la verdad solo lo ha sido de forma episódica, con un nuevo calentón en la calle –y las autopistas- y con la expectativa de que el incendio queme el consejo de ministros previsto el 21 de diciembre  en Barcelona, la Generalitat, lejos de aprovechar la ocasión, ha optado finalmente por poner paños calientes.

Pisando el freno con el 21-D

De hecho, y más allá de las salidas de tono de Torra, Artadi trató de rebajar la inflamación del choque con el Gobierno, que, tras los resultados andaluces, parece haber optado por sacar el deshielo de la nevera en el que ya estaba guardado y meterlo en el congelador.

Así, si la semana pasada, la portavoz calentaba la reunión del ejecutivo de Pedro Sánchez el 21-D en Barcelona diciendo que tenía tintes de provocación, este martes modulaba el tono a la baja, insistiendo en que el govern tiene la obligación de “garantizar los derechos de todos”, lo que incluye el de los que quieren manifestarse y también el de los ministros a reunirse, y matizando sus palabras de siete días atrás. “Dije que sectores de la población lo consideran una provocación, no que fuera la opinión del gobierno”, remarcó esta vez.

Y es verdad que eso lo dijo, pero también añadió una consideración propia: que reunir al Gobierno en la capital catalana sin celebrar también una cumbre con el conjunto del ejecutivo de Torra, como pretendía este, tiene “un punto de provocación”. Ahora, sin embargo, dice que no le corresponde valorar la oportunidad de que el Consejo de Ministros del 21 sea en Barcelona. Es el Gobierno, alegó, quien decide dónde y cuándo se reúne, y los temas que despacha. La portavoz no se limitó a enmendar al president. Se enmendó incluso a sí misma.

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