La huida de Mas: pacto con Junqueras y referéndum en 2014

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NUEVA LEGISLATURA

Artur Mas, en el Parlament./EFE/Toni Albir

18 de diciembre de 2012 (22:21 CET)

A Artur Mas se le presentaban dos opciones. O su renuncia como candidato a la presidencia de la Generalitat, después de que CiU perdiera 12 diputados en las elecciones del 25N, o una huida hacia adelante que comportara un acuerdo con Esquerra Republicana y el compromiso de convocar un referéndum de autodeterminación en 2014.

Y ha optado por la segunda posibilidad.

Podía haber tenido otras opciones, pero no eran realistas por la coyuntura política imperante, que él mismo ha contribuido a crear: el PSC está en un proceso de reconstrucción interna, con un diagnóstico grave, y con recetas de futuro inciertas. Así que no ha podido jugar en igualdad de condiciones, roto por la dinámica de polarización sobre la consulta independentista, y con el asunto del caso del Ayuntamiento de Sabadell, sobre una presunta trama de corrupción, que ha implicado a dos pesos pesados socialistas como Manuel Bustos y Daniel Fernández.

Esa idea, acariciada por los círculos empresariales y las patronales, el de una posible colaboración entre CiU y el PSC, se truncó de inmediato. Los socialistas podrían jugar un papel importante en las negociaciones de los presupuestos de 2013, pero ahora han quedado en un segundo plano. Y un acuerdo con el PP, en estos momentos, era impensable.

Ahogo financiero

Mas, por tanto, ha decidido correr el riesgo. Adelantó las elecciones porque entendía que el ahogo financiero del Gobierno central no le dejaba otra salida. E interpretó a su modo la manifestación independentista, sí, pero también repleta de ciudadanos molestos con la distribución del peso de la crisis económica, de la Diada del 11 de septiembre.

El acuerdo con Oriol Junqueras, que ha defendido en todo momento que no le podía mover otra cosa que la concreción de un calendario sobre la consulta soberanista, lleva a Mas a una carrera que puede acabar contra un muro y que deje la legislatura, de nuevo, truncada en menos de dos años.

Claro que lo que se fija en un documento siempre es interpretable. Y los negociadores de Esquerra lo saben. Tanto el propio Junqueras, como la secretaria general de ERC, Marta Rovira, los principales artífices del acuerdo, son conscientes también del riesgo que asumen. Pero para ERC es un riesgo que vale la pena. Los republicanos han conseguido que CiU, por primera vez en su historia, reclame un referéndum y se muestre dispuesta a convocarlo, sabiendo que no le ampara la ley vigente. Y que cambiar esa ley, la propia Constitución, es una quimera.

Declaración de soberanía

El pacto establece que se formulará una “declaración de soberanía del pueblo de Catalunya” en el primer pleno ordinario de esta legislatura. Es decir, en enero de 2013. Se fija también aprobar una ley de consultas e impulsar la tramitación parlamentaria para ello “como máximo a finales de enero de 2013”. Posteriormente, se abrirá un proceso de negociación y de diálogo con el Gobierno central para el “ejercicio del derecho a decidir que incluya la opción de convocar un referéndum”. Y, de forma paralela, se creará un “Consejo Catalán para la Transición Nacional”.

Finalmente, CiU y ERC se comprometen a agotar todo el proceso previo al referéndum antes del 31 de diciembre de 2013. Y, a lo largo de 2014, “convocar la consulta de acuerdo al marco legal que la ampare, dentro del plazo del año siguiente, con la excepción –aquí llega el secreto-- que el contexto socioeconómico y político requirieran una prórroga”. Pero, “en todo caso, la fecha será pactada por lo menos por las dos partes firmantes”.

Invocar al contexto socioeconómico

Mas siempre podrá invocar ese “contexto socioeconómico y político”. Esquerra lo acepta porque, en ese caso último, que podría provocar unas nuevas elecciones anticipadas, tiene todas las de ganar.

Ese redactado ha podido satisfacer las peticiones de Josep Antoni Duran Lleida, que no quería, en ningún caso, fijar una fecha. El líder de Unió, y la mayoría de sus dirigentes, han tratado en las negociaciones de concretar las cosas, con una gran reticencia a un acuerdo con Esquerra. Molesto también con la carga impositiva que supondrá el acuerdo. Pero, como indican fuentes conocedoras de la forma de actuar de los democristianos, “Unió no puede ir en contra del poder, puede modularlo, pero no cambiar su dirección”.

Y eso es lo que ha pasado. Mas se debe a su propia causa. La que abrió con la convocatoria de las elecciones. Y se debe a sus más estrechos colaboradores, que han buscado ese acuerdo con Esquerra, como Francesc Homs, un hombre que en reiteradas ocasiones ha asegurado que en la política sólo le mueve que algún día Catalunya sea un estado independiente. Y también Oriol Pujol ha jugado un papel determinante. Quieren realizar un salto cualitativo en la historia del catalanismo. Los más veteranos, de Convergència y de Unió, no lo acaban de ver. Es más, no lo ven.

Pero Mas se ha lanzado. Le espera un enorme muro.
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