Los negociadores del PSOE y ERC, antes de una reunión. EFE/Javier Lizón

La negociación entre PSOE y ERC culminará con protestas sociales

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Entidades de la sociedad civil abren conversaciones para articular una reacción a las negociaciones de PSOE y ERC, acaben como acaben

Barcelona, 09 de diciembre de 2019 (04:55 CET)

La negociación entre PSOE y ERC culminará con protestas, tanto si acaba en pacto para la investidura de Pedro Sánchez como si acaba en fracaso.

Entidades de la sociedad civil han abierto conversaciones a lo largo de las últimas semanas para analizar la situación política y han llegado a la conclusión de que es necesario organizarse para alzar la voz, bien sea para denunciar los peligros que entraña un pacto con independentistas, bien sea para exigir al PSOE un viraje hacia PP y Ciudadanos si fracasa su alianza con Esquerra.

Por las pistas ofrecidas por los negociadores de PSOE y ERC, el desenlace presumible es el de un acuerdo. Pero lo cierto es que las negociaciones se están desarrollando con las luces apagadas. Ambas partes se han conjurado para evitar filtraciones y los interrogantes se multiplican al mismo tiempo que los recelos.

Lo único que dejan entrever los dirigentes de uno y otro partido es que se está encarrilando un acuerdo para la investidura, sin especificar sus extremos. Ni los que afectan a la cuestión de la soberanía nacional, ni al mercado laboral, ni al sistema fiscal ni a la agenda social. Lo único desvelado es que las partes han constatado la existencia de "un conflicto político" en Cataluña, pero no han aclarado qué implica esa categoría además de una mesa entre gobiernos: ¿la figura de un mediador acaso? ¿la revisión de algún capítulo de la Constitución?

El PSOE y las primeras alarmas

Tanto secretismo ha disparado las alarmas de las organizaciones económicas. La primera en reclamar al PSOE otras alianzas fue la CEOE, presidida por Antonio Garamendi, que pidió "sentido de Estado" y "explorar" opciones de gobierno en aras de la estabilidad política y la moderación.

Pero su mensaje cayó en saco roto. En un sentido parecido se expresó esta semana el Círculo de Empresarios, liderado por John de Zulueta, que también rogó al PSOE que tuviera en cuenta a los partidos "mayoritariamente votados por los ciudadanos en las últimas elecciones para sacar a España del bloqueo político en que se encuentra". Dicho a las claras, un pacto entre PSOE y PP.

Los mensajes de este estilo también han salido de la boca del presidente de la Cámara de España, José Luis Bonet, quien subrayó hace poco lo que necesita el país ahora es "un gobierno centrado y que acometa las reformas necesarias para fortalecer la economía, promover un entorno favorable para la actividad empresarial y la creación de empleo".

Todo ello no es más que el preludio de lo que vendrá. Por eso, Sánchez intenta contener a las organizaciones empresariales. ¿Cómo? Poniendo en circulación a la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño, llamada a ser vicepresidenta económica. Calviño ha multiplicado en las últimas fechas sus reuniones con las patronales, a quienes ha prometido una política económica acorde a las metas fiscales pactadas con Bruselas para que no pongan el grito en el cielo.

Del frente económico al frente social

El problema es que las organizaciones económicas no son las únicas que ven con enormes recelos las alianzas que trabaja el PSOE, sino también las entidades sociales. Si bien es cierto que Sánchez no tiene de qué preocuparse con los sindicatos, cuyos líderes incluso han acudido a la prisión de Lledoners para facilitar el pacto con la ERC de Oriol Junqueras, hay otras como Foro España, comandado por Salvador Sánchez-Terán y Mariano Gomá, que están a la espera del desenlace para desatarse.

Este martes, día 10, está convocada la tercera reunión de PSOE y ERC para explorar la investidura. De esta cita se podría deducir definitivamente un acuerdo de investidura que, según Sánchez, será transparente y con pleno respeto a la Constitución.

La promesa del líder del PSOE, sin embargo, está bajo la sospecha de estas entidades, que no acaban de creerse el viraje constitucional de ERC ni la inexistencia de acuerdos bajo cuerda. De ahí que se preparen para salir a las calles.

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