Mas busca cómo impedir la desaparición de Convergència

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TRAS EL CASO PUJOL

Artur Mas, Jordi Pujol y Josep Rull el pasado marzo | EFE

06 de septiembre de 2014 (00:19 CET)

Muy tocados. Los cuadros y militantes de Convergència intentan superar, poco a poco, la sensación de hundimiento, tras el choque frontal que ha significado el caso Pujol.

Convergència Democràtica nunca ha sido un partido político al uso. Jordi Pujol tuvo la gran habilidad de forjar un instrumento político que se adaptaba como un guante a las necesidades de esas clases medias catalanistas, con raíces católicas profundas, pero también con sensibilidades sociales. Como sigue recordando un viejo referente del socialismo catalán, Pujol supo captar, antes que la izquierda, que en Cataluña había “más propietarios de mercerías que cantautores”. Y por eso obtuvo la victoria en 1980.

Un consejo nacional, a la espera de un congreso en 2015

Ahora ese instrumento ha perdido, en gran medida, el sentido de su existencia. El gran referente ya no está. Es más, es necesario distanciarse lo máximo posible. El President Artur Mas lo sabe. En su conferencia en la Cambra de Comerç de este jueves afirmó que el caso Pujol no le afectará políticamente, ni a él ni al Govern.

Pero esa determinación debe plasmarse ahora en la transformación de CDC, y Mas y diferentes dirigentes consultados saben que el partido, como se ha entendido hasta ahora, “puede desaparecer”.

Convergència reúne este sábado a su consejo nacional. Aunque distintas voces han pedido –entre ellas el conseller Felip Puig o el diputado en el Congreso, Carles Campuzano—que se convocara un congreso extraordinario—Mas ha optado por una vía intermedia, aunque el congreso que toca –de aquí a un año— se podría adelantar a enero o febrero de 2015.

Rull, el responsable de regenerar el partido

La militancia de Convergència ratificará a una nueva dirección, con Josep Rull como coordinador general. Le acompañarán un equipo de dirigentes que, como apunta uno de ellos que no está la primera línea directa, deberá compaginarse con la ejecutiva y unificar criterios y discurso.

Rull coordinará, en todo caso –el partido sigue sin tener un secretario general oficial— a otros responsables como Francesc Homs; Jordi Turull, y Lluis Corominas. También se integrán en ese sanedrín Xavier Trias y Meritxell Borràs. Y la portavoz del partido será Mercè Conesa, alcaldesa de Sant Cugat. Todos estos nombramientos los decidió Mas el 25 de julio. El problema es que ese mismo día Jordi Pujol difundía su comunicado admitiendo que tenía una cuenta sin declarar en Andorra desde hace 34 años.

Pero uno de los problemas, al margen de la sombra de Pujol, es, precisamente, esa designación de Mas. Este sábado el consejo nacional de CDC los ratificará, y, aunque se prevé un cierto debate, la militancia no habrá podido escoger a sus nuevos dirigentes de forma directa.

Carles Campuzano advirtió, hace unos meses, y lo sigue pensando, que Convergència no puede quedar al margen de la realidad, y que las elecciones primarias se deben implantar a muy corto plazo en el partido.

¿Cómo instalarse en la centralidad?

El debate, en todo caso, se perfila respecto al propio espacio de Convergència. ¿Qué quiere ser? Y aquí las posiciones se han presentado como distintas, aunque han comenzado a confluir. Desde Josep Rull, a Carles Campuzano, o Mercè Conesa, -- a priori defensores de recuperar el distintivo socialdemócrata—a Felip Puig, el propio Mas, Antoni Fernández Teixidó o Marc Guerrero la distancia no es insalvable.

“Convergència no debe renunciar a un espacio central en la política catalana, que aglutina a personas diversas, con matices, que comparten una forma de entender el país y de afrontar los problemas”, asegura Joaquim Forn, primer teniente de alcalde de Barcelona, un dirigente que forma parte de una generación que ya gobierna el partido desde hace unos años, junto con Homs o Gordó.

Visto desde otro ángulo, Carles Campuzano defiende que la centralidad en Cataluña se sitúa en el centro-izquierda, dando cabida a posiciones más clásicas de la socialdemocracia y del liberalismo social, y que CDC puede continuar en ese espacio, a la espera de cómo se aborda la relación con Unió y cómo se abraza el proyecto soberanista.

Las explicaciones de Pujol al partido

El otro problema afecta a la vida interna del partido. “Se debía haber reaccionado mucho antes, porque se detectaban mecanismos dañinos, que no funcionaban”, asegura otro dirigente. Y Rull, en todo caso, había advertido a Mas de ello desde hace, por lo menos, dos años. Pero Mas, siempre poco proclive a dedicarse a las interioridades de CDC, había dejado pasar las cosas.

Una cuestión que prácticamente no se ha debatido, salvo algunas voces aisladas, es el rendimiento de cuentas de Jordi Pujol frente a su propio partido. “No se dice, pero debería ser el primer lugar donde se explicara, porque es su partido, el que fundó, y debería asistir a un consejo nacional, para decir lo que considere que debe decir”, se asegura.

Sin embargo, otros dirigentes salvan la situación con celeridad. “¿Y qué le diríamos?, porque el malestar y el cabreo es enorme, es casi mejor que no venga”. Tampoco se quiere calificar la actitud de Oriol Pujol Ferrusola, que, sólo en el mes de julio, decidió abandonar de forma definitiva su situación de secretario general en la reserva, tras formar parte de todas las direcciones, tomando decisiones, a pesar de su complicada situación judicial en el caso ITV. La irritación con él es también enorme.

Los alcaldes, el motor de la nueva CDC

El movimiento de regeneración viene dado por los alcaldes. Convergència, a diferencia de otros partidos, en particular el PSC –que lo hizo, pero con poca convicción—renovó a sus dirigentes locales. Y esos alcaldes piden reacciones de inmediato, conscientes de que pueden ser borrados del mapa, pero también de que tienen una oportunidad: “somos vistos como dirigentes con más poso, con más preparación que los militantes y cuadros de otros partidos”, asegura un dirigente de CDC.

Con ello se refiere a que, fuera de Barcelona, “en el territorio”, el contraste entre los alcaldes o alcaldables de CiU y los de ERC “es enorme”.

Alcaldes como Marc Solsona, de Mollerussa; Pere Regull, de Vilafranca; Josep Maria Corominas, de Olot; Ferran Bel, de Tortosa; Albert Piñeira, de Puigcerdà, o alcaldables como Marc Barbens, de Solsona, por citar ejemplos en toda la geografía catalana, son los que empujan, según apuntan diferentes dirigentes de CDC, la renovación del partido y los que pueden impedir el desastre.

No a sacar las urnas a la calle

Y, claro, en este momento aparece la cuestión de la consulta. La madurez aquí de muchos dirigentes es mayor de la que se expresa, posteriormente, por los portavoces habituales. La convicción es que la consulta del 9 de noviembre “no se podrá realizar”, y que, a diferencia de lo que pida ERC, Convergència no puede sacar urnas a la calle porque no sería una consulta seria que pudiera ser homologada y respetada.

Y la idea es seguir adelante, seguir gobernando, renovar y reforzar el partido, y, más allá de las europeas de mayo de 2015, pensar en unas elecciones autonómicas.

Sólo así, se asegura, “se podrá tener la esperanza de que CDC seguirá existiendo”.
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