Navarro mantiene el pulso con el sector crítico del PSC

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CRISIS SOCIALISTA

El primer secretario del PSC, Pere Navarro. /EFE/Sergio Barrenechea

29 de enero de 2013 (01:26 CET)

Un partido político defiende una determinada opción ideológica, pero los partidos que se basan en listas cerradas, en un régimen parlamentario como el español o el catalán, son, principalmente, organizaciones que defienden su propia viabilidad. Y el PSC está en esa situación. ¿Existen diferencias internas sobre qué hacer respecto al camino soberanista de CiU y sobre la percepción de lo que pide la sociedad catalana en el eje nacional? Sí, es evidente. Pero también, y, principalmente, existe una diferencia sobre la concepción de la política y de los instrumentos para hacer política. El aparato del PSC es aparato. Defiende una posición política, pero también que se respete sus principios internos como organización.

Y con esas premisas, la dirección del PSC vivió este lunes un episodio mayúsculo de división, con golpes de puño sobre la mesa, con la sensación generalizada, entre los propios dirigentes y el sector crítico, de que será muy complicado evitar una ruptura del partido.
 
El pulso del primer secretario, Pere Navarro, con el sector crítico se ha intensificado. Por ahora se ha buscado una pequeña salida, y la palabra que más se escuchó en la ejecutiva del partido fue la de “síntesis”, según el portavoz del PSC, Jaume Collboni. Pero, en realidad, la “síntesis” es el objetivo de sólo algunos dirigentes socialistas, entre ellos el propio Collboni, que vive la crisis interna del partido con algunas contradicciones.

La articulación de las minorías

Los cinco diputados que no votaron en contra de la resolución soberanista de CiU y ERC, como pedía la dirección, pagarán 400 euros de multa, como señala el reglamento interno. Eso se daba por descontado. Pero el sector crítico, en el que están esos cinco dirigentes, Joan Ignasi Elena, Núria Ventura, Rocío Martínez, Marina Geli y Àngel Ros no ha sido asimilado. Las diferencias se mantienen, y no tanto por la cuestión ideológica, que también, sino por las diferencias en cómo debe funcionar un partido político, en cómo se escucha a las minorías y en cómo se articulan esas diferencias.

Los dirigentes del PSC se dividieron en la ejecutiva de este lunes en tres posiciones. Los partidarios de la síntesis, entre ellos el propio Collboni y otros miembros como Iolanda Pineda; Javier López, Ferran Pedret o Pilar Díaz. Finalmente, todos, con más o menos convencimiento, acabaron avalando esa vía con una salida pragmática a corto plazo: el consejo nacional del próximo sábado fijará un nuevo horizonte, con la convocatoria de cinco convenciones a lo largo del 2013, y con la aprobación de un reglamento sobre primarias abiertas antes del mes de marzo.

Ruptura, la puerta está abierta

Pero el resto de dirigentes, con más o menos matices, se dividieron entre el sector duro y el sector crítico. Entre los duros, entre los defensores de la organización, y de la disciplina, con la tesis ideológica de que no se le puede hacer el juego a CiU, y que hay que seguir un camino propio, destacó por su especial virulencia Joan Canongia, quien dejó claro, con un puñetazo sobre la mesa, que los cinco diputados díscolos se equivocaron.
 
También se pronunciaron en ese sentido el veterano Josep María Sala, Jordi Terrades, Joan Rangel, Jordi Serra o Lidia Santos. La idea de todos ellos fue muy clara, según las fuentes consultadas: la puerta para los díscolos está abierta.

Previamente había hablado Pere Navarro, que comparó las actuales relaciones del PSC con el PSOE a las divisiones que se vivieron con motivo de la Loapa, o el reféndum de la OTAN. Navarro constató que el PSC ha mostrado un camino propio, con el derecho a decidir, que no comparte el PSOE, pero que otra cosa era apoyar la resolución soberanista de CiU y ERC. Esa tesis la compartió por completo Antoni Balmón, quien en sus últimas intervenciones en las ejecutivas del PSC ha dejado claro que él es uno de los dirigentes más partidarios de un acercamiento con CiU, para llegar a pactos en la Diputación de Barcelona o en el Ayuntamiento de Barcelona, pero otra cosa es hacerle el juego a la federación nacionalista.

El papel de Zaragoza

En el otro lado se mantuvieron los diputados que no votaron en contra de la resolución de CiU y ERC. Aunque los más convincentes fueron Elena, Ros y Geli. A ellos se unieron Laia Bonet, Jordi del Rio, y Marc Mur.

El sector crítico no deja de valorar una figura que sigue teniendo un claro ascendente en el PSC. Se trata de José Zaragoza, diputado en el Congreso, y que fue determinante, se asegura, en la elección de Navarro como primer secretario del partido. Zaragoza influye, es cierto, como lo hace también Carme Chacón, pero la actual dirección del PSC entiende que el camino que ha emprendido lo comparte la mayoría del partido. Y persistirá en él.

Por tanto, el pulso se mantiene con mayor intensidad, si cabe. La “síntesis” es complicada esta vez. Los dirigentes del PSC asumen que, al margen de sus propias responsabilidades, la coyuntura política ha empujado a los grandes partidos transversales, como los propios socialistas o CiU, a tomar drásticas decisiones. Y si las toman, en un sentido o en otro, acabarán fracturándose.
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