Navarro se juega el liderazgo del PSC con el proceso a los críticos

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FUTURO SOCIALISTA

Pere Navarro, y Maurici Lucena, en la sede del PSC./EFE/Toni Albir

20 de enero de 2014 (22:36 CET)

Un partido que en el mismo día sufre dos convulsiones, o dos confirmaciones de sanciones a cuatro de sus dirigentes no puede alzar la cabeza con mucho orgullo. Pero la actual situación política en Catalunya está llevando a estas cosas.

Los militantes del PSC vivieron ayer dos decisiones: el Consell de Garanties apartaba de la ejecutiva y del consejo nacional a Fabián Mohedano, por participar en el acto Junts per Europa, y, por participar en un mitin de Esquerra Republicana a favor del derecho a decidir. Y apartaba también de la ejecutiva a los diputados Marina Geli, Joan Ignasi Elena, y Núria Ventura, por votar en contra de lo decidido por el partido en el Parlament, en relación también al derecho a decidir. Cosas de la vida, una coincidencia, porque el proceso a Mohedano hace ya algunas semanas que está en marcha. Pero sintomático.

La dirección del PSC, que encabeza el primer secretario Pere Navarro, se siente legitimada por sus órganos internos. El consejo nacional, el máximo órgano entre congresos, decidió el 17 de noviembre de 2013 virar el rumbo. Y el argumento no es que el partido lo hubiera hecho, en contra de los compromisos adoptados en las elecciones autonómicas de 2012, sino que se trataba de una reacción obligada ante las decisiones “unilaterales” del President Artur Mas, junto a CiU y ERC.

El partido no cambia, es Mas

¿Se aguanta esa interpretación? El PSC, el llamado aparato del partido, insiste en que esa es la línea real de los socialistas: derecho a decidir, sí, una consulta siempre que sea acordada y pactada con el Gobierno central, como ha ocurrido en el Reino Unido respecto a Escocia.

Y, en la práctica, eso quiere decir que el PSC se desmarca ya de cualquier maniobra de CiU y ERC, al entender que sólo quieren llegar a una situación de bloqueo con el Gobierno del PP que les cargue de razones para buscar unas elecciones anticipadas de carácter plebiscitario y, posteriormente, jugar con una declaración unilateral de independencia.

El PSC de comarcas

Navarro se plantó ante eso, siguiendo esa interpretación. Pero existe otro partido, un partido de dirigentes territoriales, formado por alcaldes y concejales de las comarcas catalanas, que viven cada día una gran presión del mundo nacionalista. Ellos, también socialistas, defienden que el terreno de juego del PSC debería ser exclusivamente Catalunya, sin esperar si las decisiones que se toman gustan o no al PSOE.

En ese círculo están los diputados Geli, Elena y Ventura, que no quieren renunciar a sus actas de diputados y buscan cómo forzar una reacción interna que haga recapacitar a Navarro y a su mano derecha a la hora de ejecutar, Antoni Balmón, o a Miquel Iceta, recien nombrado miembro de la comisión ejecutiva del PSOE.

Por ello, estos diputados, que conectan con lo que fue el obiolismo, seguirán presionando, convencidos de que la dirección conducirá el PSC hacia la irrelevancia.

La expulsión se acerca

Pero Navarro no cederá. En juego está su liderazgo. Fuentes del partido aseguran que los tres diputados díscolos “no son conscientes de la gravedad del momento”, y que el Consell de Garanties no tiene mucho margen para impedir sus expulsiones del grupo parlamentario.

El argumento es que el código ético establece que las decisiones políticas se han de basar en la discusión dentro del grupo parlamentario y otros órganos, pero que una vez adoptada una decisión, entonces, ésta debe ser respetada por todo el mundo. Esa Comisión de Garantías la preside el exteniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona Joan Torres y está formada por ocho miembros de cinco federaciones socialistas. Sus deliberaciones, con la posibilidad de que los diputados presenten alegaciones, se puede demorar unas tres o cuatro semanas.

Pero la dirección no ve otra posibilidad que la expulsión, aunque dirigentes cercanos a Navarro traten de impedirlo y de buscar una sanción económica como alternativa.

El PSC no tiene más margen

Ya no hay margen para nadie. El PSC se desangra, porque vive desde hace meses una situación muy incómoda, bajo la presión constante del mundo nacionalista. Por eso la dirección ya no quiere paños calientes. “Que pase lo que tenga que pasar, pero hasta aquí hemos llegado”, asegura una fuente cercana a Pere Navarro.

Las expulsiones, claro, ofrecen una imagen de otros tiempos, y de otras fuerzas políticas, aquellas que hablaban de “centralismo democrático”. Pero la actual dirección del PSC cree que no puede hacer otra cosa.

En caso contrario, sería el propio Navarro el que corre el riesgo de perder el liderazgo, si es que los cargos que han apoyado a los diputados críticos pueden darle la vuelta a la situación.
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